Desconfianza y democracia

Por Venezuela Real - 19 de Abril, 2007, 13:55, Categoría: Cultura e Ideas

RAMÓN PIÑANGO
El Nacional
19 de abril de 2007

Mentira, la democracia no está fundamentada en la confianza, como afirman algunos, sino más bien en la desconfianza.

La confusión sobre este asunto ha causado grave daño a lo largo de la historia.

Sin duda, cuando elegimos un gobernante con el voto expresamos la expectativa de que la persona electa ha de cumplir lo prometido y que, en el desempeño de sus funciones, se ha de comportar de acuerdo con las leyes y otras normas que rigen la conducta en sociedad. Que tal expectativa expresa confianza puede ser verdad, pero hasta allí llega la confianza. No más. Lo que viene después es la imposición de mil y una regulaciones para evitar que el gobernante, en su proceder, viole principios considerados esenciales. Se puede tolerar, por ejemplo, que quien gobierne no haga un buen gobierno por no ser eficaz para alcanzar las metas prometidas, pero jamás que viole la Constitución.

Infinita es la lista de gobernantes que no han respondido a las expectativas del electorado en cuanto a respeto de las leyes, que han abusado del poder para beneficio personal y de las mafias que los apoyan, o que han utilizado el poder que temporalmente se les ha dado para acumular más poder y perpetuarse en sus cargos.

Por eso los sistemas políticos –al menos los occidentales– se han esforzado para hacer más y más difícil que quienes gobiernen se salgan con las suyas y prever que, si lo hacen, sean castigados. Tal esfuerzo ha sido consecuencia de la desconfianza y, gracias a eso, se ha fortalecido la democracia.

Dos frases expresan con particular claridad, y hasta dramatismo, la desconfianza en la cual debe fundamentarse una sociedad democrática que sinceramente quiera fortalecer su sistema político. Una, en extremo conocida, es de Lord Acton, historiador inglés que en 1989 afirmó: "El poder tiende a corromper; el poder absoluto corrompe absolutamente". Otra, más reciente, es de Rubén Blades, quien en 2002 expresó: "El poder no corrompe; el poder desenmascara". Ambas aseveraciones se complementan como pocas.

Como en el poder nos puede emerger el demonio que con esmero ocultamos, mientras más poder nos den más graves pueden ser los daños que ese demonio causará. Por ello, los gobernantes deben ser controlados. De allí, la separación de poderes, las constituciones, las leyes, los revocatorios y, muy de nuestros días, los tribunales internacionales.

En Venezuela estamos navegando contra la historia, por no poder ejercer la desconfianza esencial para toda democracia. Caro lo estamos pagando y más caro lo pagarán quienes hoy limitan el ejercicio de la desconfianza.





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