Roberto Giusti
El Universal
06 de Marzo de 2007
"A diferencia de Dios, Chávez no perdona y así Podemos pasa a ser partido de oposición"
Más allá de la pérdida de prebendas, seguramente desaparecidas de su horizontes hace tiempo, la rebelión de Podemos frente al poder omnímodo del Único, representa un gesto de dignidad nada despreciable en un colectivo donde abunda la mansedumbre y el servilismo.
El derecho de pensar por cabeza propia, de resistirse a las imposiciones de todo tipo, incluso la de autoliquidarse políticamente, reivindicado, en declaración de principio,s por Ismael García y el gobernador Ramón Martínez, echa por tierra la idea del partido único y plantea una ruptura.
Por esta vez las órdenes no fueron acatadas y la desobediencia, convenientemente amplificada por los medios, sella la conversión de Podemo en partido de oposición porque Chávez, a diferencia de Dios, no perdona y eso, tanto García como Martínez, lo saben muy bien. Es decir, cuando hicieron lo que hicieron sabían que el asunto, Ismael dixit, era "indevolvible".
No es asunto que nos ocupe ahora especular sobre el papel a jugar por ese partido de ahora en adelante, tomando en cuenta sus 759 mil votos en las presidenciales del 4 de diciembre (votos que según Chávez son de él) y una considerable cuota de diputados en la Asamblea Nacional.
Tampoco pretendemos analizar cómo recibir en la oposición a quienes son corresponsables de lo ocurrido en el país durante los últimos 8 años, ni mucho menos especular si el otro potencial paria, el PPT, será capaz de ir al destete luego de tanto tiempo pegado a la ubre nutricia. Para no hablar de los camaradas del PCV, quienes no querrán convertirse en el primer partido comunista del mundo que fallezca por suicidio inducido o de José Vicente y su reciclada y pétrea ambiguedad.
Nos interesa sí preguntarnos por la actitud de todos ellos y de la militancia oficialista sobre un tema que abarca a todos los demás, la reelección presidencial indefinida, cuya concreción, de acuerdo con Chávez, "será profundamente democrática".
Y es que hasta los chavistas más fervientes (incluso los presidenciables) parecen estar resintiendo el insaciable apetito de poder por parte del jefe, cuya manifestación más obvia es la intención de gobernar hasta la muerte. Inequívoca señal antidemocrática, a diferencia de anteriores, confusas y rebatibles, que le permitían venderse como intachable gobernante.
Montado sobre 7 millones de votos se siente capaz de desafiar el rechazo de los venezolanos hacia las dictaduras. Y aunque los dictadores sobran en nuestra historia, nunca nadie osó hacer de la autoperpetuación norma constitucional. Otra vez juega fuerte y si aún no se puede decretar rebelión en la granja, está claro que algunas cabras ya se le están saliendo del corral.