Hablar claro a Chávez

Por Venezuela Real - 30 de Marzo, 2007, 18:49, Categoría: Testimonios

Rafael Poleo
Revista Zeta
16 marzo 2007


La opinión opositora ha necesitado varias derrotas para entender que el chavismo es algo más que un alzamiento de recogelatas, pero esto es excusable si se considera que el propio chavismo, en una suerte de autodesprecio, asume con parecida liviandad su responsabilidad en el destino nacional.

El chavismo puede desplomarse en la próxima etapa del proceso político. A ello conducen sus gigantescos errores. Pero seguirá siendo por mucho tiempo el movimiento determinante en la política venezolana, como una vez lo fue Acción Democrática, el partido histórico que le entregó a Chávez la adhesión de las mayorías populares.

Así como AD por cuarenta años pautó a Copei a modo de contrafigura histórica, los partidos que hoy se oponen a Chávez no tienen razón de ser sino como adversarios del chavismo. Un Nuevo Tiempo es una mezcla heterogénea de intereses contradictorios unidos sólo por su oposición al régimen. Primero Justicia -sobre todo al perder a personalidades que le ampliaban el horizonte social-, es un movimiento de resistencia clasista a la rebelión de los pobres excluidos por el antiguo régimen. AD y Copei están en un proceso de reconstrucción interesante pero cuyo resultado está por verse. De modo que sobre el tapete sólo hay la proposición que el chavismo haga. Sobre esa proposición no hay claridad. Puede ser el modelo cubano que el presidente elogia o el “cambio social profundo en democracia y libertad” de que habla José Vicente -con apoyo de personalidades civiles y militares ligadas al chavismo. Otra alternativa es entre el aparato de poder sometido a la voz de un hombre como supone el modelo de partido único y un movimiento plural con el objetivo común de un cambio en la estructura y la mecánica social del poder. Todo eso está en discusión dentro del chavismo, que es donde cuenta. Es allí donde ocurre la política real, de modo que los dirigentes chavistas son los únicos responsables de todo lo bueno o malo que ocurra en y a consecuencia de este proceso histórico donde ellos son los únicos factores.

Simplemente cobardía

Esta responsabilidad histórica del chavismo se decidirá en los próximos meses. El pronóstico es inquietante. Después de todo, los chavistas no son suizos. Su conducta presenta los mismos vicios que frustraron las oportunidades de este país a partir de los años setenta. Es que los chavistas no cayeron del cielo. Suele pasarse por alto que el meollo chavista es copeyano -o más exactamente anti-adeco-, desde la familia Chávez hasta el movimiento de militares gestado en la Academia y protegido en el Ejército por los generales anti-adecos mimetizados en el Alto Mando del régimen que se rindió con armas y bagaje entre 1998 y 1999.

El estigma socio-cultural que el chavismo hereda del régimen anterior es la sumisión perruna al dirigente en cuyas manos se pone no sólo la suerte de cada dirigente o aspirante a serlo, sino el destino de la república. Si se quisiera buscar una sola debilidad a la cual atribuir el derrumbe de Acción Democrática -y con ella de la democracia iniciada en 1958-, este testigo de su tiempo escogería esa cobardía, la cual conoció “en vivo y en directo” en los más altos niveles de Acción Democrática. Allí, frente a mis narices, vi el miedo a Carlos Andrés Pérez en hombres objetivamente superiores a él salvo por esa característica hitleriana de la ignorancia audaz y la absoluta ausencia de escrúpulos. Esta cobardía fue la tónica en los dos gobiernos de Pérez. En el primero, todos -salvo los contratistas, cuyos intereses llegaron a determinar la línea del partido-, adversaban el endeudamiento que se convertiría en adicción fatal de las finanzas públicas. Pero sólo este humilde cronista, entonces poco escuchado, y cumbres éticas e intelectuales como Pérez Alfonzo, lo expresaron en público o siquiera en una reunión de partido. En el segundo perezato, era general opinión que la transformación en partido neo-liberal era la liquidación de Acción Democrática como movimiento popular. Pero nadie tuvo valor para decírselo seriamente a Pérez*.

En esta nueva edición de la tragedia, a Chávez hay quien le discuta, pero no dentro de su partido. José Vicente Rangel se ha excluido en el momento preciso, un mes antes de la derrota decisiva. Podemos, el PPT y el PCV se han alzado simultáneamente, batiéndose por sus vidas. Eso tendrá su influencia, pero no decidirá, porque ocurre fuera del meollo chavista, único ambiente donde las condiciones permiten el ejercicio de la política efectiva. Solamente los civiles presentes en el círculo íntimo del presidente y los militares, activos o no, a quienes él puede sentirse obligado a escuchar, pueden impedir el desastre del movimiento y del país.

Hablemos de desastre

¿Por qué digo desastre? Porque la alianza estratégica entre Brasil y Estados Unidos es desastrosa para Venezuela. Esto se puede expresar de varios modos. Se puede afirmar que ha fracasado el objetivo fundamental de Chávez desde que llegó al poder. Se perdieron los ingresos de estas vacas gordas y el monto de un considerable endeudamiento. Esfuerzos y dinero se fueron por un albañal cuando Lula, después de haberle exprimido a Chávez contratos como el del Puente Sobre el Orinoco, un buen día amaneció anunciando que el Brasil, ni pendejo, enlaza su futuro al de los Estados Unidos de Norte América.

