José Virtuoso: "Sobre la democracia se ciernen muchos nubarrones"

Por Venezuela Real - 25 de Febrero, 2007, 9:24, Categoría: Política Nacional

 Unas opiniones, muy bien articuladas para promover debate sobre valores, principios y métodos de lucha y participación.

MILAGROS SOCORRO
El Nacional
25 de Febrero de 2007   

Sacerdote jesuita, politólogo y doctor en Historia, Virtuoso es director de la Fundación Centro Gumilla y coordinador del Sector Social de la Compañía de Jesús en Venezuela.
Integrante de la junta Directiva de la Asociación Civil Ojo Electoral, profesor en la UCAB y el Instituto de Teología para Religiosos.
Es articulista de la Revista SIC y ha publicado diversas obras de análisis social y político

Francisco José Virtuoso Arrieta nació en La Pastora en septiembre de 1959. Cuando tenía seis años, la familia se mudó a Catia, donde permanecería hasta los 18 años, cuando se graduó de bachiller e ingresó a la Compañía de Jesús.

Su madre es trujillana y su padre, proveniente de un pequeño pueblo de Sicilia. En ese hogar germinó su vocación religiosa.

-¿Usted habla siciliano?
-Me faltaría mejorarlo, pero me hago entender. Lo aprendí muy temprano, en la casa, porque cuando mi padre se molestaba, hablaba siciliano. Y ya uno sabía que la cosa iba en serio. Por ese camino también hablo un poco de italiano; y, sobre todo, lo leo. Soy un gran amante de la cultura y el carácter italianos. Esa influencia, que caracterizó mi entorno familiar, me define mucho como persona. Creo que esa forma de ser, extrovertida y apasionada, se impuso en mí sobre el temperamento andino de mi madre, que es más recogida.


-¿Tiene pasaporte italiano?
-No. Exclusivamente por flojera.


-Ese talante apasionado que admite en sí mismo, ¿descarta que pueda ser light en algún aspecto?
-Sí. Con esas influencias de carácter también recibí una educación basada en la disciplina y en el ejemplo de esfuerzo y constancia.


Mi padre se levantaba a las cinco de la mañana a trabajar, como carnicero, taxista, mecánico, comerciante. Aprendí, a la vez, el amor a la vida y que había que trabajar para ganársela. Si algo me enseñaron en mi casa fue a ser todo lo contrario a lo light. Me comprometo a fondo con lo que creo y con lo que hago.

Y, de hecho, a veces tengo la impresión de que trabajo demasiado, porque sé que para que las cosas salgan bien es preciso pensarlas cuidadosamente y trabajar mucho en ellas. No creo que las meras ocurrencias, por brillantes que sean, solucionen las cosas. Sólo la disciplina, la constancia y el esfuerzo determinan los buenos resultados.

-¿Ha tenido dudas con respecto a su vocación al sacerdocio?
-Jamás. En lo que sí he tenido dudas es con respecto a los caminos que he tomado para ejercerla.


Me he preguntado si, como Iglesia, estamos haciendo lo que debemos; si estamos dando el testimonio debido; si no tendremos concepciones erradas de Dios y de la teología. Pero las verdades de la fe, lo que se nos ha revelado en el Evangelio, eso nunca lo he puesto en duda.

-Eso debe darle mucho aplomo.
-Eso da mucha paz, porque uno siente que su vida se cimienta en convicciones profundas. Y ayuda a soportar los golpes de la vida.


Fue, precisamente, la fe la que me permitió superar la muerte de mi padre, a quien amaba profundamente. Y, luego, la tragedia que se llevó por delante al barrio de Catuche, en el año 99, una catástrofe que afectó a 1200 familias y a mí me destrozó, incluso físicamente, porque me enfermé.

