Tres días que cambiaron el país

Por Venezuela Real - 9 de Abril, 2007, 16:54, Categoría: Oposición/Resistencia

RAFAEL DEL NARANCO
El Mundo
09 de Abril de 2007

Cinco años han transcurrido de aquel cachiporrazo del mes de abril de 2002, cuyas consecuencias siguen aflorando sobre la piel de esta tierra hendida hasta los tuétanos.

Éramos en esa fecha responsables de este vespertino. Se llevaba semanas preparando las estructuras que llevarían al periódico a mudar su viejo look en blanco y negro, y envolverlo en un arcoiris rojo, verde, amarillo y azul: los matices primarios para ver El Mundo en color.

El país venía desde finales del año anterior enmarcado en fuertes protestas convocadas al unísono por la CTV y Fedecámaras, partidos políticos y un sector de la sociedad civil. El oficialismo añadía a esa caterva de desafíos en su contra, la intervención solapada de la Embajada de los Estados Unidos. Venezuela en parte estaba acatando la última huelga general de tres días comenzada el 9 de abril, y en Caracas, aunque el transporte público y el Metro mantenían su servicio regular, las calles estaban semivacías.

Los meses anteriores fueron una lucha de fuerzas entre Miraflores y la oposición. Cada día había un suceso. Marchas cívicas, cacerolazos, concentraciones en la Plaza Altamira y un pacto-acuerdo entre las llamadas fuerzas democráticas, preludio del gran drama recubierto de sangre y muerte que se escenificaría en la Avenida Baralt.

Fue, no hay duda, una tragedia avisada en la que todos los hechos se apiñaron en un punto y convirtieron la angustia y la falta de un diálogo franco, en una pavorosa detonación.

Ese martes, con la idea de contrarrestar el paro nacional de 24 horas convocado por la CTV, Hugo Chávez encadena intermitentemente los canales de televisión y las estaciones de radio creando con ello más malestar general del existente, hasta el punto que las plantas privadas dividen la pantalla en dos mitades.

En una, hablaba el Presidente o miembros de su gobierno; en la otra, dirigentes de la oposición.

La pira estaba comenzando a encenderse con fuerza en las calles, plazas, garitos y avenidas, mientras en el ambiente se palpaba una incertidumbre desesperante. El telón, irremisiblemente, ya estaba levantado y Prometeo, en medio de un escenario espeluznante, anunciaba una tragedia con una ferocidad sin parangón.

Faltaban horas para la gesta épica de unos y la malaventura de otros, y en ese tiempo, Shakespeare reescribiría en Venezuela dos dramas grandiosos: "Macbeth" y "El Rey Lear". El despotismo y la esperanza en medio del odio.

Mañana y el miércoles matizaremos ese confuso hecho esperpéntico.







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