Miedo

Por Venezuela Real - 23 de Febrero, 2007, 10:07, Categoría: Dimensión Social

Ramón Piñango
El Nacional
22 de Febrero de 2007     

 Miedo es una palabra clave para caracterizar el clima psicológico que predomina en ciertos sectores sociales venezolanos. Miedo de no saber cuál será el próximo anuncio del Gobierno, de no poder anticipar contra quién estarán dirigidas las venideras decisiones o amenazas. El Gobierno amedrenta. La amenaza se ha convertido en una de sus armas políticas más importantes. Estamos sumergidos en una dinámica política que gira en torno al miedo.

El mecanismo más utilizado por el régimen para crear miedo es el lenguaje de quien lo preside. Es un lenguaje altisonante, que a ratos expresa ira y resentimiento social, y a ratos trasluce irrefrenable sed de venganza contra alguien, usualmente una categoría social vagamente definida. Pareciera que amedrentar fuera un arma fundamental de la revolución bolivariana. Pero no sólo se atemoriza a la oposición sino también a los partidarios del régimen, para asegurar que se comporten de determinada manera. Es más, la cabeza del Gobierno ha hecho del miedo un mecanismo fundamental para el control de la más alta burocracia gubernamental.

No es raro que un régimen que concentra todo el poder en una persona intimide con la intención de asegurar ese poder. La historia está llena de ejemplos que muestran cómo el miedo ha constituido un elemento central del pensamiento y la práctica política. Maquiavelo aconsejaba al Príncipe sobre el uso correcto del miedo como arma política.

Robespierre utilizaba el terror para imponer su voluntad durante la Revolución Francesa.

Lo mismo puede decirse de la Rusia de Stalin, la Cuba de Castro y las innumerables dictaduras latinoamericanas. Más recientemente, el miedo producto del fatídico 11 de septiembre sirvió para justificar acciones como la invasión a Irak.

Recordemos lo obvio: para que la intimidación surta efecto es necesario que alguien sienta miedo. Por eso, en política, el miedo siempre presupone una relación entre quien amedrenta y quien se siente amedrentado.

En este hecho yace la debilidad y la perversión de la utilización del miedo como arma política. Debilidad, porque es posible que el blanco de la intimidación no reaccione con miedo sino con rebeldía, cautela o astucia para luchar con efectividad contra quien lo intimida. Perversión, porque, de una u otra manera, quien amedrenta intuye esta posible reacción y tenderá a extremar su intimidación para asegurar sus efectos, con lo cual no logrará otra cosa que generar el repudio y el odio de los ciudadanos. De esta manera, el poderoso queda atrapado en una dialéctica infernal que casi siempre lo conduce a su destrucción.

Maquiavelo recomendaba al Príncipe moderación, porque si abusaba del miedo podía despertar el odio de los súbditos y poner su vida en peligro.

En el caso venezolano, si el Gobierno intimida, con intención o sin ella, esa intimidación es amplificada, a propósito o no, por cierta oposición. En los sectores medios y altos se ha creado todo tipo de temores en relación con los propósitos y planes del Gobierno. Se habla de eliminación de la propiedad privada, intromisión de cubanos en los hogares con la excusa de colocar bombillos ahorradores de energía, expropiación de clínicas privadas, prohibición de la educación privada y hasta anulación de la patria potestad de los hijos.

Recientemente ha circulado el rumor de que, a partir de una fecha cercana, no se permitirá que los menores de edad viajen al exterior. Así, el miedo se ha convertido en un torbellino que tuerce el alma de unos cuantos venezolanos. Inevitablemente, tales rumores hacen que en muchas personas cunda el terror, y que en la conversación cotidiana entre familiares o amigos emerja un diálogo como el siguiente:

–¿Tú ya tienes tu plan B?
–¿Un plan B?

–Sí, irte del país.
–No, ¿por qué?

–¿No te preocupan tus hijos o tus nietos?
–Mis hijos están grandes. Ya veremos qué hacer para defender a los nietos. Yo de aquí no me voy.

Con rumores y comentarios sobre las macabras intenciones del régimen no se logra otra cosa que apuntalar su política intimidante, sea ésta parte de un diseño perverso o resultado no intencional de una torpeza comunicacional. Algunos argumentarán que el miedo puede hacer que la gente reaccione.

Puede que a veces sea así, pero no siempre. El miedo es con frecuencia la fase inicial del valor y hasta del heroísmo; pero, cuando estamos acorralados, también lo es de la cobardía y la fuga. Lo aconsejable es cultivar la serenidad, la cautela y la astucia. No hay mejores antídotos contra la intimidación de los poderosos.






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