OMAR PÉREZ
El Mundo
23 de Marzo de 2007
... Al hombre le da igual. ¡Qué se vayan!.. Por la puerta grande, como José Vicente.
O por la de atrás, por donde seguramente se irá Didalco con su toro negro de Las Delicias y su trapo rojo de la maestranza de Maracay. Cuando andaba como el ánima sola, en un carrito viejo que le prestó Miquilena, echando gasolina que le regalaban los bomberos a quienes les había caído simpático el "por ahora", no lucía así tan soberbio.
Puchi cortó pajitas y se asoció a su propuesta. Ismael, que alguna vez se equivocó y recordó a Carlos Andrés, el odiado, en una memorable sesión al aire libre, en El Calvario - cita que le fue perdonada; Rafael Simón, el bueno de Rafael Simón, que pudo y no pudo; el atildado José Albornoz, el del casquillo al revés, como el personaje de Gallegos, que lo buscaban por un lado cuando se iba por el otro. En fin, todos pueden irse, si quieren....¡No hacen falta!...La revolución no los necesita...Luis XIV, Luis XV, El Estado soy yo. Ha saltado la liebre cuando menos se esperaba. ¿Somos, o no somos, o qué somos? ¿Diversidad?... ¡Yo te aviso! El hombre no quiere saber nada que no sea esa única e indivisible, monolítica, cerrada organización, no "verde-amarela" como los equipos de fútbol brasileño, del Lula escurridizo, no. La "roji-verdi" o "verdi-roja" "que he diseñado" y en la cual, todos deben estar. Del primero al último. ¡Y al carajo los enfermos!...
¡Váyanse, si es lo que quieren! Me da igual...Porque no vamos a poder ni con los comunistas que no quieren disolverse, como ya lo hicieron en Rusia; ni con los de la R invertida, ni con los de Ismael, que están reclamando democracia, cuando el país vive la más profunda, la más fantástica de las democracias, la democracia en la que manda el pueblo...
!No son imprescindibles aquí! - la voz resonó en el estudio donde se realizaba la transmisión. ¡Escojan bien cómo se van a ir: en silencio, dándose un abrazo con nosotros y! enjuaga ndo una lágrima, o tirando piedras!...
Los "humillados y ofendidos", se han estado reuniendo. Pesa sobre ellos una sombra más larga que la de José Asunción Silva y sus Nocturno. Como revolucionarios que son, antes que todo, han resuelto quedarse. Regañados, eso sí, pero adentro. Han hecho como Prieto Figueroa cuando los del MIR salieron de Acción Democrática.
Simón Sáez lo echaba por la puerta principal y él se metía por la ventana. Al final ellos se fueron.