Contra la ortopedia - Simone Weil

Por Venezuela Real - 21 de Marzo, 2007, 13:11, Categoría: Cultura e Ideas

NELSON RIVERA
EL NACIONAL
19 de Marzo de 2007     


La leyó y encontró allí la fuerza. A pesar de que su vida fue breve, Simone Weil (19091943) alcanzó a regresar a sus páginas muchas veces. La leyó y pensó que el centro de La Ilía da es la fuerza, "el más bello, el más puro de los espejos".

-Un oscuro y contenido pálpito acecha en las páginas de su ensayo La Ilíada o el poema de la fuerza (está en La fuente griega, Editorial Trotta, 2005).

Se siente su conmoción: y es que pensar la fuerza es pensar en lo que somete a los hombres, en lo que tiene la capacidad de quitar la vida a su carnalidad.

-La fuerza convierte a los seres en cosas. Devenida en poder sumario nos mata, nos lleva al punto de lo inerme. Escribe Weil: "Un hombre desarmado y desnudo contra el que se dirige un arma se convierte en cadáver antes de ser tocado".

-La imposición de la fuerza es fría como si fuese materia inerte. Nadie se salva de ella. Ni los héroes, a quienes el miedo tarde o temprano siempre alcanza. Aquiles, Héctor, Áyax: cada uno ha sentido el temblor del miedo en su cuerpo.

-La fuerza nunca considera que toda imposición es transitoria. Quien ejerce el poder no alcanza a sospechar que el uso de la fuerza producirá nefastas consecuencias: le doblegará, se volverá contra él mismo como padecimiento. Mucho antes que el Evangelio ya La Ilíada había definido el precepto de Talión: "Ares es justo, y mata a los que matan".

-Es imposible que no perezca, que no caiga abatido bajo una fuerza proporcional a la que ha empleado. Quien no limite el uso de su propia fuerza, ni reconozca su desproporcionada ventaja sobre los otros (la desconsideración del semejante), y deriva de ello que el destino le ha provisto de todos los derechos, cruza el umbral hacia su propia muerte: ha ignorado el precepto de su propia limitación, el reconocimiento de que toda fuerza sólo puede ser empleada hasta un punto, el punto límite donde ella no mata.

-Quiere todo, puesto que la tentación del exceso es irresistible. No escucha los llamados de lo razonable. Vivir sorda a las súplicas de las víctimas, tal es el talante de la fuerza.

-Embriagado, ajeno a la virtud del comedimiento, en el verdugo subyace una víctima.

Lleva adentro una semilla escondida, la de su propia muerte. Porque al cruzar el límite en el uso de la fuerza, ha cristalizado su verdadera naturaleza, su doble necesidad de muerte: la de matar y la de morir.






TOME NOTA
de la dirección del
Nuevo Portal Principal

www.venezuelareal.org

Más información ...

Calendario

<<   Marzo 2007  >>
LMMiJVSD
      1 2 3 4
5 6 7 8 9 10 11
12 13 14 15 16 17 18
19 20 21 22 23 24 25
26 27 28 29 30 31  

Archivos

Suscríbete

Escribe tu email:

Delivered by FeedBurner

Sindicación

Alojado en
ZoomBlog