La difusión ideológica moviliza al voluntariado revolucionario

Por Venezuela Real - 25 de Febrero, 2007, 9:33, Categoría: Gente de Chávez

 De lo dicho por el ideólogo William Izarra, lo único cierto es que las ideas marxistas van contra corriente con lo que piensa el pueblo venezolano, en términos de sistema político y económico. Desde estas páginas, le auguramos un gran fracaso, para beneficio de la nación.

ADRIANA RIVERA
El Nacional
25 de Febrero de 2007   

Los Centros de Formación Ideológica creados por el ex vicecanciller William Izarra siguen dictando talleres en todo el país para explicar las bases del socialismo del siglo XXI. Durante las charlas se hace hincapié en que la erradicación de los hábitos consumistas e individualistas conllevarán al surgimiento de un nuevo ser, más acorde con lo que demanda la revolución por parte de los ciudadanos para consolidarse

María Lourdes García no olvida los días en que daba clases de catecismo a los niños de la parroquia Sucre, en Caracas. De alguna forma sigue predicando, pero esta vez los fundamentos del socialismo del siglo XXI. Para ella el nuevo modelo político equivale a solidaridad y amor al prójimo.

A sus 58 años, asiste regularmente a los talleres de formación ideológica que el ex vicecanciller y ex oficial William Izarra imparte dentro y fuera del país desde hace tres años. "Si esto lo hubiese aprendido cuando estaba más joven -suspira García-.

Ahora pertenezco al comité de salud de Barrio Adentro en mi comunidad. Estoy pendiente de si a algún vecino le hace falta una prótesis o una muleta; sé qué es una mesa técnica de agua.

Me siento feliz", continúa.

Izarra llegó media hora más tarde de lo previsto a la instalación del taller sobre el socialismo del siglo XXI el viernes 16 de febrero, en el Teatro Teresa Carreño. La antesala a su llegada sirvió para que el cantautor Edgar González recordara el aniversario de la muerte de Alí Primera con algunas de sus coplas.

Cuando terminó de cantar no aceptó los aplausos, porque esos están reservados para los líderes "y nosotros sólo somos soldados de la revolución".

El difícil tráfico caraqueño fue la excusa que presentó el facilitador a los asistentes. En pocos minutos, la clase comenzó. Apenas tomó el micrófono, Izarra recordó que los revolucionarios son disciplinados y que debían apagar sus celulares, acercar las sillas y escuchar con atención. El platillo protocolar del TTC estaba a la mitad de su capacidad con alrededor de 50 personas.

Más tarde, la concurrencia se duplicó.

Revolucionarios estudiosos

Los Centros de Formación Ideológica, según su creador William Izarra, "son unidades del poder popular, fuera de la estructura del Estado, que se organizan con base en los voluntarios espontáneos que asumen un nivel de conciencia y les entusiasma ser difusores ideológicos". Entre sus principales tareas, expuestas en un volante que dieron en la entrada del taller, están "enseñar, educar, rescatar talentos excluidos, interpretar las líneas madres, estimular la elaboración intelectual, crear de la nada el todo que demanda un cambio de paradigma universal como lo tiene que hacer el proceso revolucionario venezolano".

Izarra calcula que, por lo menos, 65.000 personas han asistido a las 650 charlas que ha dictado por todo el país. "No hemos determinado cuántos han formado equipos. Se deja la semilla y cuando aparecen podemos contar con un grupo que se incorpora a una red; por allí mantenemos contacto. Hay muchos otros en los que prende la idea y difunden la ideología por su cuenta. Como no tenemos la infraestructura para llevar ese censo, todavía no sabemos cuántos CFI hay", asegura.

Los integrantes más organizados forman parte de las mesas de trabajo que presentarán ponencias en un Encuentro Nacional de CFI que se realizará en Maracaibo el 3 de marzo. Los temas de estudio son el socialismo del siglo XXI y el Partido Único Socialista de Venezuela.

Antonio Díaz y Edgar Ibarra trabajan en una presentación que -aseguran- tiene más de 70 páginas y se pasea por la historia del socialismo desde la época de Jesucristo hasta los aportes de Hugo Chávez. Otras 16 personas integran su mesa de trabajo, la mayoría labora en la administración pública. Ibarra llegó a los CFI atraído por la discusión ideológica que ha procurado desde que fue militante del Partido Comunista de Venezuela.

