JAVIER BIARDEAU: "El partido de la revolución será inédito en Venezuela"

Por Venezuela Real - 18 de Marzo, 2007, 15:18, Categoría: Gente de Chávez

HUGO PRIETO
Ultimas Noticias
18 de Marzo de 2007

Javier Biardeau apela a un texto apenas conocido: El Discurso de la Unidad, cuyo prólogo, escrito por el presidente Chávez, lleva por fecha el 30 de diciembre de 2006. Los planteamientos allí expuestos hubieran tenido una resonancia diferente a la lectura de los anuncios que el propio Chávez hizo a comienzos de este año (los cinco motores de la revolución, la Ley Habilitante, la reforma constitucional y la nueva geometría del poder). "Es un tono muy distinto al estilo personalista e impositivo que se leyó de la convocatoria inicial de aquel acto del Comando Miranda". ¿Por qué la unidad? Es una pregunta que "poco aparece en el debate que está planteado alrededor de la creación del Partido Socialista Unido de Venezuela". El debate apenas comienza.

El Partido Comunista de Venezuela hizo una propuesta: crear un frente político, socialista y antiimperialista, al estilo de la Unidad Popular en Chile, con autonomía para las franquicias políticas que apoyan la revolución bolivariana. Idea que fue rechazada, entre otras cosas, porque "la ausencia de una línea compartida y las debilidades de radicalismo de unos y de moderación de otros, le abrieron un campo ventajoso a los adversarios del régimen de Allende". ¿Qué hace falta? "Unidad de mando, una dirección colegiada que acompañe (al presidente Chávez), pero también se necesita una metódica democrática. Hay que combinar las dos cosas; esa es la experiencia inédita en Venezuela".

-¿A propósito de los cinco motores de la revolución, de la reforma constitucional, de la Habilitante y de la nueva geometría del poder, se puede hablar de debate socialista en Venezuela? ¿No se decidió el rumbo en enero?
-Los cinco motores son más táctica que otra cosa y están inscritos en las siete líneas estratégicas que pocos revisan. Pero ese planteamiento lo hizo el presidente Chávez durante la campaña electoral y apunta a una t! ransició n hacia el socialismo. No es el socialismo como meta o como "ya llegamos al paraíso" sino la idea de una transición, en la cual se van a desencadenar una serie de procesos políticos entre Gobierno y oposición y dentro del Gobierno, que a su vez van a dar cuenta de la viabilidad del socialismo como planteamiento para la sociedad venezolana.

Los cinco motores son como la guerra relámpago de Chávez. Pero lo que no advierte la gente es que la guerra relámpago se desata cuando el diseño estratégico está listo.

Ese tipo de guerra acaba con el adversario, entre otras cosas, porque se han evaluado sus condiciones y hay un diseño estratégico, que son las siete líneas. Una de ellas, por ejemplo, es la nueva geopolítica nacional y uno de los cinco motores es la geometría del poder; otra es la nueva democracia, popular y protagónica y uno de los cinco motores es la explosión del poder comunal y lo que el Presidente llama el desmantelamiento gradual del Estado burgués. Entonces, hay que ver las dos cosas.

-Si vamos a lo estratégico. Es decir, a la transición al socialismo, ¿qué riesgos advierte para la democracia venezolana, por ejemplo, frente al personalismo del presidente Chávez?
-Hay un grupo de gente, entre quienes me cuento, que somos muy críticos de la aplicación del concepto de cesarismo democrático en Chávez. Hay gente que traslada la tesis de Vallenilla Lanz a Chávez o la democracia plebiscitaria a Chávez, porque en lo esencial el liderazgo personalista y paternalista, por llamarlo de algún modo, del Presidente, tiene mucho que ver con la ausencia de mediaciones y articulaciones partidistas. Es decir, son producto de la descomposición del sistema de partidos que se inicia en 1958. No fue que Chávez destruyó el sistema de partidos sino que se montó en una tendencia, en un proceso, de debilitamiento de ese sistema. El reto ahora es si el liderazgo de Chávez va a dar paso a un nuevo sistema de partidos y dentro de esta ide! a a la c reación de un partido unido de izquierda, socialista, y en este caso avalando al Gobierno. Algunos intelectuales, por ejemplo Aníbal Romero, han dicho que Chávez es cesarista y utiliza a Gramsci, a Trotski y a Vallenilla Lanz, pero se olvidan que Gramsci, entre otras cosas, habló del socialismo progresivo; Trotski, en el caso mexicano, decía que Lázaro Cárdenas era un ejemplo de bonapartismo progresivo. Se trata, entonces, de figuras transitorias en momentos en los cuales los órganos de mediación política -un sistema de partidos o el partido de la revolución- no está orgánicamente premontado. Pero si esa figura se hace permanente, la democracia adquiere un tono, un estilo, marcado por cauces que ya conocemos en Venezuela: presidencialismo y caudillismo.

