Con el plazo del presidente venezolano, Hugo Chávez, fijado...

Por Venezuela Real - 15 de Abril, 2007, 16:44, Categoría: Prensa Internacional

SIMON ROMERO y CLIFFORD KRAUSS
El Nuevo Herald
April 15, 2007

Con el plazo del presidente venezolano, Hugo Chávez, fijado para este 1ro. de mayo, enfocado a un ambicioso plan con miras a arrebatar de las manos de empresas estadounidenses y europeas el control de diversos e importantes proyectos relacionados con el petróleo, se avizora una confrontación en el horizonte a causa del acceso a algunos de los más codiciados recursos de energía fuera del Medio Oriente.

Al ir más allá de amenazas vacías con respecto a detener todas las exportaciones petroleras a Estados Unidos, algunos funcionarios ya incrementaron la presión sobre las empresas energéticas que operan en el país, advirtiendo que bien pudieran vender refinerías estadounidenses destinadas al procesamiento del crudo venezolano incluso al tiempo que buscan nuevas salidas en China y otras partes alrededor del mundo.

''Chávez está jugando con las mayores empresas petroleras del mundo a ver quién parpadea antes'', dijo Pietro Pitts, analista que publica LatinPetroleum , revista de la industria con base en esta ciudad. ``Por el momento, él está ganando''.

No obstante, este enfrentamiento fácilmente podría terminar con una derrota para todos. Las mayores empresas dedicadas a la energía podrían ser objeto de intensa presión, hasta salir del parche petrolífero más prometedor en el Hemisferio Occidental. Sin embargo, Venezuela enfrenta el riesgo de socavar el motor detrás de la revolución, de inspiración socialista, de Chávez, ya que frustraría su capacidad de transformar la valiosa riqueza petrolífera de la nación, la cual actualmente es mayor, en riquezas a lo largo de los muchos años en el futuro.

A medida que Chávez va afirmando un control mucho mayor sobre la industria del petróleo en Venezuela, su empresa paraestatal del hidrocarburo, Petróleos de Venezuela (PDVSA), ya está dando señales de tensión. Su administración se ha politizado cada vez más, mientras que los recursos para el mantenimiento y el desarrollo se están desviando para cubrir el aumento en el gasto público.

 

A lo largo de las últimas décadas, la carrera por el control de las reservas mundiales de petróleo ha pasado de manera constante de empresas particulares a paraestatales, como en el caso de PDVSA. De acuerdo con un nuevo estudio de la Universidad Rice, 77 por ciento de los 1,148 billones de barriles en reservas probadas en todo el mundo está en manos de las empresas nacionales; 14 de las 20 principales productoras del hidrocarburo están bajo el control del Estado.

Las implicaciones son de un potencial muy severo para Estados Unidos, país que importa 60 por ciento de su petróleo. Las empresas paraestatales tienden a ser mucho menos eficientes e innovadoras, amén de estar mucho más politizadas. No hay sitio que ilustre el cambio en el poder a gobiernos nacionalistas como Venezuela.

''Estamos en un rumbo de colisión con Chávez a causa del petróleo'', dijo Michael J. Ecnomides, consultor petrolero en Houston, quien escribió un influyente ensayo en el cual compara el atractivo populista de Chávez en América Latina con el panarabismo del coronel Muammar al Gadafi, de Libia, dos décadas atrás. ``Hugo Chávez representa una amenaza mucho mayor para la seguridad de la energía de Estados Unidos de lo que alguna vez representó Saddam Hussein''.

Consideren el acertijo que enfrenta Exxon-Mobil luego de que su presidente, Rex W. Tillerson, sugiriera en fecha reciente que la empresa podría verse obligada a abandonar un importante proyecto petrolero en Venezuela debido a sus crecientes complicaciones con Chávez.

El mundo del ramo energético tomó nota. Lo mismo ocurrió con el gobierno de Chávez.

Tan sólo un día después, agentes venezolanos efectuaron un operativo sorpresa en las oficinas de Exxon de la localidad en las torres de San Ignacio, uno de los bastiones de la élite empresarial de este país. El gobierno dijo que la redada había formado parte de una investigación fiscal, pero analistas del ramo de energía dijeron que el intercambio de una amenaza y contraamenaza era demasiado evidente.

La política e ideología están impulsando el enfrentamiento aquí, a medida que Chávez busca ponerle límites a la influencia estadounidense alrededor del mundo, empezando por los yacimientos petrolíferos de Venezuela. Chávez va a la administración de George W. Bush como una amenaza, en parte debido a que brindó indirectamente su respaldo a un golpe de estado que lo removió del poder brevemente, hace cinco años. Sin embargo, Estados Unidos sigue siendo el mayor cliente de Venezuela.

