El golpe del 4F sigue en ejecución

Por Venezuela Real - 2 de Marzo, 2007, 13:17, Categoría: Cultura e Ideas

ARGELIA RÍOS
El Universal
04 de Febrero de 2007

La Historia nunca se detiene: en su recorrido incesante ella se nutre de episodios que van formando sus ciclos.

El 4 de febrero de 1992 fue y sigue siendo parte de un trecho, cuyo recorrido aún se encuentra en pleno desarrollo... Los acontecimientos se habían iniciado formalmente en los alrededores de la medianoche del 3F, cuando el fuego de los cañones sobre La Casona y, un poco más tarde, sobre Miraflores, atrajo los relámpagos de una secuencia de hechos anteriores. Aunque aparentemente inconexos, cada uno de ellos anunciaba la ruptura de todos los mitos recreados en torno de la "potente" democracia venezolana...

El llamado "Viernes Negro" de 1983, al igual que el dramático "Caracazo" de 1989, hacen fila entre los eventos que califican como antecedentes de un descalabro ocurrido en cámara lenta... La estabilidad de la nación, el sistema de consensos, la lealtad "comprobada" de la FAN con sus mandos civiles y con los principios democráticos, ya no eran verdades duras para nadie. Las viejas sentencias irrefutables de los políticos -y de la academia, desde donde se las asentía- habían adquirido una consistencia gelatinosa, afectadas por una atmósfera plagada de murmullos militares...

Paradigma latinoamericano de entendimiento, el ensayo civilista de Venezuela tambaleaba con fuerza, sacudido por una conspiración en la que confluyeron viejas afrentas históricas (de la derecha y de la izquierda) y antiguas tentaciones militaristas... Por esos tiempos, el país era un barco bamboleante en medio de una impulsiva tempestad. El debate describía la crisis del sistema y al mismo tiempo la búsqueda afanosa de caminos para contenerla... La reforma del Estado, la descentralización, el surgimiento de las tendencias abstencionistas del electorado, la reestructuración de la economía, el papel de las ONG y de las nuevas formas de organización social... Tales eran los asuntos de la agenda pública que dibujaban la pérdida de la vitalidad de los partidos, los vicios del clientelismo, los cuestionamientos a la profesionalización de la política y a la ausencia de respuestas prontas a la complejidad creciente del drama social.

En medio de aquella batalla monumental, aparecieron, desde mediados de 1991 -y durante meses enteros- los cotilleos incesantes acerca de lo evidente. La ruta por donde se conducía el país se había bifurcado hacia linderos desconocidos. El golpe de Estado estaba llamando a la puerta, ante la mirada deseosa de quienes, en susurro, le atribuían "cualidades terapéuticas". Por decirlo en lenguaje actualizado, el golpe era un "significante vacío", al que sus simpatizantes le identificaban "oportunidades" para construir un "nuevo y mejor orden". No había definiciones sobre "lo nuevo" ni sobre "lo mejor": imperaba un infantil optimismo frente al futuro, lo que en Venezuela ha sido siempre más dañino que la riqueza petrolera.

La atmósfera cortante se expresaba bien en las primeras páginas de los diarios -tan incómodas como las de ahora-, desde donde se describía un país al borde de una ruptura profunda. En Palacio, sin embargo, el presidente Pérez eludía lo que su ego redujo a "chismorreos"... Ni siquiera se permitió atar los cabos para encontrar el origen y los propósitos de "la noche de los tanques", ocurrida en ausencia de su antecesor, Jaime Lusinchi. El imperturbable mandatario se sobreestimaba frente a la agresividad del filoso ambiente de desequilibrios... Los hechos de febrero de 1989 -a 21 días de su ascenso al poder- no detuvieron a Carlos Andrés Pérez. Al contrario, el drama fue para él una prueba más de la necesidad del programa de ajustes...

