Maye Primera Garcés
TalCual
09 de Abril de 2007
La imagen de Daniel Ortega y Sergio Ramírez —ambos acodados sobre la baranda de una tarima, sonrientes, como en una cuña de dentrífico— pobló las calles de Nicaragua en la campaña electoral que convirtió al primero presidente y al segundo, en vicepresidente de República en 1985. En sus memorias de aquellos años, que publicó con el título de Adiós, muchachos, Ramírez cuenta que si algo le faltaba el día en que fue tomada esa foto eran razones para reír: era el mismo día en que su hijo mayor marchaba como soldado de uno de los tantos batallones de jóvenes que combatieron a la contra en defensa de revolución sandinista, era la guerra. En las postales de hoy de Sergio Ramírez, Daniel Ortega ya no es “compañero” y la revolución es un proyecto enterrado. Cuando dejó la vicepresidencia de Nicaragua, para él se abrió de nuevo el capítulo de la literatura y el de la política se cerró para siempre.
Ramírez comenzó su carrera de escritor a los 20 años, con la publicación de una compilación de sus cuentos. En 1988, su obra Castigo divino mereció el premio internacional de novela Dashil Hammet. En 1998, otro de sus libros, Un baile de máscaras, recibió el premio Laure Bataillon, como mejor novela extranjera publicada en Francia.
Y ese mismo año fue honrado con el Premio Alfaguara de novela por Margarita, está linda la mar.También ha publicado sus Cuentos completos (1998) ; Catalina y catalina (2001) ; Mentiras verdaderas, sobre la creación literaria (2001) ; Sombras nada más (2002) ; Mil y una muertes (2004) ; y su más reciente libro de cuentos, El reino animal (2006).
La mañana de esta entrevista, una señora-poeta le revela a Ramírez que por estos días terminó de leer “Adiós, muchachos”. En éstas, las únicas memorias que ha escrito hasta ahora sobre el sandinismo, Ramírez retrata el auge, la defensa y la caída de la revolución y sus principios, y cuenta, sobre todo, la decepción. “¿Y seguro que no hay allí un poco de ficción?”, le pregunta la señora poeta con sonrisa cómplice de literata. “No, señora... le juro que no”, responde él, y pasa a otros temas:
“Me parece que estamos en un mal momento en América Latina porque no sólo en Venezuela, sino en otros países como Nicaragua, el modelo autoritario que se está desarrollando conlleva, por un lado, la pretensión de los gobernantes de quedarse más tiempo o para siempre en el poder. En Nicaragua se está reformando ahora la Constitución para que Daniel Ortega pueda reelegirse, lo mismo está ocurriendo en Bolivia, y al mismo tiempo eso conlleva a la intolerancia frente a la crítica y a la opinión independiente. No estamos frente a un modelo neo socialismo, sino frente al viejo modelo autoritario que ha sido siempre tan dañino para América Latina”.
— Además, al menos en el caso de Venezuela, se trata de un modelo socialista que se viste de militar.
—Conocimos un socialismo nacionalista en los años cincuenta, al final de la descolonización:
el gobierno de Gamal Abdel Nasser en Egipto terminó con una monarquía, nacionalizó el Canal de Suez. Fueron momento ejemplares o estelares en la historia del Tercer Mundo. Pero hoy en día, para mí, el modelo socialista se debería medir por su institucionalidad democrática y su tolerancia, eso es lo único que me daría la medida de que se trata de un socialismo humanista. Porque cuando desde el poder se asume una idea exclusiva de que mis ideas valen y las demás son despreciables; de que yo soy revolucionario y los demás son contrarrevolucionarios; de que yo tengo la razón y a los demás hay que reprimirlos porque no tienen la razón; de que yo soy el benefactor y los demás hacen daño con lo que piensan o lo que hacen, entonces ese es el viejo modelo autoritario.
