Totalitarismo

Por Venezuela Real - 20 de Marzo, 2007, 13:26, Categoría: Cultura e Ideas

OVIDIO PÉREZ MORALES
ARZOBISPO DE LOS TEQUES
EL NACIONAL
11 de Marzo de 2007   

Un hombre que supo qué es totalitarismo: Juan Pablo II. No a través de libros, de la narración de experiencias ajenas o de simples amagos. Lo sufrió intensamente en carne propia. O, mejor, los sufrió (nazismo, comunismo).

Por eso, escribió sobre este doloroso tema con letras que resultan jirones de existencia.

Estudiando este fenómeno, que ensombreció un siglo anunciado como de "brillante explosión del progreso humano", recordé un texto muy conmovedor del papa Wojtyla. Se encuentra en el mensaje publicado con ocasión del 50 aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial (8 de mayo de 1995).

Él hace esta dramática pregunta: "¿Por qué se llegó a ese grado de envilecimiento del hombre y de los pueblos?". Y continúa con otra, que interpela hoy no sólo a la gente del viejo continente: "¿Por qué, acabada la guerra, no se han sacado las debidas consecuencias de tan amarga lección para todo el continente europeo?". El Papa hace una definición operativa del totalitarismo: "Destruye la libertad fundamental del hombre y viola sus derechos".

"Manipulando la opinión pública con el martilleo incesante de la propaganda, empuja a ceder fácilmente al recurso a la violencia y a las armas y acaba por aniquilar el sentido de responsabilidad del ser humano". Añade: "Entonces, por desgracia, no nos dimos cuenta de que cuando se llega a pisotear la libertad, se ponen las condiciones para un peligroso deslizamiento hacia la violencia y el odio, precursores de la cultura de la guerra".

Esto fue lo que sucedió en Europa. Resultó fácil a los líderes conducir a las "masas" al conflicto bélico. Se montaron mitos, se estableció la persecución religiosa y la discriminación política, el aplastamiento legal y policíaco de las libertades, así como el condicionamiento psicológico mediante el monopolio comunicacional. La energía moral se debilitó.

Impresionan, de tiempos y espacios totalitarios, las fotos de muchedumbres enardecidas, en alto los brazos con el saludo beligerante; las imágenes de interminables desfiles de soldados y tanques en plan desafiante. Impresionan los discursos altisonantes como clarines de confrontación. La pasión engullendo la razón.

Lo que se arguya de apoyo popular y de victorias electorales para justificar actuaciones, tiene que ser objeto de discernimiento.

Porque Hitler pudo ufanarse de aquéllos. Y la legalidad se puso a la orden de su "Nuevo Orden". Por eso, "legal" no equivale sin más a "legítimo" y "moral".

Por lo demás, lo de "abrumadoras mayorías electorales" es característico en los sistemas totalitarios ya establecidos.

Lo "único" y "monocolor" constituyen el objetivo y el alborozo de quienes ven en el pluralismo una amenaza al monolito del Poder absolutizado.

Porque Juan Pablo II conoció y sufrió el nazismo y el comunismo, denunció el modelo totalitario en múltiples oportunidades. En la encíclica Centesimus Annus (1991), que siguió a la caída del Muro de Berlín, identificó la raíz del totalitarismo "en la negación de la dignidad trascendente de la persona humana, imagen visible de Dios invisible y, precisamente por esto, sujeto natural de derechos que nadie puede violar: ni el individuo, el grupo, la clase social, ni la Nación ni el Estado. No puede hacerlo tampoco la mayoría de un cuerpo social, poniéndose en contra de la minoría, marginándola, explotándola o incluso intentando destruirla".

La pérdida de la memoria amenaza siempre al ser humano, limitado, frágil y pecador. De allí involuciones históricas, que repiten dramas y tragedias, con las consiguientes pérdidas en humanidad.

Por eso, cuando se promocionan encomiásticamente "pensamiento único", "partido único", "hegemonía comunicacional", "educación socialista", y se promueve la partición maniquea de los ciudadanos en buenos (revolucionarios, patriotas, socialistas) y malos (contrarrevolucionarios, antipatriotas, capitalistas), se va por un camino perverso, de anticultura de muerte. Siembra de vientos maléficos.

Toda concepción totalitaria choca inevitablemente con la Iglesia. Que tiene como absoluto y adorable sólo a Dios. Y como Mesías sólo a Jesucristo.







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