«El mayor predicador en este Estado laico que es Venezuela es su presidente»

Por Venezuela Real - 23 de Febrero, 2007, 11:50, Categoría: Prensa Internacional

MANUEL M. CASCANTE
ABC - España
22 de Febrero de 2007

El jesuita Luis Ugalde (Vergara, España. 1939), rector de la Universidad Católica Andrés Bello, es uno de los más severos críticos al Gobierno de Hugo Chávez, desde dos de las ópticas más recurrentes del «comandante»: el cristianismo y la defensa de las clases populares. Intelectual de prestigio, el padre Ugalde se las ha tenido tiesas con el mandatario; su más reciente choque, al puntualizarle que «decir que Jesús era socialista es tan falso como decir que era aviador». La respuesta de Chávez fue acusar a Ugalde de «cura golpista». Y el sacerdote le replica, en entrevista con ABC: «Aquí, el único golpista confeso es usted».

-¿Cuál es la intención del Gobierno cuando anuncia (en boca de su ministro de Educación, Adán Chávez, hermano del presidente) que «hay que terminar con la educación burguesa»?
-En la intención de fondo, en la lógica del Gobierno, está una educación a la cubana, donde solamente el Estado tiene la atribución de educar. Eso no quiere decir que todos los miembros del Gobierno estén de acuerdo, porque ellos tienen a sus hijos en la educación privada; y muchos, en la educación religiosa. Pues, a poco que analizan, se dan cuenta de que el modelo cubano -aunque se adhieran a él sentimentalmente- no tiene mucho futuro.

-Pero ésa parece la voluntad de Chávez, y ahora tiene todo el poder en sus manos, gracias a la Ley Habilitante...
-La Asamblea (chavista) había formulado una ley de educación bastante razonable, en la que no se discutía el papel del Estado, sino la idea de formar a los maestros para el «adoctrinamiento». Chávez, furioso, la rechazó. Pero la educación no ha mejorado nada en estos ochos años; las escuelas bolivarianas, que en principio eran una buena idea, son un fracaso. Por eso, sacar ahora una ley que obligue a todo el mundo a llevar a sus hijos a una mala escuela oficial, no es atractivo ni para los sectores más pobres. El Gobierno no puede suprimir de un día para otro la educación privada: sería una bomba cuyo costo político se les puede ir de las manos. Y menos, tras las reacciones a las últimas medidas contra la inflación y el desabastecimiento, con las que el Gobierno echó por tierra algunos de sus mayores logros.

-¿Estaría dispuesta la mayoría chavista a aceptar ese modelo educativo?
-El Gobierno tiene otro problema serio en la ideología de sus seguidores. En contraste con experiencias de construcción de alternativas como Cuba, hoy nadie está dispuesto a dar aquí la vida por esa idea. La gente se apunta a la Revolución porque ahí hay mucho dinero. Ésa es la tragedia del Gobierno, asediado por la ineficiencia y la corrupción. Por ello ha afrontado la reforma con la misión «Moral y Luces» (las dos primeras necesidades de Venezuela, según Bolívar), no tanto para las escuelas como para formar entre la clase obrera a militantes en el «socialismo del siglo XXI».

-¿En qué consiste ese «socialismo»?
-Después de ocho años, las cosas se vuelven aburridas y Chávez necesita una bandera nueva. Estamos en una nueva etapa, y se necesitan palabras nuevas, como socialismo o cristianismo. Pero lo que él busca es hacer irreversible el proceso: control político, militar, policial, de los medios de comunicación..., y permitirle a la empresa privada que subsista, siempre que no levante la voz.

-En el pasado, Chávez se declaró no creyente. ¿Por qué, ahora, sus constantes referencias a Jesucristo?
-Él siempre plantea todo en términos de buenos y malos, o estás conmigo o estás con Bush. Usa el cristianismo (y el socialismo) para defender valores humanos, como la solidaridad, la compasión, la justicia..., y legitimarse mediante unas creencias arraigadas en un pueblo católico. El mayor predicador en este Estado laico es su presidente.

-Chávez ha cambiado a Bolívar por Marx...
-Chávez piensa que producir para ganar, y no para servir, es ser un capitalista explotador; cree que la vacuna contra el egoísmo en la producción es el socialismo. Pero, a estas alturas, ya debería saber que todo el mundo trabaja para ganar, y que en cuestión de valores no hay vacuna: a uno lo pueden tener encerrado en un seminario o en la Unión Soviética, pero, cuando abren la jaula, nacen las mafias rusas del «hombre nuevo y generoso».


«La gente se apunta a la revolución porque detrás hay dinero»







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