-¿Qué importancia tiene el debate sobre el Partido Socialista Unido de Venezuela? ¿Qué trascendencia pudiera tener para el futuro?
-A contracorriente de lo que son las tendencias contemporáneas que fortalecieron la antipolítica, hay un resurgimiento de la renovación de los partidos. Algo que es bien extraño para Venezuela, donde hubo una crítica muy radical en los años 80, a la idea de los partidos y particularmente a la idea del cogollo, que es la expresión criolla del leninismo organizativo. Eso está muy presente en el debate actual. ¿El partido que se pretende construir es inmune a las críticas que se hicieron a los partidos políticos en la Venezuela moderna? ¿A la crisis, por ejemplo, de representatividad o de democracia interna?

-¿Incluso a una reflexión sobre el largo y frustrante camino de la izquierda durante largas décadas?
-¿Será posible, dices tú? Hay que retomar la discusión sobre el partido de masas y el partido de cuadros y eso es un poco lo que está pasando.

La gente del PPT, por ejemplo, declara en prensa que ellos son un partido de cuadros; algo similar dicen los voceros del Partido Comunista, pero la gente del MVR y de Podemos se asumen como un partido de masas. Estamos ante una vieja discusión del siglo XIX entre el partido socialdemócrata alemán, que era un partido de masas, y el partido bolchevique ruso, que era un partido de cuadros. Las condiciones por las cuales Lenin crea un partido de cuadros no son similares a las que existen en Venezuela.

-¿Qué era? Un partido clandestino, de militantes disciplinados, casi como una orden jesuita cerrada. ¿Qué justificaría construir un partido de cuadros en la Venezuela de hoy?
-Preservar el centralismo y a partir de esa instancia la figura del Comité Central y la del Secretario General del partido revolucionario. Si ese es el corolario del debate, ya sabemos cuál es la próxima estación: la Unión Soviética, el partido cubano o chino.
Uno puede detectar los síntomas de esa degeneración histórica, de la democracia interna de un partido político, en tanto institución mediadora y articuladora de intereses; los peligros que mencionas. En 1921 se liquidan las tendencias internas en el partido bolchevique y se prohíben, en el contexto de la guerra civil y de alzamientos obreros (la comuna de Kronstand), que cuestionaban la autoridad y dirección del partido bolchevique. El partido bolchevique mantenía una tesis, para la época correcta, en que la instancia de decisión (el Buró Político) estaba por encima del secretario general. ¿Qué hizo Stalin en 1922? Transformó al secretario general en el dueño de las decisiones políticas. Es cierto, to! do el le ninismo organizativo y el estalinismo posterior debe evitarse en la construcción del Partido Socialista Unido de Venezuela.

-Afirma que el debate está planteado entre un partido de cuadros y un partido de masas...
-No. Incluso Chávez lo aclaró al salir de la comisión promotora: no va ser un partido de cuadros ni de masas. ¿De qué se trata? Chávez tiene una gran capacidad de crear una categoría inédita, que va a ser llenada políticamente a través de la experiencia. Es decir, no hay un canon, un libro, un texto, unas recetas que digan cómo va a ser el partido. Va a ser el proceso político, el que se está dando en este momento, el que va a configurar el diseño organizativo del nuevo partido. ¿Habrá una dirección colegiada que acompañe a Chávez? ¿De dónde va a surgir? ¿Hay un proceso de formación y de decantación política suficiente en esa estructura colegiada para dar el salto cualitativo que el Presidente está proponiendo hacia un proceso de transición al socialismo? Ahí está la gran pregunta.

La estructura estatal sigue siendo la del viejo Estado. Pero con el Estado burgués no se construye el socialismo...

Eso también remite a una polémica. El planteamiento clásico es que se tiene que destruir el aparato burgués para construir un órgano de transición hacia el socialismo. Lo que planteaba Marx es que el Estado debía ser absorbido por la sociedad civil y no lo que planteó Stalin, que fue la entronización de la figura del Estado o la estadolatría (una deformación ideológica), como dice Gramsci. Aquí se ha planteado mucho la tesis del último Poulantzas: el Estado burgués, como tal, no es un Estado homogéneo de clases.

-Eso rompe el planteamiento dogmático clásico. ¿Qué nos dice esto?
-Que dentro de las ramas del Estado hay conflictos y guerras, como de trincheras, en las cuales cada una de las clases y grupos sociales se ven representadas. Entonces, hay! dentro del Estado algunos aparatos que están alineados hacia la transición al socialismo y otros que francamente están en la reacción. Esa es la lucha, el conflicto, que se va a dar en el seno del Estado.


