CRÓNICA DE UN HOMENAJE ANUNCIADO: De Macondo para el Gabo

Por Venezuela Real - 30 de Marzo, 2007, 20:41, Categoría: Cultura e Ideas

SEBASTIÁN DE LA NUEZ / CARTAGENA
El Mundo
30 de Marzo de 2007

El Cuarto Congreso Internacional de la Lengua Española recibió en Cartagena de Indias cientos de invitados, algunos habituales de ¡Hola! o de los Grammy latinos, pero sobre todo a protagonistas de esas eternas huérfanas: las revistas literarias. En medio del bullicio se elevó, como Remedios la Bella, la joya de la corona narrativa: Gabriel García Márquez en sus 80 años

Y se elevó sobre sus pasos cortos y cuidadosos -no puede ser de otro modo a su edad- para recibir la nueva edición de Cien años de sole dad que le ofrecía Víctor García de la Concha, director de la Real Academia Española, recordando el día en que por primera vez había descrito a Aureliano Buendía frente al pelotón de fusilamiento. Era el lunes 26 de marzo alrededor del mediodía, y a esa hora las librerías de Cartagena destapaban sus cajas para comenzar a vender la edición corregida y ampliada con prólogos de Álvaro Mutis, Mario Vargas Llosa y Carlos Fuentes. Las ovaciones que recibió el Gabo por parte de la masa de fervor que llenó el auditorio Getsemaní, del Centro de Convenciones sólo se repetirían al día siguiente por la tarde en el mismo recinto, cuando aparecieron Carlos Vives y Fito Páez para hablar del tema "La canción hispana y la sociedad globalizada".

De las alocuciones del rey Juan Carlos y Álvaro Uribe ese mediodía, puede rescatarse al presidente colombiano viéndose obligado a doblar la barra del micrófono hacia abajo pues le tocó hablar de último.

Fuera del edificio, cientos de personas -especialmente estudiantes venidos de diferentes partes del país- aguantaban la cola para poder entrar a ver a su ídolo, o asistir a las sesiones que seguirían después. En esta ciudad repleta de taxis amarillos y vestida de arquitectura colonial con balcones moriscos, todos tienen que ver con García Márquez.

Lo han hecho suyo, y no parecen dispuestos a soltarlo. Cartagena, esta semana, ha sido una fiesta cultural y económica en donde todos andan contentos: los vendedores de puros, collares y acuarelas; pero sobre todo las librerías. Al encenderse la luz verde para la venta de la nueva Cien años de soledad -no podía hacerse antes de que el escritor recibiera su ejemplar en el homenaje-, se vendieron 14 mil copias en cuatro horas. "Es decir, una por cada segundo", comentó ufano Belisario Betancur, ex presidente colombiano, mayordomo de lujo durante la larga jornada de sesiones. A este Belisario un día le tocó departir con unos magistrados argentinos, época de Alfonsín, y uno de ellos le preguntó: "¿Así que usted es de Medellín, el pueblito donde se mató Gardel?", a lo cual respondió el entonces presidente: "¿Cuál Gardel?"

DUELO DE GIGANTES

Dos editoriales, por cierto, apostaron fuerte en el Congreso y mantuvieron un pique entre ellas: Alfaguara y Planeta. La primera prometió una velada vallenata con presencia del ídolo, pero tuvo que conformarse con Alex Grijelmo (El estilo del periodista) y Santiago Roncagliolo (Abril rojo) como preseas, y un Luis Brito García que buscaba en vano su ticket para el concierto de Soledad Bravo, Tania Libertad, Vives y Páez en la Puerta de la Aduana.

Por su parte, Planeta organizó un almuerzo en el Museo Naval al que asistió no sólo García Márquez, sino Bill Clinton y el ex magistrado venezolano Luis Velásquez Alvaray, enfundado en una chaqueta oscura a rayas que parecía un horno hecho a la medida.

La mezcla de personajes suena extraña, de acuerdo, pero ¿no se trata de una tierra macondiana?