A los lectores de estas crónicas que puedan excluirse del epígrafe que las distingue -esa frase de Gide sobre la necesidad de interminablemente repetir lo dicho-, no hará falta recordarles que hemos venido insistiendo en la habilidad, si se quiere diabólica, conque Lula ha venido manipulando al ingenuo presidente de Venezuela. Sobre esta ingenuidad hay que insistir, incluso porque al atenuar la culpa ética de Chávez facilita una corrección en esta marcha hacia el desastre. En su hora dijimos que la influencia de Chávez en Bolivia es fatal para su proyecto, porque le antagoniza irreversiblemente al Brasil, para el cual es vital influir en Bolivia. Chávez pensó que entregando contratos gigantescos a los amigos de Lula haría olvidar al Brasil sus objetivos estratégicos. ¡Tamaña ingenuidad! Lula se lo comió y se lo bebió, y después hizo lo que siempre pensó hacer. No podía ser de otra manera, en el caso de Brasil como en el de toda América Latina con excepciones específicas y poco relevantes. La alianza de Argentina con Chávez conviene a Estados Unidos porque los préstamos de Venezuela a Kirchner son para pagar deuda internacional que Estados Unidos daba por perdida. El detalle de Bolivia sabrá resolverlo Brasil una vez que Chávez haya cubierto las necesidades más urgentes del país andino. Por parecidas razones, a Estados Unidos no le molesta el acercamiento de Chávez con Ortega, a quien esperan en Washington una vez que haya ordeñado la vaca barinesa.

La debilidad del proyecto chavista y la incapacidad del equipo se evidencian en el sigilo conque Washington y Brasilia montaron su guiso y la sorpresa de Caracas cuando la garra de Lula se prendió de los “love handlers” de Bush –véase foto. Si Chávez hubiese sospechado que le iban a echar esa vaina, para responder hubiera montado algo menos patético que ese mitin de linyeras en un suburbio de Buenos Aires. Sin esperar la cuenta de ocho y el descanso en la esquina, aún turulato, Chávez salió a persuadir a Lula de que la vida con él sería mejor que con el mercado norteamericano. Es no sólo una sobrevaloración de sí mismo y una subvaloración de esa maraca de político y estadista que es el brasilero, sino esa desesperante pretensión de que los Estados serios se muevan por pasiones y no por intereses. Cuando Lula toma la decisión que tomó lo hace previo respaldo de todos los factores de poder de su país, incluida la Oposición eficaz, que no es la de izquierda radical. Y era lo único que tenía que hacer porque la dependencia energética es la única debilidad real del poderoso Brasil. Cosas que Chávez, obstruido su entendimiento por odios con pretensiones de proyecto ideológico, está psíquicamente incapacitado para entender.

Hablarle claro al jefe

La dirección chavista tendría que manejar esta situación con menos retórica y más responsabilidad. Incluso pensando en la propia supervivencia. La alianza estratégica entre Washington y Brasilia cambia definitivamente el mapa del poder en este continente, como en la Europa unida lo cambió el entendimiento entre Paris y Bonn. Es una realidad ineludible e irreversible a la cual hay que acomodarse. Todo el mundo lo hará, incluida Cuba y, por supuesto, Argentina, Bolivia y Nicaragua, una vez que evalúen el cuadro y Estados Unidos les ofrezca lo que poco le cuesta, dadas las modestas dimensiones y escaso potencial de estas economías.

Eso se lo deben decir a Chávez con lealtad y sin miedo. Es la responsabilidad de un partido de Gobierno. Con ello demostrarán que no son el partido de recogelatas que una vez se creyó, sino que ahí tienen estadistas capaces de apreciar objetivamente una situación, ciudadanos honestos que pueden expresarse a contrapelo del poderoso cuando el destino nacional está en juego, y hombres serios que pueden expresar sus puntos de vista sin asustarse ni ofender. Si el golpe no ha hecho perder a Chávez su equilibrio psíquico, puede que aprecie la honestidad de sus amigos. Como ya he dicho: que se salve Chávez si con ello se salva la república.

 En enero de 1970 se reunieron en mi casa dirigentes nacionales de Acción Democrática, incluido su Secretario General, para evaluar la situación después del alzamiento popular en febrero del año anterior y la conspiración de militares jóvenes frustrada hacía unas semanas. Abrí la conversación diciéndoles que el programa económico de Pérez era el fin de la hegemonía de AD como gran partido popular y que el futuro de cada uno de ellos era el de envejecer excluidos del poder. Todos estuvieron de acuerdo y así lo expresaron Humberto Celli (Secretario General), Lewis Pérez (Presidente de la Comisión de Defensa), Héctor Alonso López (máxima figura juvenil) y Reinaldo Figueredo (Ministro de Secretaría de la Presidencia). Se me preguntó qué hacer. Les dije que hablarle con seriedad al presidente Pérez, planteándole lo que para Acción Democrática y el país significaría el proyecto inviable de cambiar el modelo económico por terapia de choque. Se acordó hacer otra reunión ampliada a dirigentes regionales. Pero... Pérez lo supo, llamó y regañó a algunos de los convocados y éstos no se atrevieron a tocar más el tema. Así les fue.





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