Díaz llegó a través de una conferencia dictada en Barinas, estado en el que reside. Díaz e Ibarra elaboran la propuesta con personas de diferentes regiones del país, y para acortar la distancia abrieron un foro en Internet y una cuenta de correo electrónico.

"Hicimos resúmenes de lecturas de Marx, Lenin, Engels, Marcuse, Heidegger y otros autores.

Todos tenemos conciencia, nadie nos paga ni buscamos o queremos prebendas. La revolución se lleva en la sangre para hacerla posible, no para vivir de ella", advierte Ibarra.

"Un revolucionario convencido convence a los demás, así que pongan sus mentes en blanco para entender con claridad los conceptos", dijo Izarra para comenzar. "¡Será en rojo, rojito!", gritó un hombre al fondo de la sala. A ello siguió una clase con más de 90 láminas de power point.

Los modelos inspiradores del socialismo vernáculo son Jesucristo, Simón Bolívar, Ernesto Che Guevara y Hugo Chávez.

Pero las lecturas sobre modelos implantados el siglo pasado no convencen a Izarra; por ello pidió a los espectadores que se animaran a escribir sobre lo que ocurre en el país porque "quién más para hacer teorías sobre la revolución bolivariana que un venezolano. No esperemos que vengan los extranjeros a describir el proceso".

Proceso en pañales

Las láminas con colores y gráficos fueron entretenidas. La revolución es comparada con un niño que sube unas escaleras: el último peldaño representa el bien común y la emancipación del pueblo de las fuerzas capitalistas que lo oprimen. El niño ya pasó por una etapa de transición, que consistía en la toma del poder para entregarlo al pueblo.

Ahora, en la fase de traslación, el infante verá cómo se consolida un partido socialista único y se transfiere el poder a las comunidades. La línea de tiempo que traza Izarra llega hasta 2021, aunque reconoce que es difícil determinar cuándo comienza o termina un proceso social.

A pesar de que Karl Marx sostenía que la religión es el opio de los pueblos, el nuevo socialismo se sustenta en valores cristianos opuestos al pragmatismo de la vida capitalista. "Ser socialista es amar a la humanidad, encargarse del otro.

Si tienes tu seguridad social cubierta, no te hace feliz acumular cosas", reflexiona Ibarra.

García, por su parte, pone en oración al presidente Chávez para que aparte de su lado a los colaboradores ineficientes. "Sólo creo en Jesús resucitado, no en las imágenes de las estampitas porque esas son formas del materialismo para envolver a las personas", asegura.

Izarra sigue su charla y argumenta que los medios de producción poco a poco pasarían a manos del Estado y que éste tendría la posibilidad de repartir equitativamente los ingresos.

Explica que los consejos comunales tendrían más poder en la toma de decisiones, pero no habla del mecanismo por el cual se evitaría el capitalismo de Estado y se trasladaría esa potestad a las comunidades. La práctica parece dictar la pauta. "Aún no hay conceptos ni ejercicio del poder popular", admite.

El comunismo, última instancia del socialismo descrito por Lenin y Marx en la que el colectivo toma la funciones del Estado, no forma parte del proyecto político vigente. "Este modelo no le quitará los logros a la gente.

En nada tiene que parecerse al comunismo o al castrocomunismo, que no existe, sino que lo creó la oposición y la propaganda imperialista. Tampoco se parece a los modelos cubano, chino o vietnamita. Lo que se está construyendo se relaciona con la manera de ser del venezolano", insiste el instructor.

Díaz e Ibarra no avizoran la posible pérdida de la propiedad privada, la concentración de poder o la supresión de cargos de elección popular. Para ellos se trata sólo de la redistribución de la riqueza. "Lo ideal sería que el Estado sea el propietario de los medios de producción por medio de las nacionalizaciones. Pero el proceso debe ser lento porque es un país capitalista. Que pague más impuestos el que tenga más carros y casas", apunta Díaz.

La carencia de una dirección política coordinada también atenta contra la consolidación de la revolución. En la clase se planteó la necesidad de acabar con los cogollos -reproducidos en los partidos que apoyan el proceso- para que las comunidades tomen el control de las acciones políticas. La conformación del partido único, según Izarra, empezaría con una asamblea de militantes para elegir voceros por cada partido que quiera integrarse. Éste grupo definiría sus objetivos y asumiría el socialismo del siglo XXI como doctrina.