A NIVEL DE LA MATRONA

En Ábaco, un lugar situado en pleno centro, es posible tomarse un jugo de lulo, la fruta típica, y hojear al mismo tiempo una novela. El librero Carlos Andrade, de 23 años y aspirante a la licenciatura en Artes Visuales, afirma que García Márquez está al nivel de la Virgen del Carmen, matrona de Cartagena. Para contrarrestar ese asunto hay una corriente que habla pestes de él, en la cual milita el joven provocador Efraín Medina; canaliza su expresión en la página web lizarazusproject.blogspot.com.

Quizás, como dijo alguien en referencia a otra época, en este Congreso sobraron las palabras y faltaron los hechos, pero en todo caso hubo frases para llenar un álbum, o al menos una página, como la de Antonio Muñoz Molina: "El enemigo del español no es el inglés, sino la pobreza". O algunas de Carlos Fuentes, quien a pesar de alquilar su talento para cierto prólogo, aún recuerda lo que le escribió al gran cronopio Julio Cortázar luego de leer por primera vez Cien años de soledad: "Me siento nuevo después de este libro, como si les hubiese dado la mano a todos los amigos. He leído el `Quijote’ americano, un Quijote capturado entre las montañas y la selva".

Palabras no tan evocadoras aunque sí eficientes las del argentino Joaquín Caparrós. Con su voz de barítono y cara de samurai promotor de Givenchy, se refirió al género de la crónica al definirla como "eso que nuestros periódicos hacen cada vez menos". Su coterráneo Fito Páez ha podido muy bien llevarse, por el contrario, el disco de oro en el apartado "Divos deseosos de parecer reflexivos". Su intervención se limitó a citar al narrador inglés de origen pakistaní Hanif Kureishi, rematando con una frase que, en su caso, es un contrasentido: "Me inscribo en la tradición del barrio donde nací". Menos impostado, Carlos Vives puso a los folkloristas en el sitio correspondiente e hizo lo propio con su música, sin tratar de pasar por intenso. Tan despeinado como Fito, pero con mucho humor, Carlos Monsiváis anunció que la versión mexicana de la telenovela colombiana "Sin tetas no hay paraíso" se llamará en México "Sin frontispicio se va al precipicio", para hacerle caso al conservadurismo.

Monsiváis es una gragea antiestrés; no le entran balas.

LA OTRA CRÓNICA

García Márquez es quien es gracias a la ayuda de otros, comenzando por los abuelos que le contaban cuentos. Samuel es un negro nativo de Sincerín, a 30 minutos en automóvil desde Cartagena; allí se instaló un ingenio azucarero por primera vez en este país, y fue también el primer lugar donde se celebró un juego de béisbol dentro de estas fronteras. Samuel grabó anoche en su computadora el discurso del Gabo durante el homenaje que se le hizo, a tal punto le gustó. Dice que se rió a montones por el relato de las penurias del escritor en aquella época, cuando intentaba enviar desde México su manuscrito a una editorial argentina. Samuel escuchó la lengua bantú de niño, aunque ahora ya se perdió. Su pueblo se levantó con los brazos de los negros esclavos venidos del África. Seguro que algo le debe el Gabo a Samuel. Como le debe al indigente borrachín que se birló la pluma de la escultura de Miguel de Cervantes recién inaugurada frente a la Torre del Reloj, en plena ciudad amurallada. Pasaron sólo 17 horas desde que el Rey y Uribe estuvieron allí, achicharrándose para dejar aquello inaugurado, y las 4:00 de la madrugada, hora en que el indigente se llevó la pluma de bronce para cambiarla por una botella de aguardiente. Lo atraparon y devolvieron el adminículo al manco de Lepanto, asegurándolo para que no vuelva a ocurrir algo semejante. Aunque, bien mirado, ¿para qué necesitaba una pluma si era manco? Caparrós añadió algo acerca de la crónica: es un intento siempre fracasado de atrapar "el tiempo en que uno vive". Quizás eso sea su mérito y su atractivo. Sin ir más lejos, Cartagena de Indias y los colombianos que la habitan son inatrapables. Quien más se ha acercado en su persecución infinita es el autor de El amor en los tiempos del cólera. Pero este señor se ha vuelto demasiado exitoso con la edad, lo cual, a su vez, lo hace in






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