El tercer motor: La Educación Socialista

Por Venezuela Real - 18 de Abril, 2007, 9:42, Categoría: Política Nacional

ASDRÚBAL AGUIAR
EL UNIVERSAL
18 de abril de 2007

Este motor hace ruido para que la gente sepa que no hay vuelta atrás

La educación popular, nombre inicial del tercer motor de la revolución socialista, titulado luego Moral y Luces con una precisión nada ingenua: "educación en los valores socialistas", intenta concretar la idea del "hombre nuevo" con vistas al Socialismo del Siglo XXI.

La idea no es original de Hugo Chávez y sí un plagio de la expuesta mucho antes por el Ernesto Guevara, el Che, quien sostuvo en 1965 que una revolución sólo es auténtica cuando es capaz de crear un "hombre nuevo": como vendría a serlo, para él y con apoyo de la técnica, el hombre del siglo XXI.

En Chávez existe conciencia, pues, en cuanto a que su modelo revolucionario no encaja ni encarna, adecuadamente, en nuestra "sociedad". Hábitos, atavismos, tradiciones y modos de ser arraigados, que nos vendrían desde el tiempo inicial de la República y afirmados durante el tiempo real de su existencia como República: el siglo XX, representarían un impedimento para el propósito de insertar su pensamiento único y su visión unilineal de la política en nuestra realidad, que no se condice con el carácter plural o mejor huidizo, inestable y hasta anárquico del hombre y la mujer venezolanos.

Sea lo que fuere, la Constitución de 1999 ensayó de forma sibilina - pues los líderes y seguidores del golpe del 4 de febrero de 1992, repitiendo al Castro de la Sierra Maestra, no hicieron evidentes sus convicciones - los primeros insumos normativos para el avance hacia el objetivo predeterminado: mudar la sustancia de Venezuela y empujarla hacia el modelo de sociedad anhelado por algunos de nuestros líderes de antaño, sostenidamente frustrado por la realidad terca, y esta vez de regreso por la revancha: el comunismo, a secas.

Veamos la lectura de este texto fundamental.

Su artículo 2 lleva incorporada una prescripción decidora: El Estado tiene como fines esenciales la defensa y "el desarrollo de la persona humana". El desarrollo de la personalidad, que en la democracia y en toda sociedad donde la dignidad personal sujeta al Estado y es responsabilidad del propio individuo, descansando primeramente en él y sucesivamente en su familia, contando con el apoyo instrumental - si cabe - del mismo Estado, en la Constitución Bolivariana opera de un modo inverso: es asunto del Estado, léase del Gobierno en pocas palabras, quien como tutor impuesto modela al ciudadano, su pupilo, a la luz del credo oficial.

Este predicado se entiende mejor una vez como se le aprecia de conjunto al artículo 102 constitucional, que consagra el derecho humano a la educación, explicado de manera ortodoxa e interesadamente en la Exposición de Motivos de la Constitución.

Para el constituyente bolivariano, así, la educación es derecho pero preferentemente servicio público del Estado, dispuesto para "desarrollar ... [en] cada ser humano ... el pleno ejercicio de su personalidad [y para su] participación activa, consciente y solidaria en los procesos de transformación social, consustanciados con los valores de la identidad nacional".

Y tales valores son, como lo revelan la Exposición de Motivos citada y el artículo 1 inaugural de la Constitución, los insertos en la doctrina de Simón Bolívar, que aquella, al situarla como eje de la educación por el Estado y para la fragua de la personalidad humana de cada venezolano, denomina "ideario bolivariano".

La conclusión no se hace esperar.

El "hombre nuevo" fue imaginado por Chávez, en 1999, como un "bolivariano" quien alcanzaría su madurez dentro de lo bolivariano y quien al participar, política y socialmente, se hace parte de lo nacional en tanto y en cuanto sea bolivariano.

Desde entonces se instaló en Venezuela el pensamiento único, cuyo último intérprete pasó a ser el Estado y no su destinataria, la gente, apenas libre para reflexionar dentro de un pensamiento predeterminado y postizo.

No huelga observar que a falta de tales presupuestos no se explicaría el carácter invasor de la célebre ley de contenidos o Ley de Responsabilidad de Radio y Televisión, que ha homogeneizado la programación de los medios radioeléctricos mediante cuñas y cadenas "revolucionarias" sostenidas aparte de concitar la autocensura.

Tal ley, empero, hace eficaz y con vistas al cometido de moldear la personalidad humana del hombre nuevo y socialista, las normas de los artículos 101 y 108 de la Constitución Bolivariana, a cuyo tenor: "Los medios de comunicación social tienen el deber de coadyuvar a la difusión de los valores... y contribuir a la formación ciudadana [bolivariana]", y no otra.

Así las cosas, quien estudie la Constitución de Cuba, sancionada en 1976, observará como la guía inicial de su modelo es martiniana - como la nuestra es bolivariana - y marxista como lo será la nuestra, una vez dictada la reforma constitucional.

El Estado cubano, como lo indica su Constitución en el artículo 9, también tiene la atribución de desarrollar la personalidad humana. Es quién "realiza la voluntad del pueblo... y afianza la ideología". La enseñanza, allá, es función del Estado y aquí, entre nosotros, servicio público del Estado. Allá se fundamenta, lo repito, en "el ideario marxista y martiniano" y aquí, en Venezuela, en el "bolivariano", hasta tanto alcancemos, por lo pronto y "por ahora", el estadio socialista.

En La Nueva Etapa, El Mapa Estratégico de la Revolución, de 2004, Chávez explica sin rodeos todo lo anterior y desarrolla, ampliándolo, el contenido y la finalidad del pensamiento único fijado en 1999 y denominado socialista desde 2007.

En ella, a título de premisa, arguye que "no son los hechos, no es la superficie lo que hay que transformar, es el hombre". Y de allí los objetivos precisos: Formar e identificar a "la población con los valores, ética e ideología de la Revolución Bolivariana... y en los principios militares de disciplina, amor a la patria, y obediencia" y al efecto "potenciar las capacidades comunicacionales del Estado".

Las herramientas, según el mismo Chávez, son la fragua de un "sistema de educación bolivariano", el "uso de los medios, principalmente la radio, para masificar la creación de valores", la "creación de grupos de formadores de opinión, comunicólogos e intelectuales para contribuir a conformar matrices de opinión", y en fin, la "definición y desarrollo para el sistema de educación bolivariano de programas de formación en la ética y moral del ciudadano bolivariano".

La Venezuela Bolivariana, por consiguiente, se niega al culto de Miranda o de Bello, o de otros pensadores o a formas distintas del humano pensar. El ser humano de suyo medra al servicio de la ideología estatal, y el desiderátum socialista, por consiguiente, será tan manifiesto como ya lo es para el constituyente cubano: "El Estado orienta, fomenta y promueve la educación... patriótica y comunista ... [y reconoce que] es libre la creación... siempre que su contenido no sea contrario a la Revolución".

El tercer motor de la revolución socialista venezolana, en síntesis, no es nuevo.

El motor de la educación popular hace ruido para que la gente sepa que no hay vuelta atrás en la idea de compartir con Cuba y su Constitución "el objetivo final": "edificar la sociedad comunista".






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