Fidel: "Chávez no se puede morir"

Por Venezuela Real - 27 de Marzo, 2007, 17:11, Categoría: Injerencia de/en Venezuela

RAFAEL DEL NARANCO
El Mundo
26 de Marzo de 2007


Difunto, vivo o embalsamado hoy, Fidel Castro, dueño de ese bohío llamado Cuba, mirando un día las sabanas de grandes extensiones herbáceas entre cuatro macizos montañosos, tuvo una idea refulgente en el exacto momento en que la mesada de rublos enviados vía Moscú se hacía distante.

Fue entonces cuando exclamó: "¡Eureka!". Había oído hablar de un personaje en Venezuela que, dados los desgobiernos de AD y Copei, y haciendo uso de la propia calentura ideológica del teniente coronel, cuya seudorevolucionaria sopa hervía en su cerebro, se podría utilizar en provecho de la isla. Solamente era necesario excitarle la adrenalina.

En eso Fidel es nigromante. Viejo de vejez, dominaba los resortes que harían del barinés la razón primordial de sus últimos días y así la revolución no se haría el harakiri económico en sus postreros años.

Venezuela era un tonel repleto de dólares. Adoptaría a Chávez. Castro jamás se preocupó por sus propios retoños, "de eso - decía - se encarga la revolución; yo tengo otros asuntos más importantes que tratar". Huguito era distinto. Operaba una chequera petrolera impresionante y él podía enseñarle a manejarla, mientras le susurraba melosamente al oído: "En tí vive Simón Bolívar y encarnas la antorcha de la nueva América libertaria". Por si fuera poco le apuntó algo que conmocionó hasta el tuétano al desarraigado jovenzuelo: "Eres, con mucho, mejor jugador de béisbol que yo". A partir de ese día, Fidel pudo soltar cada mañana la palabra "¡bingo!", al tener en sus manos cada amanecer el cartón ganador.

Hay algo a la mitad de esta cuartilla que la historia debe saber. El dueño del hato cubano se enfadó mucho cuando ese militarcito interrumpió el segundo período presidencial de Carlos Andrés Pérez. CAP era financista permanente de La Habana. Todas las exportaciones hacia Cuba eran sufragadas por el Banco Central de Venezuela. Unos 240 millones de dólares cada año.

En el 92 Chávez se alzó y el gobierno, una vez detenido, lo dejó hablar por televisión. Fidel exclamó enfadado: "Yo jamás hubiera permitido a ese soldadesco discursear. Carlos Andrés cometió un error que habrá de pagar". Ese día supo Castro algo claro: el paracaidista le iba a arreglar su futuro. Lo que jamás intuyó es que sería con creces.

El último jalamecate del ochentón fue de órdago: "Yo ya me puedo morir, por mí no te preocupes Hugo: el que no se puede morir eres tú".

A Chávez se le llenaron los ojos de agua y firmó otro multimillonario cheque.





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