Chávez y la Argentina

Por Venezuela Real - 15 de Marzo, 2007, 12:50, Categoría: Prensa Internacional

Juan Gabriel Tokatlian
LA NACION - Argentina
15 de marzo de 2007

Las reiteradas visitas del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, a la Argentina y sus actos multitudinarios despiertan más interés en el exterior que entre nosotros. Abundan interpretaciones simplistas, peyorativas y exageradas, propias de una lectura que cree en la conspiración o se sustenta en la ignorancia. Quisiera aportar ciertos elementos para ampliar el abanico de explicaciones sobre la relación del presidente Chávez con la Argentina.


De acuerdo con el Diccionario de la Real Academia Española , simpatía implica la inclinación afectiva entre personas, generalmente espontánea y mutua. La empatía, por su parte, expresa la participación afectiva y, por lo común, emotiva, de un sujeto en una realidad ajena. Pienso que en la Argentina hay más empatía que simpatía con el chavismo. Y la empatía argentina con la Venezuela actual es más el producto de un sentimiento que la aceptación del modelo adoptado por ese país.

Creo que las razones de la empatía de la Argentina con Chávez se remontan al peronismo. Las similitudes entre la revolución peronista y la chavista son varias. Las dos (autoproclamadas) revoluciones han combinado elementos nacionalistas, internacionalistas y militaristas. Han estado, además, atravesadas por un fuerte personalismo; ambas intentaron gestar una nueva hegemonía política incluyendo a sectores tradicionalmente excluidos y subalternos y propiciaron cambios ambiciosos en la economía, en lo social y en el campo externo. Ambas confiaron en que la solidaridad internacional les ofrecería respaldo y reconocimiento. La generosidad de Perón con España encuentra su símil en la preocupación de Chávez por los pobres de Nueva York. Finalmente, ambas avanzaron en sus proyectos de cambio después de triunfar electoralmente -algo muy diferente de otras experiencias revolucionarias en América latina- y en el marco de sistemas democráticos que, a su vez, buscaron reformar por vías constitucionales.

A pesar de todos estos elementos comunes y de que ha sido el carácter populista de estos proyectos el aspecto más criticado, considero que el rasgo más relevante de las experiencias de la Argentina y Venezuela no ha sido el estilo comunicativo o el verbo motivador de Perón o de Chávez, sino las posibilidades materiales de llevar a cabo los respectivos proyectos de transformación.

En efecto, el talón de Aquiles de los populismos latinoamericanos ha sido su ausencia de recursos. Por ello, todos languidecieron con el tiempo. El único que se ha mantenido es el peronismo, devenido en justicialismo y hoy fraccionado en múltiples corrientes, todas menos "revolucionarias" que la versión original. La bonanza de los años 40 y 50 permitió que la Argentina consumiera sus riquezas y se ensimismara, y la bonanza actual del petróleo en Venezuela bien puede tener el mismo resultado.

La longevidad del peronismo y la evocación de aquel pasado opulento se entrecruzan con un sustrato nacional profundo que no ha desaparecido: la aún latente veta antiimperialista presente en distintas capas sociales y grupos políticos. La yuxtaposición de esos fenómenos ha generado un contexto propicio para que diversos sectores miren con interés y expectativa a Chávez y su experiencia "bolivariana".

La crisis de 2001-2002 exacerbó esta curiosidad y condujo a perfilar un contraste entre Estados Unidos y Venezuela que no está presente en los demás países de la región. En buena parte de la sociedad argentina-y en un amplio espectro ideológico- persiste la sensación de que Washington dejó caer al país. Las relaciones carnales se tornaron descarnadas. Durante la presidencia de Duhalde, Washington no salió en ayuda ni movilizó al FMI para rescatar a la Argentina -lo que sí había hecho en otros casos en América latina y en Asia. Con la llegada al gobierno del presidente Kirchner, y en el marco de altos precios internacionales para los hidrocarburos, aparece la "mano tendida" de Caracas, que provee de energía, compra bonos, importa bienes y aporta fondos a la recuperación argentina.

El complejo presente del país se ve dividido, entonces, entre quienes, rememorando el pasado, palpitan con Chávez y quienes fustigan su presencia, pero carecen de una visión de futuro que permita una esperanza razonable. Por eso, lo que sucede con las visitas del presidente venezolano al país no ocurre en ningún otro lugar de América del Sur: mientras algunos buscan preservar un ethos revolucionario con sus alocuciones públicas, otros lo incluyen en sus plataformas electorales como expresión del mal por evitar.

Sin embargo, la empatía descripta no significa emulación. Ni en el Ejecutivo ni entre las principales fuerzas políticas hay deseos de transformar el esquema institucional vigente por una confusa democracia participativa como la que consagra la Constitución de Venezuela. A pesar de la empatía de la Argentina con Chávez, creo que hay poca simpatía por la Revolución Bolivariana.

El autor es profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad de San Andrés.

 





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