En fecha reciente, Chávez decretó que Venezuela tomaría control de grandes yacimientos de petróleo en el Cinturón del Orinoco, una región al sureste de Caracas con tanto potencial que algunos expertos dicen que podría darle al país más reservas que Arabia Saudita. La Encuesta Geológica de Estados Unidos describe el área como ''la mayor acumulación, por sí sola, de hidrocarburos en todo el mundo'', lo cual la vuelve altamente codiciada pese a las erráticas políticas de Chávez.

Al fijar el plazo del 1ro. de mayo para lo que algunos ejecutivos petroleros consideran una expropiación, el mandatario de Venezuela corre el riesgo de perder a Exxon, ConocoPhillips y otras empresas, las cuales son reacias a poner a sus empleados y miles de millones de dólares en activos bajo el manejo de Chávez.

Un alejamiento de la experiencia e inversión podría debilitar a una industria del petróleo que, de por sí, está agitada debido a la transformación que le hizo Chávez, convirtiéndola en una de las herramientas más cruciales para llevar a cabo su reconfiguración de la sociedad venezolana.

Con los precios del crudo en altos niveles, países ricos en petróleo que son tan dispares como Angola, Noruega y Rusia también están esperando para ver cómo se desarrollan las pláticas. De la misma forma, los gobiernos en Kazajistán y Nigeria están intentando negociar mejores condiciones con empresas petroleras del extranjero. Pero ninguna lo está haciendo con el tinte revolucionario de Chávez.

''Es un momento definitorio'', dijo Christopher Ruppel, analista de riesgo geopolítico de la firma John S. Herold, dedicada a consultoría en el ramo energético.

La semana pasada, Rafael Ramírez, ministro de Energía de Venezuela, envió una gélida señal a las petroleras, diciendo que su país pudiera llegar a vender refinerías en Texas y Louisiana que procesan crudo de los yacimientos petrolíferos de Exxon en Venezuela. Algunos analistas dicen que Venezuela podría estar sentando las bases con miras a producir mucho menos petróleo en empresas conjuntas con petroleras estadounidenses para su exportación a Estados Unidos.

Las empresas petroleras se niegan a ofrecer comentarios en público con respecto a las negociaciones, pero algunos integrantes de la industria dicen que Exxon y Conoco-

Phillips, dos de las mayores empresas estadounidenses en Venezuela, se están manteniendo firmes. Estas empresas, sin embargo, carecen de un frente unido: se anticipa que Chevron acepte las condiciones de Chávez, ya que también está negociando acceso a un enorme proyecto de gas natural en Venezuela.

''Si las grandes empresas quieren negociar un arreglo, tienen que ser capaces de permitirle a Chávez evitar la vergüenza y que dé la impresión ante su pueblo de que él ganó en esta situación'', destacó Michael S. Goldberg, director del grupo internacional de resolución de discusiones de la firma Baker Botts, bufete legal en Houston que representa a muchas de las principales petroleras internacionales.

Con todo, nadie percibe una crisis inmediata en PDVSA. Sin embargo, su abundancia a raíz de los altos precios del crudo enmascara la diabólica complejidad y los crecientes costos de producir crudo pesado.

En el ínterin, la empresa reconoció el mes pasado que el gasto destinado a ''desarrollo social'' casi se duplicó en 2006, quedando en $13,300 millones, al tiempo que su gasto en exploración quedó notoriamente a la zaga de sus contrapartes mundiales. Asimismo, la fuerza laboral de PDVSA se disparó hasta 89,450 empleados, lo cual constituyó un aumento de 29 por ciento respecto al 2001, incluso al tiempo que la producción ha disminuido.

Analistas independientes están alarmados ante un preocupante aumento en las explosiones y accidentes de refinación a lo largo de los últimos dos años, lo cual es descartado por las autoridades como mero sabotaje. Ramírez rechazó varias peticiones para ser entrevistado.

Con el repunte de los cuantiosos subsidios al consumo interno de petróleo, el gobierno gasta una suma estimada en $9,000 millones para mantener los precios del galón de gasolina por debajo de 20 centavos de dólar. Más aún, Chávez usa a PDVSA para financiar otras nacionalizaciones, como su adquisición, por $739 millones, de una empresa de electricidad de servicio público en Caracas, de manos de la AES Corporation.

Se dice que el dinero en efectivo de PDVSA se está acabando, a medida que Chávez usa sus ingresos para cimentar alianzas políticas con Bolivia, Cuba y Nicaragua. La empresa ha pedido prestados más de $11,000 millones desde comienzos del año, lo cual es una rápida acumulación de deuda que refleja una apuesta de Chávez en el sentido de que los precios del crudo permanecerán elevados de manera indefinida.

''El peor enemigo del gobierno venezolano no podría encontrar una mejor forma de destruir la industria petrolera de Venezuela'', dijo un analista extranjero de la industria del petróleo en esta ciudad, quien insistió en mantener su anonimato por temor a las represalias. ``Todo parece indicar que se van a estrangular con su propia soga''.







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