-¿Cómo experimenta usted la falta de una compañera y de una familia propia?
-El deseo de una compañera y una familia acompaña a un hombre a lo largo de toda su vida. Cuando nosotros hacemos votos de castidad no estamos proclamando que podemos prescindir de la experiencia contraria sino que queremos entregar nuestra vida a Dios y a la gente; y que en esa decisión cedemos todo impulso, todo anhelo personal. Sin embargo, eso no diluye la necesidad. Es difícil. Ser consecuente y vivir desde la autenticidad no es nada fácil. Pero, a la vez, es gratificante. Me cuesta explicarlo... yo no tengo mujer, no tengo hijos, y esa ausencia es perceptible y deja su dolor. Pero me compensa el hecho de que lo que estoy entregando a Dios y a mis semejantes no es cualquier cosa: es una parte muy importante de mi vida.


No podría ser político

-Se dice de usted que es "muy jesuita" e incluso que está a la izquierda de los jesuitas. ¿Qué puede significar eso?
-Yo intento vivir lo que, como congregación, hemos formulado a lo largo de sus 500 años de existencia: somos promotores de la fe y de la justicia. Y, para nosotros, expandir la fe equivale a la promoción de la justicia, que en el Evangelio es un símbolo de lo que Dios quiere para la Humanidad. Y no es retórica sino una realidad.


Para los jesuitas, el amor de Dios debe manifestarse en expresiones concretas. Eso define mi vida, lo que entiendo por ser sacerdote; y es lo que ha orientado mi compromiso con los sectores empobrecidos, mi trabajo en el Centro Gumilla y mi participación en organizaciones como Fe y Alegría, así como mi preocupación por la vida política del país. Todo eso forma parte de mi vocación.

Yo no puedo hablar de Dios sin hacerlo al tiempo de cómo le va a los hombres y mujeres de este mundo. Me imagino que eso es ser muy jesuita.

-¿En algún momento se vio tentado a ser político, digamos, profesional?
-No, gracias a Dios y a la Virgen Santísima. Sería muy mal político, porque éste busca el poder como una herramienta para desarrollar su vocación. Desde luego, sé que el poder en la sociedad es necesario, hablando en abstracto. Y hacen falta quienes ejerzan el poder porque es parte de la vida en sociedad. Pero el poder tiende a corromper, y el poder absoluto corrompe absolutamente. Por otra parte, el ejercicio del poder implica una serie de condiciones de las que carezco: quien tiene el poder busca dominar, imponer su voluntad y conservarlo. Son dinámicas propias del poder. Prefiero estar del lado de quiénes escrutan el poder y le hacen críticas. Ésa es una tarea que nos corresponde a todos los ciudadanos; a la Iglesia, de manera especial. Y uno de los requisitos para cumplirla es no ejercer el poder.


-Como miembro de Ojo Electoral, usted estuvo varias veces en la sede del CNE. ¿Qué vio allí? -El CNE ha ido mejorando sus formas de proceder. Ya en mi primera relación con el CNE vi demasiado miedo a abrir las compuertas para permitir un mayor control social y de las diferentes instancias sobre las fundamentales tareas naturales a la institución. Creo que la polarización y los temores ante lo que el otro pudiera hacer, generaban una situación terriblemente oscura y difícil, que imposibilitaba una apertura a la participación de diferentes grupos. Me parece que en el mismo CNE se ha llegado a la conclusión de que hay muchos sectores de la sociedad venezolana que, teniendo disidencias con la conducción del CNE, quieren contribuir para hacer más activo el proceso electoral. En esta administración del CNE ha habido mucho más apertura que con la gestión anterior. En fin, hemos venido de menos a más, pero todavía falta mucha apertura. Y creo que hay consenso en la idea de que debemos ir a una nueva cedulación y a un nuevo registro; lo que urge hacerse con la mayor transparencia.