De hecho, aquella madrugada del 4-F, Pérez regresaba de Davos, adonde asistió para captar inversiones y "dinero fresco"... Un arribo trágico que debió traerle a la memoria algunos cuantos rostros conocidos. La fotografía de "Los Notables". La de los añejos "medinistas". La de la izquierda irredenta. La de la entonces "nueva derecha". Todos probando suerte al lado de los jóvenes oficiales conjurados, cuyo posible éxito daría lugar, lo más seguro, a una sucesión de contragolpes... Y es que, para entonces, al teniente coronel Hugo Chávez Frías -subestimado desde su primera aparición en escena- se le concedía un rol apenas "transitorio". Sus superiores, sin duda, tenían otros planes. Como otros civiles se abrazaban a los suyos: la derecha incipiente con sus aspiraciones de "orden"; los marxistas radicales con la revolución en mente... Y hasta Caldera, quien justificó el traqueteo de las armas para coronar aquella anhelada reelección, que -en el contexto de la secuencia de los episodios del nuevo ciclo histórico- significó una herida letal al corazón del Pacto de Puntofijo... Convergen así en un mismo discurso -"con hambre no hay democracia"- la vida de dos hombres y de dos proyectos. La muerte de Puntofijo, ilustrada con el retrato de Caldera, y el nacimiento del ciclo revolucionario, en donde se reproduce el hambre para mantener a la democracia de paseo. Ese ciclo llevará la fotografía de Chávez hasta que el reloj culmine la vuelta y se dé inicio a otro período... Por lo pronto, el 4F sigue en ejecución.

27F: la condición final

Para los conjurados del Samán de Güere, la insurrección militar sería una realidad, con o sin la presencia de Carlos Andrés Pérez en el poder. Poco importaba quién estuviera al mando de los controles de la República. La decisión de provocar una ruptura era independiente de los resultados electorales de diciembre de 1988. La asonada ocurriría de cualquier modo cuando estuvieran bien cristalizadas las condiciones objetivas y subjetivas que la favorecieran... Los hechos del 27 y 28 de febrero de 1989 consolidaron la certeza de que había llegado el momento de actuar. El esperado cuadro se consolidó seis años después desde el inicio formal de una conspiración que, en realidad, tuvo un origen aun más remoto: la izquierda radical había infiltrado a la FAN, buscando desarrollar un trabajo de filigrana dentro de la institución.

El caso es que aquella catástrofe sangrienta -un terremoto depredador que desgarró los pivotes de la democracia-, dejó al país en el desconsuelo, confundido en su interpretación. Ya no hay dudas de que la pesadilla de esas 48 horas de horror, vino a completar el cuadro de situaciones que el entonces teniente coronel Hugo Chávez Frías -junto a sus compañeros de armas e ideas- esperaron con paciencia, durante largo tiempo, para irrumpir en la escenografía pública nacional... No bastaba para ellos que el clima militar alcanzara su punto. Era obligatorio que el golpe estuviera antecedido de una atmósfera de acompañamiento social. Sólo ese respaldo -aunque fuere simbólico e inactivo- le concedería a la insurrección el matiz propio de las rebeliones populares revolucionarias... No obstante la distancia de los hechos del 27 y 28 de febrero respecto de los del 4F, aquéllos primeros contribuyeron a la formación de un clima proclive a las interpretaciones benevolentes sobre el manotazo militar, ocurrido tres años más tarde. Tal vez por ello nunca se sepa a ciencia cierta cuánto de autonomía y espontaneidad hubo en las protestas que se iniciaron en Guarenas, y cuánto carburo le fue añadido al caos para hacer de él ese fenómeno que fragmentó la historia democrática de Venezuela en un antes y un después. La interrogante quedará allí por siempre, a la espera de una respuesta hilvanada por los episodios próximos. La duda, en todo caso, cabe y se retroalimenta, al tiempo que el golpe del 4F -con Chávez ya empotrado en Miraflores- va adquiriendo las connotaciones que los ahora empoderados persiguieron cuando aguardaban por su "cuadro de condiciones".

No escapa a la vista el hecho de que el 4F es celebrado hoy como una rebelión cívico-militar -"del pueblo en armas"-, con sus insinuaciones épicas. O como una respuesta reivindicativa a la búsqueda social que se expresó en los acontecimientos de 1989...Visto así, febrero de 1989 opera como coartada para desinfectar la hoja de vida del actual stablishment venezolano, para cuyos integrantes el "golpismo" sólo es atribuible a sus enemigos, aunque los decretos del 4F tengan por estos días su momento de mejor vigencia.






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