Ética, poder y comunidad

Por Venezuela Real - 30 de Marzo, 2007, 23:59, Categoría: Cultura e Ideas

DANIEL HERNÁNDEZ
El Mundo
30 de Marzo de 2007

Siguiendo a Enrique Dussel consideramos que sólo puede ser un acto ético aquel que contribuye inequívocamente a la producción, reproducción y desarrollo de la vida humana plena, vital y gratificante, del sujeto social ético en comunidad. Conclusión, la ética no es una abstracción, simple invocación retórica que reclama una normatividad de cómo "deberían ser las cosas", como cuando se reclama la honestidad del funcionario público.

Por el contrario, lo ético, aunque tiene unos principios universales siempre es una acción práctica, concreta, diferenciada en cada campo de la actividad del sujeto. Sea en el campo de la economía no especular, porque tu ganancia extra es una cuota extra de hambre y sufrimiento de muchos. En lo político no engañarás a tu prójimo valiéndote de su confianza, como cuando el político utiliza el poder entregado por la comunidad para obtener privilegios que la destruyen. Por eso, la ética no es ni una abstracción ni una acción carente de contenido moral. La ética es una acción consciente. Aristóteles tiene razón cuando dice: las virtudes morales e intelectuales educan el carácter. Es el mismo principio que afirma Bolívar con su "moral y luces son nuestras primeras necesidades", que hoy tomamos como tercer motor constituyente. No hay ética como conducta práctica virtuosa sino existe una razón humanista, solidaria y crítica que la guíe.

Pero la acción es siempre de un sujeto social, aunque sea aislada, pues lo social es intrínseco al sujeto. Es una acción que sólo puede tener su origen en la comunidad. Nadie podría sobrevivir sin un núcleo familiar que lo acoge afectivamente y lo informa y forma a través del lenguaje y conductas modelativas. Es en, y a través de la comunidad donde se afirman los vínculos que permiten la defensa de la vida, su producción, reproducción y desarrollo.

Las fuerzas necesarias para garantizar este proceso constituyen la potencia de la comunidad. Una potencia necesaria para poder garantizar la vida que se transforma en poder político cuando se organiza y unifica en una dirección. Cuando una comunidad deja de ser simplemente el espacio geográfico donde transcurre la vida, unida por los lazos de las vivencias y las historias comunes, es decir, por la cultura, y se traza objetivos trascendentes de la vida, se transforma en una comunidad política, unida por una voluntad de vivir que se realiza en la transformación de las condiciones heredadas y que se propone construir condiciones favorables para el futuro de sus hijos. El sujeto social se transforma en la transformación de su comunidad y de la sociedad. Lo político es la organización, la unidad y la concienciación de esas potencias para garantizar el florecimiento de la vida en condiciones cada vez más favorables. La democracia es la garantía de participación de todos en la definición de estrategias y toma de decisiones para construir ese presente y ese futuro.

La comunidad es la fuente originaria, principio y fin del poder político, entendido como vivencia, pues es el espacio en el que se comparten experiencias y ternuras, donde se forjan los sueños y se forman y fortalecen las convicciones, donde se tejen solidaridades y propósitos que unifican la voluntad de vivir. La comunidad elige, delega su poder originario en aquellos que supone sus mejores hijos y que, por tanto, merecen su confianza. Pero la falta de convicciones hace que muchos sucumban ante la lógica del poder perverso del capital, que no es un poder para la vida, sino para aniquilarla. El delegatario del poder rompe sus vínculos con el origen de ese poder, con la comunidad. Se considera él mismo el poder, un poder autorreferente, que ya no tiene como sostén la comunidad, que perdió todo sentido y se realiza sólo en función del interés personal, grupal, partidista, de clase, de casta. Toda ruptura de este vínculo con su origen, es decir, con la comunidad y sus intereses, hace que todo actor delegatorio y, por tanto, obediente a quien lo constituye como poder, corrompa lo político. La política deja de servir a la vida, la democracia a la participación y todo vestigio de ética desaparece.

Lo peor no son los privilegios y el saqueo de bienes que realiza el político corrupto, es el aniquilamiento de la comunidad, es la negación de la vida. Ésta es la principal amenaza de la revolución. Comprender y poner en práctica los motores es una necesidad perentoria.





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