Tiempo de Palabra

Por Venezuela Real - 15 de Abril, 2007, 17:50, Categoría: Política Nacional

Carlos Blanco
El Universal
15 de abril de 2007

"Entorpecer el olvido puede ser un acto cotidiano de resistencia al alcance ciudadano"

Mentiras blancas

Uno de los requerimientos esenciales de una sociedad totalitaria es el intento de refaccionar la Historia. Los autócratas confían en que pueden arrinconar los hechos y obligarlos a pedir perdón. Creen que la desmesura del poder hará languidecer las voces disonantes. Por eso, tal vez no haya acto más subversivo frente al poder totalitario que impedir la política de la desmemoria. Entorpecer el olvido, hasta derrotarlo, puede ser un acto cotidiano de resistencia que está a la mano del ciudadano.

Golpistas.

El 4 de febrero de 1992 comenzó un golpe militar que condujo a muchísimas muertes. Los soldados y los oficiales subalternos fueron llevados bajo engaño a un alzamiento que significó traición, crimen y destrucción. El 27 de noviembre se repitió la dosis. Muertes, asesinatos a mansalva, decenas de heridos y cientos de vidas arruinadas. El primer responsable de estas muertes es el teniente coronel Hugo Chávez. Quienes nacieron a la vida política empapados de sangre venezolana pretenden torcer la Historia.


Ahora los golpistas no son tales, sino heroicos vengadores de la raza de los pobres. La paradoja es mayor, cuando los responsables han pretendido, a lo largo de los años, convertir en golpistas a los opositores, que, en su abrumadora mayoría, no han hecho otra cosa que manifestar cívicamente su rechazo al gobierno. Debe recordarse, entonces, que los golpistas están en el gobierno.

El Golpe Que No Fue.

Los badulaques del oficialismo han convertido los acontecimientos del 11A en la prueba del golpe opositor. Sin embargo, la historia es otra.


Hubo una gigantesca marcha que se dirigió a Miraflores a exigir la renuncia de Chávez; demanda a la cual los ciudadanos tenían y tienen todo el derecho del mundo. Los asesinos dispararon sobre la multitud que marchaba; el Presidente intentó tapar la matanza con una "cadena" que fue reventada por los canales de TV para impedir el ocultamiento que se pretendía. Chávez ordenó aplicar el Plan Ávila que habría significado una dosis mucho mayor de muertos; los mandos de las cuatro fuerzas -incluidos varios que siguen en el gobierno- se negaron a ejecutar la masacre. En ese momento, Chávez, bajo el consejo de Fidel, decide aceptar la petición militar. Llegó a Fuerte Tiuna por sus propios medios y bajo custodia de sus compañeros, encabezados por Lucas Rincón, quien le anuncia al país que se le pidió la renuncia al Presidente, la cual aceptó, sin remilgos.

El hecho central es que Chávez deja la Presidencia porque los militares se niegan a cumplir una orden criminal. El vicepresidente no aparecía para tomar el cargo. Sólo Iván Rincón, presidente del TSJ, coqueteó con la idea de ser Presidente, pero le dio catarro. Se hizo el vacío de poder y las fuerzas "vivas" optaron por Pedro Carmona. En ese proceso fueron excluidos la CTV, el sector disidente del gobierno comandado por Luis Miquilena, los partidos políticos, y otros grupos, por lo cual el derrumbe se hizo inevitable después de los famosos decretos que dejaban al proto-gobierno de Carmona sin ninguna base de sustentación. Chávez no salió por un golpe sino porque renunció.

Los Pistoleros.

Cabe recordar el impacto causado por aquellos sujetos disparando desde el puente de Llaguno contra la manifestación que avanzaba a Miraflores. La Venevisión de entonces le informó al mundo quiénes disparaban, desde dónde y cómo.


A los pocos días los autores de los disparos eran identificados y detenidos. La convicción de la opinión pública, chavistas incluidos, fue que se estaba en presencia de criminales, sin atenuantes. Lentamente, primero, y después en forma acelerada, el gobierno cambió la historia: los convirtió en heroicos próceres que estaban poseídos de un legítimo impulso de defensa del régimen, hasta llegar a su status actual, el de héroes inmarcesibles de una revolución que estuvo en peligro. No ha de creerse que es sólo por la impagable labor de aquel 11 de abril de 2002, sino porque es la manera en la cual los responsables de las muertes de 1992 se liberan de sus crímenes, liberando a otros. La verdad verdadera es que la manifestación opositora fue masacrada a discreción por el fuego bolivariano.

Millones en la Calle.

La mentira más ignominiosa es la de que millones se lanzaron a la calle a reclamar el retorno de Chávez el 13 de abril. Es falso. La casi totalidad de los dirigentes del MVR se escondió. Los del PPT y algunos grupos fueron y llamaron a ir a Miraflores. No asistió casi nadie, de lo cual hay testimonios gráficos elocuentes. Sólo después que se anunció que Chávez regresaba de La Orchila, reaparecieron los del MVR y se reunió una manifestación en las afueras del Palacio. La verdad es que a Chávez lo hace retornar el mismo que le había desobedecido: el general Vásquez Velasco; todo lo demás son idioteces.


El Revolucionario.

Chávez es un militar de izquierda, audaz, inteligente y muy ignorante. No es de cuestionar su propósito de construir una revolución socialista dentro de la perspectiva precámbrica de Fidel Castro; sin embargo, si se observa con detenimiento, Chávez no sabe, con rigor, de qué se trata. Si se tropieza con Heinz Dieterich habla en alemán; si más tarde toma el té con la Marta Harnecker, entra en las catacumbas del marxismo althusseriano; si escucha hablar de Chomsky, no tardará en comenzar a tartamudear sobre la gramática generativa. Confunde justicia social con socialismo; llama neoliberal a toda política diferente a la suya. Salta en los libros de solapa en solapa con la sola autoridad de su rango militar.


Debe aclararse que no es inofensivo.

Destruye a más y mejor, pero no construye nada sólido. Quiere jugar con la Constitución; recibe su juguete y al poco tiempo quiere uno nuevo. De pronto, retoza con el "lego" del TSJ, lo arma, y ahora le dio por desarmarlo. Construye conceptos al voleo: los que roban lo hacen por ser pobres; la riqueza es mala; querer tener carro y casa es consumismo degenerado; regala Miraflores para una universidad y La Carlota es un parque caraqueño; y se quita el nombre si sigue habiendo niños de la calle; y Perón es la figura a seguir cuando está en Argentina y Mao es el héroe del día si está en China. Sin olvidar al cariñoso Mugabe, el asesino de Zimbabue.


Por supuesto que tiene un proyecto, sólo que inviable. De lo cual va resultando que su proyecto real profundo es la construcción permanente de su estatua, tamaño Saddam. Al final, Chávez lo que ha logrado producir hasta la fecha es un militarismo fascistoide, con un discurso de izquierda. Lo que han producido siempre los militares latinoamericanos metidos a redentores. En su intento hacia el siglo XXI ha regresado a la cueva de Odría, Velasco Alvarado, Nasser, Perón y otros de esa estirpe. Uuuggghhh! Aaaggghhh!







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