Después de un censo de militantes, en 2008 se llevaría a cabo un plan para la unidad revolucionaria y se celebrarían las elecciones de autoridades regionales y locales.

El PSUV debe ser como un subteniente que, firme y respetuoso, se pone a disposición de su comandante, es decir, de la comunidad.

Con esta metáfora militar, Izarra expuso que el partido debe estar al servicio de las bases y actuar según sus mandatos.

La derecha colada en las filas revolucionarias y el "analfabetismo ideológico" de sectores populares serían los principales obstáculos que encuentra el PSUV. "Los factores adversos controlan todo", dijo una de las asistentes al taller y muchos en el salón asintieron.

Conciencias renovadas

Casi a las siete de la noche Izarra concedió un receso. Después de comer pasapalos, algunos abandonaron la sala. "Los que se aburren no son revolucionarios", comentaban en un pequeño grupo. Izarra firmó libros y folletos y las mujeres se aprestaron para tomarse fotos con el "ideólogo" del proceso.

La conferencia se extendió hasta pasadas las 8 de la noche.

Para algunas personas mayores, las sillas se tornaban incómodas luego de tres horas. Otros murmuraban que la exposición era muy extensa. Pero pronto los acallaron quienes estaban más entusiasmados. "¡No somos borregos!" le replicó un hombre al facilitador cuando le pidió silencio. Con un abucheo, sus compañeros de curso lo mandaron a salir.

Un revolucionario debe tomarse en serio la tarea de difundir la ideología. Sin muchos recursos y sin infraestructura para hacer talleres a mayor escala, Izarra dice que todo dependerá del grado de compromiso de los voluntarios y asistentes con la causa revolucionaria. "Si alguien tiene una laptop, que monte una presentación y empiece a enseñar socialismo en su comunidad", exhorta.

Díaz considera que si algún "compatriota" presta el patio de su casa para reunirse, bastaría para comenzar un grupo de estudio o de lecturas dirigidas.

"Cuando uno va por convicción, puede estar hasta 15 horas viendo clase sin aburrirse", asegura.

Para superar las costumbres que la publicidad y el consumismo crearon, es necesario romper la rutina y dejar hábitos pasionales como las carreras de caballos, la lotería y la cerveza "porque respondemos automáticamente y perdemos la conciencia crítica", advierte Izarra. Sostiene que un nuevo sistema de creencias estaría sustentado en el bien común, la solidaridad y la humildad.

Algunos mostraron sorpresa al caer en cuenta de que los tragos que se tomarían en carnavales, al igual que el béisbol y los programas de televisión son alienantes y en nada contribuyen a la formación del nuevo ciudadano que requiere el país. Su cotidianidad está llena de elementos que los alejan de ese ideal. "El revolucionario, como decía el Che, es el hombre con más altos valores", insiste Ibarra.

Sin embargo, aclara que hay espacios individuales en los que el nuevo sistema no se inmiscuirá. "Aunque el bien común está referido a la búsqueda de la satisfacción de las expectativas del colectivo en los niveles moral, ético y material; habrá parcelas que nunca se podrán negar por la condición filosófica e ideológica del ser humano. Socialismo no es que todos seamos pobres y vivamos en ranchos. Se elevará la calidad de vida y el nivel de felicidad, en la medida que logramos niveles de confort general", señala el facilitador.

El ascetismo parece ser un argumento contrapuesto al comportamiento de un país en el que el consumo de artículos de cuidado personal, por ejemplo, ocupa puestos preponderantes en la estructura de gastos. Erradicar los valores de la cultura capitalista, no obstante, es un reto para Izarra.

La figura de Chávez y la conexión emocional con sus seguidores asegura audiencias para Izarra: "El Presidente es el líder del proceso e indica las líneas generales. Pero hay liderazgos que están surgiendo en las bases, reconocidos por sectores de la comunidad. Mientras se eleve la conciencia y se adquieran conocimientos, crecerá el liderazgo autónomo y autóctono en las distintas regiones del país". No se atreve a asegurar si estas ideas revolucionarias sobrevivirán una vez que Chávez concluya su gobierno.

 "Quién más para hacer teorías sobre la revolución bolivariana que un venezolano. No esperemos que vengan los extranjeros a describir el proceso"
William Izarra











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