El 13 de abril - Muertes recordadas

Por Venezuela Real - 15 de Abril, 2007, 13:51, Categoría: Política Nacional

El Editorial
El Nacional
15 de abril de 2007

Todos estos días han tejido un espacio trágico que pareciera no tener fin, en la misma medida en que el jefe del Estado revela datos y confiesa cuestiones que en su momento fueron ocultadas a la opinión pública. Esta pésima costumbre de no decir las cosas en su momento ha hecho de la historia venezolana una colcha de retazos, donde acaso si llegamos a conocer un tercio de la verdad de lo acontecido, y 70% de lo imaginado, o más bien recreado copiosamente, por los protagonistas.

Hasta ahora nadie ha dado una versión definitiva de los sucesos del 11 de abril y días posteriores, y por lo que vemos la historia se extenderá a lo Delia Fiallo mientras tenga rating político.

Ahora bien, ¿merece una situación cómo esa, que abrió una herida en Venezuela que permanece abierta y que sangra anualmente, seguir sin que tenga un final? O, al menos, una versión aceptada por todos para ayudar a entender por qué salimos masivamente ese día a enfrentarnos como enemigos furiosos, dispuestos a pasar por encima de cualquier consideración legal o ética, con un sentido práctico de lo político que nadie se esperaba, incluso exponiendo abiertamente nuestras vidas.

Ese momento, sobre el cual coinciden los dos bandos en considerarlo como una "gesta histórica", cosa discutible pero respetable, no puede ser reducido a descalificaciones de ambas partes, ni a mistificaciones o, peor aún, a reconstrucciones hollywoodenses que retan la verdad pura. No se trata de un asunto de taquilla, o de ver quién logra convocar más espectadores para tener éxito. Incluso viéndolo como un juego político, que no debe ni puede ser, la forma como los venezolanos han venido asumiendo esas trágicas jornadas merece un mínimo de respeto y de consideración civil.

Casi que el Gobierno nos pide una sumisión culposa de los hechos como si estuviera en los ciudadanos la responsabilidad de los enfrentamientos armados, y como si la gente que salió a manifestar (de parte y parte) fueran simples peones de organizaciones siniestras y de un ajedrez político internacional, es decir, unos tontos manipulados por fuerzas superiores a los cuales hoy debemos condenar. Pero todo el mundo sabe que no hay nada de eso, y que si se acudió a una medición de fuerzas fue porque el país sintió que debía expresarse rotundamente. Y no era poco lo que estaba en juego: era el futuro, las esperanzas y la imposición de una visión del mundo.

El viernes el Presidente aprovechó la fecha para señalar a Pedro Carmona de haber dado la orden de asesinarlo, siguiendo instrucciones del gobierno estadounidense. "Hay testigos de que Pedro Carmona allí en el despacho presidencial dio la orden de matarme a unos militares golpistas y que trataron de cumplirla al pie de la letra", afirmó el jefe del Estado. Agregó que Carmona dijo en ese momento: "Sí, pero que parezca un accidente". Nuestro mandatario remató su reciente confesión con esta perla: "Mandaron a los asesinos, yo los vi, y los encaré incluso".







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