Socialismo y candela

Por Venezuela Real - 13 de Marzo, 2007, 12:53, Categoría: Cultura e Ideas

Antonio Cova Maduro
El Universal
07 de Marzo de 2007

¿Quién le pone la definición a un socialismo de ensueño como el que nos quieren vender?

Si hemos de creer al Catequista Mayor de esta extraña revolución, el socialismo no es otra cosa que el "puro amor", hecho finalmente realidad. Ni los místicos españoles del siglo XVI llegaron a avizorar lo que serían los albores del siglo XXI venezolano. Pero, el punto crucial es: ¿cómo hacer realidad en la cocina de cada día tanto amor? O lo que es lo mismo, ¿cómo pasar de las legítimas, e incluso, maravillosas aspiraciones a las cotidianas realidades?

El socialismo fue, quizás, la última expresión del sueño, del anhelo tan humano de un paraíso perdido (como lo llamó el gran poeta Milton), que ha acompañado a la humanidad casi desde que apareció sobre el planeta Tierra, y que luego las religiones semitas (judíos, cristianos y musulmanes) se encargaron de darle forma.

Expulsado Dios de la escena pública desde los estertores del siglo XVIII, se necesitaba de algo que lo reemplazara. El "socialismo" es, así, la "nueva encarnación" del sueño paradisíaco, que iba a ocupar el siglo XIX como Utopía y luego como Distopía la mayor parte del XX. Justo entonces se pasó de los sueños a las realidades¿ ¡y apareció la pesadilla!

Resurrección

Y cuando ya todo el mundo lo consideraba un cadáver, he aquí que un señor repleto de petrodólares, que puede manejar a su antojo, viene a intentar una resurrección. Consciente, empero, del mal cartel que el nombre tiene, lo adjetivó: éste, versionado por él, es "el del siglo XXI". Lástima que las viejas mañas le traicionan y cada momento deja colar de qué socialismo se trata el que tiene en el buche.

Y el término "buche" es muy correcto, porque a la final, como dicen los venezolanos, es en el buche donde tiene que "probarse", no sólo su eficacia, sino su conveniencia misma. Que eso fue una prueba de fuego, de la que salió irremisiblemente "chamuscado", lo prueba el "mar de la felicidad", donde la tarjeta de racionamiento le ha acompañado siempre.

El binomio

Precisamente, para resolver el gran problema del buche, el socialismo debió encarar y decidir de modo inmediato cómo debía resolverse el binomio "igualdad-libertad" que tanto debatió -y al que sucumbió- la Revolución Francesa: ¿su lucha era por la libertad, o más bien por la igualdad? Hannah Arendt opina, incluso, que en su fase inicial se entregó a la libertad, para luego desembocar en una cruzada por la igualdad, y ello tuvo, según ella, consecuencias terribles.

De esas "consecuencias", el socialismo no ha podido librarse todavía y por no hacerlo no logra salir del callejón sin salida en el que está metido. En efecto, si hay que garantizar "igualdad de acceso" a los bienes de este mundo, incluso a los más esenciales, y hay que hacerlo de inmediato, no parece haber otra vía que quitarle a los que tienen más, para entregarlo a quienes tienen menos. Con eso "se emparejarían" todos. Pero¿ hay un pero fuerte.

El proceso de "quitarle a quienes tienen más" siempre resulta un proceso traumático. Y lo peor, "a ciegas". Es decir, nunca se sabrá si, como sucede con la pesca de arrastre, por los cachos te estás llevando más de lo necesario. O si prefieren: te estás llevando lo esencial, como quien poda un rosal sin tener idea de cómo hacerlo. En esas andamos por la Venezuela de estos tiempos, con el peligro adicional de que pudiéramos estar "matando a la gallina de los huevos de oro". No olvidemos que éste no es cualquier socialismo, sino un socialismo petrolero; así mismo, como suena: ¡un socialismo rentístico!

Ese socialismo "nuevo", el rentístico, podría mantener una corta ilusión: la de poderse dar el lujo de no encarar, de inmediato, las consecuencias terribles de una "igualación" forzada y a contramarcha. Pero eso no es posible a mediano plazo, ni lo es para los países-clientes que adoptamos a dos manos (Bolivia, Ecuador, Nicaragua y otros que están en lista de espera) y nada nos vaticina cuáles serían nuestras urgentes necesidades futuras. Vean si no la tragedia de Bolivia, que nadie imaginó.

Hay, además, un último asunto: ¿quién le pone la definición a un socialismo de ensueño como el que nos quieren vender? ¿La gente? Si es ella, siempre se sentirá insatisfecha: nunca habrá lo suficiente, para todos y a toda hora y eso desemboca, inexorable, en el desencanto. Y el desencanto es la paja seca donde cualquier chispazo puede iniciar un incendio.

Entonces se harán realidad las proféticas palabras de Chávez a Francisco Faraco, sobre pegarle candela al país por los cuatro costados¿ sin saber quién saldrá más quemao ¿él y los suyos, o él con nosotros?






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