-La peculiaridad del Estado en Venezuela es que no depende de la sociedad civil. Dispone de sus propios ingresos y de alguna manera es autónomo a los conflictos que señalas. ¿Esa condición no abre la posibilidad de que se acelere la transición al socialismo?
-Diría que el Estado venezolano es relativamente autónomo. El mismo hecho del capitalismo rentístico o del capitalismo de Estado con grandes ingresos fiscales producto de la renta petrolera genera un fenómeno de clases que es atípico: la posibilidad de que exista una suerte de burguesía de Estado. El sector social que controla las palancas más fuertes, donde están los excedentes económicos del Estado, acceden a las decisiones para apalancar procesos de inversiones, de crédito y financiamiento. Ese sector, sin ser propietario de los recursos, funciona como una burguesía de Estado alrededor de la renta petrolera. Así ha sido a lo largo de la historia y a eso no escapa el proceso bolivariano.

No sabemos si esa burguesía que acompaña la transición hacia el socialismo es típicamente nacional o tiene aspiraciones transnacionales.

-¿La burguesía de Estado, a través de la corrupción, no es la que desvirtúa las políticas sociales del Gobierno? ¿No fue eso lo que ocurrió con el convenio iraní, tal como rigurosamente lo demostró Últimas Noticias?
-No podría dar una opinión sobre eso, entre otras cosas, porque desconozco los problemas del convenio con Irán. Pero como dice Fernando Coronil en El Estado Mágico: si el Estado controla el maná petrolero, es muy proclive a la idea de conseguir prebendas a través de mecanismos de corrupción. El historiador marxista Luis Brito Figueroa, hablaba de la acumulación deli! ctiva de capital. Yo creo que esa idea es un elemento central del modelo económico en el siglo XX y sigue siéndolo en el siglo XXI. Eso no se acaba con decisiones ejecutivas o administrativas, más aún con las debilidades que tenemos en el Poder Judicial. La corrupción es un hecho tanto estructural como político jurídico, cuya responsabilidad recae en la dirigencia. Hay una cultura de la corrupción que se refuerza por el hecho de que el presupuesto es de todos, no es de nadie y se maneja discrecionalmente; por la ausencia, además, de la Contraloría o el Poder Judicial.

REGISTRO VERBAL

Las claves de una democracia liberal, con separación de poderes y rendición de cuentas, parece una noción desdibujada del pasado. Una añoranza de un sector social del país. ¿Se trata de referencias eclipsadas en la transición hacia el socialismo? ¿Hacia dónde vamos? Javier Biardeau afirma que "el socialismo sin división de poderes, sin pluralismo y sin tolerancia deviene en estalinismo". En Venezuela hubo un debilitamiento institucional que no arrancó en 1998 . Lo que está planteado, entonces, es un fortalecimiento de las instituciones "desde el campo del Gobierno y de la oposición".

Una referencia para impulsar el fortalecimiento de las instituciones parte de una sentencia de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, "donde se hace explícito que la división de poderes no es un problema de concepción política normativa sino un problema de técnica de organización del poder". Se trata de un principio constitucional que sólo podría ser modificado por una Constituyente que, además, vaya en contra de los principios ! más o me nos aceptados en la comunidad internacional sobre el funcionamiento de la democracia. Biardeau descarta la posibilidad de que eso ocurra. "Creo que eso es inviable", insiste.

Otra cosa es el funcionamiento de los órganos del poder público. "En Venezuela hay concentraciones y desequilibrios de poder, pero eso responde a la naturaleza del proceso político coyuntural". No se trata de una mera imposición sino de las decisiones que se toman en medio de la lucha electoral. El ejemplo más visible refiere a la negativa de la oposición a presentarse a las elecciones legislativas. ¿El resultado? Un Parlamento rojo, rojito.

Un punto de partida para replantear las relaciones entre el Gobierno y la oposición apunta a recuperar la confianza en el diseño constitucional. "Uno es el equilibrio de poderes, el pluralismo y la existencia de un juego político donde ninguno de los bandos tenga poder de veto, me refiero a lo que ocurrió con la polarización, el 11 de abril o el paro petrolero". Nadie puede desencadenar una acción que ponga en juego un mandato constitucional.

-¿Qué le queda a la oposición?
-La posibilidad de construir una plataforma política que, de acuerdo a Biardeau, tenga al menos tres componentes: "un horizonte utópico, porque el problema es que Chávez tiene un mito; en segundo lugar, un proyecto político que movilice a la gente y que convierta a la oposición efectivamente en mayoría, y en tercer lugar un programa de transición que no liquide al chavismo".


Obviamente, esa transición no sería hacia el socialismo.

 PERFIL

Javier Biardeau.
Nació en Valencia. Tiene 40 años.

Es sociólogo, con una maestría en Planificación del Desarrollo en el área del Desarrollo Urbano Regional.

Es jefe del Departamento de Estudios Latinoamericanos de la Escuela de Sociología de la Universidad Central de Venezuela. Ha publicado diferentes ensayos en distintas publicaciones especializadas.












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