La lección de Sebastián Haffner

Por Venezuela Real - 27 de Febrero, 2007, 9:38, Categoría: Cultura e Ideas

Ibsen Martínez
TalCual
26 de Febrero de 2007

1. El viernes 2 de febrero pasado cruzaba yo la avenida Miranda de Caracas, a la salida de la estación del metro "Parque del Este", cuando el estruendo de reactores de combate me hizo detenerme y mirar a lo alto. Eran dos los flamantes Sukhoi Su-30, reconocibles por el doble alerón de cola, distintivo del diseño aeronáutico militar de la era soviética. Los primeros que llegan a Venezuela, sólo dos de una escuadrilla de 24 cuya compra había sido anunciada ya hace tiempo. Lo que me chocó como realmente sorprendente fue la actitud de los viandantes: nadie parecía parar mientes en ellos. ¿Por qué estarían evolucionando sobre mi ciudad dos cazas de fabricación rusa?¿Qué sabía la gente que yo no sabía y que la llevaba a ignorar el fragoroso estruendo de aviones de guerra? Entonces caí en cuenta de que el vuelo de práctica preludiaba el desfile militar anunciado para dos días más tarde.

2. Con el desfile militar del pasado domingo 4 de febrero, Chávez conmemoró su fallida intentona de hace 15 años. Apenas una semana antes la Asamblea Nacional había abdicado en el Máximo Líder la función legisladora —" sólo durante 18 meses" — al promulgar una "ley habilitante".

Los poderes especiales que Hitler solicitó al Reichstag lo "habilitaban" a gobernar por decreto por cuatro años apenas: se mantuvo 12 en el poder, hasta la hora y punto del pistoletazo de mayo de 1945. El espectáculo del desfile fue bochornoso: pendones con el rostro de nuestro dicaz Kim Il Sung llanero y vallas gigantescas con frases de su vagaroso "ideario".

Los batallones de élite trotaban con sus recién adquiridos fusiles de asalto AK-47 rusos al tiempo que voceaban "Patria, Socialismo o muerte". Los ministros, los magistrados del Tribunal Supremo y del llamado Poder Ciudadano, gritaban al unísono consignas partidarias junto con Chávez.Y mis dos cazas Shukoi 30 revolotearon por sobre la ciudad.

El público asistente a la parada no sabía que asistía a la creación del brazo armado de los designios del Jefe.

3. En el bando opositor, el sentimiento moral prevaleciente estos días es la aquiescencia. Por eso, quizá, mientras miraba a ratos por televisión el indignante desfile, pensé en Sebastián Haffner.

Sebastián Haffner (1907-1999) fue un berlinés que en 1938 se exiló en Inglaterra pues se consideraba una víctima aria de los nazis.

Luego de su muerte, entre sus papeles fue hallado un manuscrito inédito que Haffner había terminado en 1939. Publicado por primera vez a más de 60 años de haberlo escrito [ Historia de un alemán, memorias 1914-1939, Editorial Destino, Barcelona, 2001], el libro póstumo de Haffner se convirtió en sólo unos pocos años en texto imprescindible para comprender uno de los misterios de la conducta colectiva humana: la paulatina aquiescencia con que una sociedad abierta se aviene a vivir en una dictadura.

Haffner, desde luego, no ha sido el único escritor europeo del siglo XX a quien ha llamado la atención la operación intelectual y la contorsión moral que permiten a un individuo imbuirse de una especie de estupor político con el que cree poder sobrevivir sin ser visto ni tocado por una dictadura de masas.

"La historia que va a ser relatada a continuación —con estas palabras aborda Haffner el primer capítulo— versa sobre una especie de duelo. Se trata del duelo entre dos contrincantes muy desiguales: un Estado tremendamente poderoso, fuerte y despiadado, y un individuo particular, pequeño, anónimo y desconocido. Este duelo no se desarrolla en el campo de lo que comúnmente se considera la política; el particular no es en modo alguno un político, ni mucho menos un conspirador o un 'enemigo público' . Está en todo momento claramente a la defensiva. No pretende más que salvaguardar aquello que, mal que bien, considera su propia personalidad, su propia vida y su honor personal. Todo ello es atacado sin cesar por el Estado en que vive y con el que lidia nuestro particular, a través de medios brutales, si bien algo torpes." Refiriéndose a los comienzos de 1933, cuando los nazis, ya instalados en el poder y entregados a copar con rapidez pasmosa todas las instituciones del Estado alemán, Haffner anotó: "La situación de los alemanes no nazis durante el verano de 1933 fue ciertamente una de las más difíciles en las que se pueda encontrar un ser humano: un estado de sometimiento total. [... ] Todos los baluartes institucionales habían caído, era imposible ya cualquier tipo de resistencia colectiva y la oposición individual era una especie de suicidio. Los nazis nos tenían completamente en sus manos. [... ] Y, al mismo tiempo, todos los días nos instaban no ya a rendirnos, sino a pasarnos al bando contrario. Bastaba un ligero pacto con el diablo para dejar de pertenecer al bando de los prisioneros y perseguidos y pasar a formar parte del grupo de los vencedores y perseguidores." Quien viva en la Venezuela de hoy día tomaría estas palabras por crónica de actualidad.

Es llegado aquí donde, creo, calza una de sus observaciones más sugestivas y que remiten a la idea del duelo desigual entre el Estado y un individuo particular: "Uno se siente siempre tentado a creer que la historia se desarrolla entre unas docenas de personas que 'rigen el destino de los pueblos' y de cuyas decisiones y actos resultará lo que, más adelante, será denominado 'Historia' .

[... ], pero, aunque pueda sonar paradójico, no deja de ser un simple hecho que las decisiones y los acontecimientos históricos realmente importantes tienen lugar en nosotros, en los seres anónimos, en las entrañas de un individuo cualquiera, y que ante estas decisiones masivas y simultáneas, cuyos responsables a menudo no son conscientes de estar tomándolas, hasta los dictadores, los ministros y los generales más poderosos se encuentran completamente indefensos." Ojalá la todavía hoy enorme masa opositora venezolana no ceda a la aquiescencia tan propia de lo que mi amigo Alvaro Vargas Llosa llamó alguna vez "la contenta barbarie."

 "Todos los baluartes institucionales habían caído, era imposible ya cualquier tipo de resistencia colectiva y la oposición individual era una especie de suicidio"







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