— Algunos de los dirigentes que militaron con Chávez el principio de su gobierno creen que llegó a Venezuela ese momento del “Adiós,muchachos” que usted describe en su libro, el de la oportunidad de cambio que se perdió. ¿Cómo lo ve usted desde fuera?
—No repruebo la intención de muchos intelectuales de adherirse a un proyecto que prometía rescatar a un país que como Venezuela tenía un sistema político hundido y se podía presentar la alternativa de algo nuevo. Pero hoy en día, efectivamente, muchos amigos míos están decepcionados de la falta de tolerancia, sobre todo, del gobierno.Y es lo mismo que ha ocurrido en Nicaragua con los intelectuales que un día estuvimos del lado de la revolución y hoy no nos parece que el regreso del Frente Sandinista sea lo mejor que le pudo haber pasado a Nicaragua.
—¿Sobre todo de lo que queda de este Frente Sandinista, quiere decir?
—Lo que pasa es que del viejo esquema de la revolución no queda nada.Para mí la revolución es un proyecto enterrado en la historia, en el pasado y hoy es otra cosa muy diferente.Porque la revolución se hizo en base a unos ideales que no sobrevivieron.
El Frente Sandinista es un partido que utiliza los mecanismos políticos tradicionales de América Latina para la búsqueda del poder, avasallando las instituciones, con el control del Poder Judic ial, el control del Consejo de Elecciones, de la Contraloría de Cuentas, de la Asamblea Nacional.Y con la complicidad de (Arnoldo) Alemán acaban de aprobar el acuerdo dentro del marco del Alba entre Nicaragua y Venezuela, que tiene puntos oscuros, según lo ha demostrado la verdadera oposición.
—¿Cuáles son esos puntos oscuros?
—Muchos de esos recursos no van al Estado sino al propio Frente Sandinista. Es decir, los descuentos del petróleo no van al Estado sino a una compañía privada, de la cual el Frente Sandinista es parte.
—¿Existe un estimado de cuánto dinero iría al Frente Sandinista por esta vía?
—Imagínese: son tres millones de barriles de petróleo, como cincuenta o sesenta dólares, serían unos 150 millones de dólares. El 40% de ese monto, que es el descuento, es plata que no va al Estado sino a esta compañía que lo va a administrar.Y de todas maneras, esta es una deuda del país.
— Como es evidente, el gobierno venezolano ha querido hacer la revolución en la región a fuerza de petróleo. ¿Pero por cuánto tiempo se puede sostener esto?
—Sí, esta es una diplomacia con la chequera en la mano, pero que creo que no está acorde con lo que el país necesita. Ahora Venezuela va a donar a Nicaragua 600 mil cocinas del gas, con chimbos (bombonas) de gas de 25 libras. Eso significa darle una cocina a cada nicaragüense, prácticamente, porque en Nicaragua hay un millón de familias.Y eso me parece que está muy bien. El problema es cuando esas 25 libras de gas se terminen. ¿Cómo las va a comprar la gente? ¿Les van a seguir donando 25 libras de gas cada dos semanas? ¿Dónde está el poder adquisitivo para resolver el problema de que todo el mundo pueda cocinar con gas? ¿Venezuela se va a hacer cargo de eso? Se supone que yo como nicaragüense debería estar agradecido con esta generosidad, pero lo que pasa es que no me cuadra dentro de la lógica del desarrollo del país, de lo que el país verdaderamente necesita. La generosidad de dar choca con la lógica de recibir.
— En Venezuela se ha vendido la alianza con el gobierno de Daniel Ortega como la reivindicación de las viejas banderas del sandinismo. Sin embargo, poco queda de los comandantes, que ahora son millonarios ¿cierto?
