Latifundio, historias viejas

Por Venezuela Real - 8 de Abril, 2007, 10:45, Categoría: Economía

SIMÓN ALBERTO CONSALVI
El Nacional
08 de Abril de 2007 

El primer libro sobre el problema agrario en Venezuela fue escrito en 1937 por Miguel Acosta Saignes, mi muy querido y admirado director de la Escuela de Periodismo de la UCV. Se tituló Latifun dio, y tiene una historia singular que vale la pena relatar.

En primer lugar, fue redactado en la clandestinidad como parte del gran esfuerzo de los militantes del PDN por analizar, comprender y echar las bases de una doctrina democrática. MAS estuvo entre los 47 intelectuales de izquierda expulsados por López Contreras aquel año. Se mantuvo un tiempo en la clandestinidad, pero finalmente viajó a México en cumplimiento de la pena. Rómulo Betancourt le escribió el prólogo, era otro de los 47, y estaba también en la clandestinidad.

Acosta Saignes le entregó los originales a Juan de Guruceaga, el gran editor. El obstáculo era claro, MAS no podía firmar la obra. Entonces, un amigo común, otro profesor mío, José Fabbiani Ruiz, aceptó figurar como el autor de Latifundio. MAS viajó a México y no se enteró que esta iniciativa seguía su proceso. Allá entregó sus originales a Salvador de la Plaza, quien lo editó en la Editorial Popular en 1938, pero sin el prólogo, por razones comprensibles. Así, simultáneamente, salió Lati fundio firmado por dos autores. No pocos debieron sorprenderse al leer la edición caraqueña suscrita por un ensayista como JFR, ajeno a tales menesteres.

En 1987, la Procuraduría Agraria Nacional, a cargo de Aura Loreto de Rangel, reeditó La tifundio, con introducción de MAS (donde refiere las aventuras de sus papeles) y, al fin, el prólogo de Betancourt. Es un libro referencial. RB dijo: "Este libro de Acosta Saignes insurge contra el esquematismo simplista. Analiza con método universal, pero con ojos y estimativa venezolanos, el problema de la tierra". "En la historiografía venezolana sobre el tema, (escribió Héctor Silva Michelena, en el 87) esta obra marca un hito singular. (...) En primer lugar, se trata de un libro pionero, uno de los muy raros que, para la época, sostenía la tesis de que lo esencial del latifundio no consiste en su extensión territorial, sino en el tipo de relaciones sociales que en el mismo prevalecen. Estas relacio nes revisten diversas formas de dependencia perso nal, que significan otras tantas formas de explotación de la mano de obra.

En segundo lugar, el libro es testimonio de un esfuerzo considerable por analizar científicamente y medir la dimensión de un fe nómeno crucial en la vida nacional y latinoamerica na.

Este esfuerzo de medición resalta aún más cuando se toma en cuenta la escasez de la informa ción estadística entonces disponible, particularmente las referentes a las zonas rurales".

70 años después, los planteamientos de Acosta Saignes mantienen su validez en las cuestiones sustanciales, pero sobre todo testimonian la sensibilidad, lucidez y pasión de los jóvenes del postgomecismo. Unas veces el problema fue abordado con orden y concierto, sin la bullaranga sospechosa que desacredita la iniciativa. Otras, el latifundio fue una bandera demagógica. Durante la Guerra Federal se tocó marginalmente el problema. Entonces Venezuela tenía una superficie de 1.500.000 kms., y una población de 1.500.000 habitantes. Uno por kilómetro, y, sin embargo, la guerra fue "por la tierra".

Desde las sabanas de Barinas, el 25 de marzo, dentro del inmenso hato Callejas, el Presidente de la República anunció la expropiación de 16 predios, a su decir, improductivos. Un total de 330.796 hectáreas, en la jornada. En el hato Morichalito descubrieron avionetas y rústicos escondidos bajo el follaje, una pista milagrosamente ¡clandestina!, y la certidumbre de que armas y narcotráfico campean en la zona.

Van hacia los 5 millones (se dice) las hectáreas expropiadas. Nadie con buen juicio defiende la pervivencia del latifundio. No obstante, expropiar es lo más expedito del rompecabezas. El país carece de información precisa sobre las tierras expropiadas, de cómo y a quiénes han sido asignadas, cuánto ha gastado el Estado en compensaciones y cuánto invierte en subsidios. Están ocupadas por los Comandos Zamoranos, no "aptos" para el trabajo. El país vive de la importación y de la retórica. Mientras tengamos presupuestos de vacas gordas, el esquema "socialista" podrá mantenerse: latifundios con otro nombre.

La revolución del trueque: un vaso de chicha por uno de guarapo fuerte. Historias viejas que ilustran cómo le damos vueltas a la noria y cómo nos deslumbran los artificios.

Latifundios con "moneda comunal", ¿como los "vales" de los antiguos peones?.






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