SOCIALISMO DEL SIGLO XXI Y REELECCIÓN INDEFINIDA

Por Venezuela Real - 15 de Marzo, 2007, 12:13, Categoría: Cultura e Ideas

Diego Bautista Urbaneja
El Universal
15 de marzo de 2007

El tema del socialismo del siglo XXI ya ha provocado el uso de una buena cantidad de tinta, referida a su posible significado teórico. La polémica por este respecto sufre mucho por la amplitud del significado de la palabra, apenas se la saca de alguna teoría específica que le da un significado preciso, para entrar en el terreno coloquial, de acuerdo al cual, Dinamarca, pongamos por caso, es un país socialista. 

En el marxismo, por ejemplo, que es la teoría social que ha dado mayor precisión al concepto de socialismo, el socialismo de cualquier siglo es la etapa que sigue al capitalismo y que antecede el comunismo. Igualmente, esa etapa está caracterizada por la propiedad estatal de los medios de producción. Ya con esto podemos medir si el socialismo del siglo XXI es socialismo en términos marxistas. Como, según dicen en el oficialismo, el socialismo del siglo XXI no es la etapa preparatoria del comunismo ni en él los medios de producción serían de propiedad estatal, entonces ya por ahí no estaríamos en un sistema socialista, en términos marxistas. Pero entonces no se entiende bien por que Chávez manda a los obispos a leer a Marx y a Lenin, cuando esos monseñores piden luces sobre el socialismo del siglo XXI. Podríamos hacer un recorrido por las teorías sociales que han hecho del socialismo objeto de definición y obtendríamos resultados parecidos a la somera indagación que acabamos de hacer, a partir de la idea marxista de las cosas. 

Podemos entonces pasar al terreno coloquial. De esto se oye mucho. “Bueno, si es socialismo como el sueco o el español, entonces no hay problema”. Aquí se pasa a entender por socialismo algo muy sencillo, un hecho práctico instalado,  que no responde a ninguna teoría social específica. Un sistema donde el Estado, mediante un uso eficiente de los altos impuestos que cobra,  garantiza servicios públicos y seguridad social de alto nivel a toda la población, dentro de un sistema económico básicamente capitalista.

Luego está el terreno vagaroso de afirmaciones tales como que “socialismo es un sistema donde los intereses de la colectividad están por encima de los intereses privados” Una definición como esa  no conduce a ninguna parte, pues casi no hay quien no admita que, cuando choquen, los intereses colectivos deben primar sobre los intereses individuales.

Y así, pasando de un nivel a otro, mandando a leer a Marx y a Lenin al tiempo que se dice que no ese el socialismo del siglo XXI, diciendo otros que si es como el español la cosa podría discutirse, y otros destapando potes de humo como ese de los intereses colectivos sobre la individuales, sin contar las referencias a las tribus venezolanas donde no existe propiedad privada, el socialismo del siglo XXI es un azogue al que no hay debate  que fije o atrape en una definición válida y con contenido.
No hay por qué descartar el interés de los debates que en ese terreno se produzcan. Pero es de sospechar que lo fundamental está en otro plano. El plano de los instrumentos de poder.  

Todo esto del socialismo del siglo XXI, como lema, como consigna, como motivo o pretexto de debate es fundamentalmente un instrumento político de Hugo Chávez  para el acrecentamiento de su poder y para el alargamiento de su posesión de él. Chávez será el que defina lo que es el socialismo del siglo XXI y esa definición será la que tenga que ser, y la que tenga que ir siendo, según convenga a los fines de concentrar poder y eternizarse en el poder. Estos son los dos parámetros por los que habrá de correr toda definición posible. Nada que desconcentre poder ni nada que amenace su permanencia en manos de Chávez podrá caber en esa definición. Cualquier debate, cualquier “aporte”,  habrá de caer al cauce central de esa ambición sin límites al poder total y vitalicio. 
 Además, recuerden – y ahora es Trotsky el que entra en escena – : ese socialismo está en recreación, redefinición, revolución permanente.

La lógica nos conduce a que todo esto tiene  un clímax, un vértice,  el mismo que tiene toda la faramalla de la reforma constitucional: la reelección indefinida. El verdadero objetivo de todo.  Siendo que el verdadero definidor de lo que es e irá siendo el socialismo del siglo XXI es Chávez, es necesario asegurar su permanencia indefinida en el poder, para asegurar que el ejercicio del mismo   nunca deje de obedecer a aquella definición,  puesto que será ejercido indefinidamente  por  su mismo formulador y reformulador eterno.   





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