Un subversivo en Miraflores

Por Venezuela Real - 21 de Marzo, 2007, 13:08, Categoría: Política Nacional

ARMANDO DURÁN
EL NACIONAL
19 de Marzo de 2007     


L a frase, pronunciada hace dos semanas por Hugo Chávez, constituye, sin la menor duda, una proposición lógicamente imposible. Según el Diccionario de la RAE, subvertir significa "trastornar, revolver, destruir." De acuerdo con esta definición, un subversivo es la persona que "tiende a subvertir", y se aplica, añade el diccionario, "especialmente a lo que tiende a subvertir el orden público". Es decir, que Chávez, encarnación suprema del orden público, no podría ser a su vez quien pretenda trastornarlo, revolverlo y destruirlo.

Sin embargo, ninguna aclaración podía ser más oportuna para entender esta etapa del proceso revolucionario en la que se adentra Venezuela y cuyas líneas maestras son, en primer lugar, la redacción en secreto de un nuevo texto constitucional. En segundo lugar, los poderes absolutos que le entregó la Asamblea Nacional para legislar por decreto, al menos, hasta mediados del año 2008. Por último, la disolución de todos los partidos y grupos políticos que lo respaldan, para integrarse en esa erupción de roca ígnea y fluida que promete ser el nuevo partido comunista de Venezuela, bajo el eufemístico nombre de Partido Socialista Unido de Venezuela. Estas decisiones, médula de "la revolución en la revolución", ya han herido de muerte a Podemos, pero también al PPT y en menor grado al viejo PCV, acusados sus dirigentes de enarbolar las banderas golpistas de Altamira porque tuvieron la audacia de exigir su derecho a pedir explicaciones. Pero más allá de su aspecto anecdótico, estas decisiones apuntan realmente a subvertir el orden público y consagrar prematuramente la muerte inminente de la Constitución de 1999, útil para la transición, inservible para la revolución.

Estos nuevos engranajes que trazan la futura geometría del poder en Venezuela tienen su correspondencia en la profundización ideológica dentro del país, conducida desde el Ministerio de Educación por Adán Chávez para garantizar que, dentro de pocos años, la mayoría de los venezolanos compartan un mismo pensamiento y respondan al unísono a los estímulos pavlovianos que emita el régimen, y en la guerra ideológica que marcará nuestras relaciones internacionales y cuya primera escaramuza ha tenido como escenario a América Latina con las giras paralelas de Chávez y George W. Bush.

Este es el gran proyecto político de Chávez, la esencia de su liderazgo y el factor que ha determinado la confusión permanente, tanto de la oposición como del oficialismo a lo largo de estos años. Y lo que le ha permitido a Chávez salir airoso de las situaciones peores. La diferencia ahora (¿ventaja o desventaja para Chávez?) es que estas decisiones extirparon el tumor democrático que contaminaba con ingredientes ajenos al proceso los valores absolutistas que de manera descarnada ahora formula Chávez.

El desafío que esta nueva etapa del proceso le plantea a los aliados de la revolución es sencillo y trágico. El que no quiera acompañarme, les dijo Chávez antes de viajar a Buenos Aires, está en plena libertad de montar tienda aparte, pero aténganse a las consecuencias. Como sostuvo hace más de dos años en Fuerte Tiuna, y como no ha dejado de repetir desde entonces, en el mundo de la revolución no hay espacio para las medias tintas. "Si alguien estuviera invadido por ese perverso modelo de ser y no ser", les advirtió aquel 12 de noviembre de 2004, "de estar bien con Dios y con el diablo, cosa que es imposible, que se defina de manera determinante... Nosotros necesitamos que todos estemos entregados en cuerpo y alma al proceso revolucionario. En cuerpo y alma. Nosotros no podemos estar divididos por la mitad. ¡No! ¡Estamos o no estamos! ¡Somos o no somos!". De modo que cuando Ismael García, Ramón Martínez y Didalco Bolívar se abrazaron para cuestionar la naturaleza no democrática del socialismo que Chávez aspira aplicarle a Venezuela, suerte de non serviam luciferino que de ninguna manera tiene cabida en el reino de los cielos, en realidad rechazaron la propia sustancia del dogma sobre el que se fundamentará la próxima estructura del Estado socialista venezolano. Y así, sin aún saberlo, al expresar su deseo de querer ser y no ser simultáneamente, renunciaban a la gloria de seguir sentados a la diestra de Chávez.

Para siempre.

Por este camino de la incomprensión del fenómeno que ellos contribuyeron a crear, muchos revolucionarios de antaño han terminando condenados al infierno. Ahora, como les recordaba Teodoro Petkoff en un editorial de Tal Cual, les toca a los de Podemos. Idéntica suerte a la que siempre ha corrido la oposición; lo hemos visto y sufrido desde el referéndum revocatorio hasta la sumisa entrega del pasado mes de diciembre, como si en Venezuela viviéramos un momento democrático estelar. Sin tener en cuenta, irreparable error de cálculo de unos y otros, que en efecto, y eso es lo importante, desde 1999, un subversivo se aloja en Miraflores.





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