Cira sólo necesita tiempo

Por Venezuela Real - 24 de Marzo, 2007, 11:30, Categoría: Dimensión Social

RAFAEL RODRÍGUEZ OLMOS
El Mundo
23 de Marzo de 2007


La expresión de su rostro tiene una extraña combinación entre la desgracia y la esperanza. La más de las veces mira con resignación, como queriendo regresar al principio, a los tiempos en que era niña, pero con los conocimientos de ahora para no comete errores.

Cira se está acercando a los 50, pero no se siente mayor. Narra que a los 14 pasó al segundo de bachillerato, cuando una barriga le truncó los planes de ser periodista. Cuatro muchachos más aparecieron en los tiempos subsecuentes para terminar de ahogar los sueños entre lágrimas, tristeza, resignación y la incomprensión de dos maridos que nunca entendieron la necesidad de su consorte y que al final la abandonaron, cuando ya no se es bonita y agraciada y cinco hijos le quitan el ánimo a cualquiera que se le acerque. "Claro, como ahora no estoy buena".

Entonces llegó la esperanza convertida en escuela. "Cuando cerca de mi casa pusieron una Misión Ribas, me emocioné y me puse a sacar mi bachillerato de noche porque ya me quedan dos muchachos pequeños, los demás son unos viejos que trabajan".

A falta de muchacho chiquito y de marido que la llame temprano a la cama, Cira centró sus deseos y sus "ganas" en los libros. Fue una de las mejores estudiantes de su curso, "de un montón de viejos que éramos, yo fui la mejor porque en la nochecita cuando mis hijos estaban durmiendo, yo me ponía a estudiar". No pude contener la pregunta capciosa, ¿Qué descubriste en los libros? Quizás en el tiempo de la conversación, fue el momento en que más le brillaron los ojos de la emoción, acompañada de una respuesta casi sonreída: "na´guara, era como descubrir un mundo nuevo. No podía saber todos esos ríos que tenía el país, ni todos los países que había en el mundo. Descubrí que hubo una guerra mundial donde mataron millones de personas, mucho más de lo matan allá en el barrio. Dígame cuando comencé a leer los libros de historia. Na´guara, toy enamorada de Sucre, el héroe más grande todos". Las ideas se agolpan en Cira y los deseos por comunicar todo al mismo tiempo la hacen tropezar el lenguaje, aunado al deseo casi desesperado por mantener el interés de su interlocutor. Parece que por primera vez no se siente un objeto, ni una madre a quien joden los chamos, ni una mujer regañada por el marido, ni un sujeto para la cama.

El hecho de que en Bejuma no hubiera universidad bolivariana, no fue óbice para que Cira entrara en una aldea universitaria en la parroquia Miguel Peña, a estudiar la carrera que soñó de niña, comunicación social. De lunes a miércoles se levanta a las cinco de la mañana para estar a las siete en clase. "A veces la vecina, escondida de su marido, me da plata para el pasaje porque no tengo, pero no quiero dejar las clases". A eso de las cuatro va de regreso, cansada, agotada, con mucha hambre y planificando cómo va a encontrar los materiales para hacer las tareas; y quién le dará una manito para el pasaje del otro día.

Acaba de culminar el tercer semestre y -curiosamenteno piensa en que está comenzando, sino en cuánto le falta para terminar. A veces dice, como por decirlo, que le gustaría escribir en un periódico nacional. Sus esperanzas son más fuertes que cualquier cosa. Quizás ignore que tal vez le falte tiempo para comenzar.

 «Cuando cerca de mi casa pusieron una Misión Ribas, me emocioné y me puse a sacar mi bachillerato de noche...»







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