Las cartas de Moronta y de Márquez

-¿Qué opina de la carta pastoral escrita recientemente por el obispo del Táchira, monseñor Mario Moronta?
-La carta pastoral de Mario Moronta evidencia un gran esfuerzo de interpretación del sentimiento de una gran parte de los católicos venezolanos, que desean participar en el debate actual desde una perspectiva propia y sin apremios provenientes del temor o de la coacción. Lo fundamental de ese documento es la invitación formulada por Moronta a una participación libre, desde el respeto, desde la escucha del otro. Uno de los grandes problemas que tenemos actualmente en Venezuela es el recelo de intervenir en las discusiones públicas por miedo a la respuesta que se pueda encontrar en el otro. Moronta insta a que se debata sin temer a las represalias o a la respuesta agresiva del otro. El gran valor de esa carta es animar a los católicos a manifestar sus propias convicciones desde la fe, porque la única forma de vencer la exclusión y la intolerancia es manteniendo una voz firme y sin temor.


-¿No cree que esa carta podría ser percibida como una incitación a que la catolicidad se sume al proyecto del presidente Chávez?
-En un ambiente tan complicado, ésa podría ser una lectura.


Pero, si uno lee la carta y entiende no sólo la letra sino el espíritu que la sustenta, llega a la conclusión de que lo que hay allí es una invitación, como he dicho, a participar en el debate de la propuesta que ha hecho el Gobierno y que llama socialismo del siglo XXI; porque la opción de quedarnos callados sería el equivalente a dejar que nos pase por encima.

Hay que exponerse, hay que decir cosas, hay que manifestar lo que nos parece conveniente y lo que no.

-Como directivo de la revista SIC, ¿qué piensa de la negativa del Gobierno de renovar la concesión de RCTV?
-En este caso se están violentando todos los procedimientos del mismo reglamento en el cual se basa la eliminación de la concesión. El problema de fondo es la vulneración del Estado de Derecho, de una incorrecta interpretación de la ley y su aplicación. En segundo lugar, hay un debate pendiente con respecto al modelo de televisión que queremos. Pero, de ninguna manera, podemos instalar ese debate y tomar las medidas correctivas sobre la televisión necesaria violando el Estado de Derecho.


-¿Ya usted colaboró con la colecta convocada por TalCual para recoger el importe de la multa aplicada por violación a la Ley de Protección al Niño y al Adolescente?
-Sí, cómo no. Claro que sí, porque TalCual tiene una línea editorial importante y necesaria en la democracia. La medida tomada contra ese diario es excesiva y atenta contra la sustentabilidad económica de un periódico que mantiene una orientación crítica e, insisto, necesaria, dentro del proceso de discusión que se vive en el país.


-¿Cuál es, a su juicio, la gran tarea que tenemos en este momento?
-En Venezuela tenemos que propulsar la democracia venezolana, sobre la cual se ciernen muchos nubarrones. Es fundamental defender la democracia y sus logros, así como el Estado de Derecho, la división de poderes, la representatividad como algo fundamental en la democracia.


Es preciso defender todo esto, inclusive para que la democracia participativa y popular se pueda llevar adelante.

-¿Usted está preocupado?
-Ah, yo sí. Profundamente preocupado.


 "La carta pastoral de Mario Moronta evidencia un gran esfuerzo de interpretación del sentimiento de una gran parte de los católicos venezolanos, que desean participar en el debate actual desde una perspectiva propia y sin apremios provenientes del temor o de la coacción"

"Reconozco la cosas buenas que ha hecho Chávez, sus denuncias verdaderas, su iniciativa de destinar ingresos a los pobres. Pero preferiría una política social mucho más profunda, que no fuera solamente distribución sino generación de ingresos"








TOME NOTA
de la dirección del
Nuevo Portal Principal

www.venezuelareal.org

Más información ...

Calendario

<<   Febrero 2007  >>
LMMiJVSD
      1 2 3 4
5 6 7 8 9 10 11
12 13 14 15 16 17 18
19 20 21 22 23 24 25
26 27 28     

Archivos

Suscríbete

Escribe tu email:

Delivered by FeedBurner

Sindicación

Alojado en
ZoomBlog