—De los comandantes sandinistas sólo quedan Bayardo Arce, que es empresario, y Tomás Borge, que también es empresario y que lo han enviado a un exilio dorado como embajador en Perú, porque la mujer es de allí y entonces le han hecho este favor porque no lo quieren ver dentro. Lo que era la vieja dirigencia del Frente Sandinista se acabó: unos están en contra de Daniel Ortega, otros están allí pero no tienen ningún poder político, sino que el poder está exclusivamente en manos de Daniel Ortega y de su mujer. Ellos son los que tienen el 100% del poder.
—¿Y cómo ha caído en Nicaragua la conversión del Ortega y su esposa al cristianismo?
—Es un ardid de poder. Daniel Ortega logró conquistar la adhesión incondicional del cardenal Obando, pero me parece que dentro de un esquema que él no descuida, que es el de dividir: ahora ha dividido a la Iglesia. Es decir, mientras Obando es respaldado por una parte de los obispos, otra parte lo adversa. Así ha dividido a la empresa privada y se ha aliado con algunos grandes empresarios, mientras otros lo adversan. Esto de “divide y reinarás” es una fórmula que le dio resultados en el pasado y que parece que también le está resulta! ndo ahor a.
— Más allá de las diferencias que hay entre quienes han capitalizado los votos de la región, ciertamente hay una tendencia del electorado de América Latina de elegir fórmulas de izquierda de diverso matiz...
—En América Latina no se puede hablar de un solo modelo.
Nada tiene que ver la señora Bachelet con Chávez o Chávez con Lula. Son modelos diferentes, de acuerdo a realidades diferentes.
Brasil es una economía muy grande, emergente, junto con la India y con China. Es un país donde se conjugan muchos intereses, de manera que un modelo sectario, excluyente no funcionaría, atentaría contra la estabilidad económica del país, que tiene un enorme mercado interno, con muchas fuerzas participando. Parece que Lula, que viene de una escuela socialista muy radical, se ha comportado como un verdadero estadista. Y el verdadero estadista lo que hace es concertar las fuerzas de un país, por distintas que sean, para lograr las metas del desarrollo.Y el desarrollo se logra desde abajo, creando fuerzas productivas, empleo, educación, y no desde arriba, regalando los bienes del Estado.
—¿Cómo cree que las izquierdas que existen en América Latina pueden transformarse para responder a las necesidades de la región?
—La izquierda lo que debe demostrar es que tiene tolerancia, que no es excluyente y que a la par que persigue la reivindicación y que tiene la opción por los más pobres, tradicionalmente abandonados en América Latina, busque fortalecer el marco democrático. Si para favorecer a los más pobres destruye el marco democrático, lo falsifica, desarma el esquema integral de un país y la concordancia que debe haber entre las fuerzas de un país, entonces no va a lograr su objetivo; por el contrario, lo va a atrasar.
• HISTORIA ANIMAL, HISTORIA POLÍTICA
—¿Qué tipo de historias cuenta su más reciente libro, El reino animal?
—El reino animales un libro de fábulas sobre animales, concertada
alrededor de esa extrañeza que tenemos frente al otro; en este caso, el
animal: de cómo lo vemos.Hay historias de ballenas, de focas, de
tigres, de leones, como en mi viejo imaginario infantil de los álbumes
de figuritas de animales que había que llenar. Precisamente, cuando
niño llené un álbum de esos.Y es eso: un libro de fábulas
contemporáneas sobre los animales.
— Pero también hay niños en esas fábulas, niños de la calle...
—Son unos niños que actúan allí con nombres de animales. En Nicaragua,
como también debe pasar en Venezuela, los niños de la calle, huelepega,
terminan perdiendo hasta el nombre y terminan siendo llamados como
animalitos.
— Una de las historias de Todas las familias felices de Carlos Fuentes
también toca esa temática: es acerca de una madre de la calle, que está
por parir un niño de la calle. ¿Son así de duras sus historias?
—Es el mismo problema, sólo que yo lo veo inserto dentro de este
universo de los animales: los niños víctimas de las luchas entre
pandillas, un niño que aparece ahogado en las aguas de una laguna,
niños ladrones, en fin...
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