Hacia la geometría del poder y los consejos comunales

Por Venezuela Real - 19 de Abril, 2007, 11:59, Categoría: Política Nacional

ASDRÚBAL AGUIAR
El Universal
19 de abril de 2007

Chávez le compró a Pérez Jiménez la idea los polos o ejes de desarrollo

El avance hacia una nueva geometría del poder y la consiguiente organización del poder comunal, cuarto y quinto motores de la revolución socialista, serán el candado que finalmente cierre las puertas de la libertad en Venezuela.

¡No exagero!

En la experiencia de Cuba, modelo y guía que es, las Asambleas del Poder Popular establecidas en barrios, pueblos y ciudades desfiguraron su geografía política fundacional -hecha a partir del municipio y de su función mediadora ante el poder- sin que derivasen aquellos en instrumentos de la gente y para que la gente piense, actúe y se realice en libertad.

Han sido tales Asambleas agregados de individuos, células del poder centralizado comunista, prolongaciones de sus ministerios del Poder Popular -así llamados entre nosotros- y hechas por tal poder para la producción económica, planificada desde el vértice del poder y para el control social y político sobre la gente. Nacieron de una geografía artificial construida desde el Estado y sobrepuesta a las identidades humanas e históricas; coexisten con los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), y funcionan subordinados al Consejo de Estado, al Consejo de Ministros, al Consejo de Defensa de la Revolución, cuyo presidente es a la vez jefe del partido único, gobernante sin alternancia y gendarme de todo cuanto respira en los predios de la isla: Fidel Castro.

Una geometría del poder distinta de la nuestra -que surgiera sobre la sangre de miles de compatriotas durante el siglo XIX e inicios del siglo XX- ya rondaba en la mente de Chávez desde su primera campaña electoral y desde cuando se entrevistara con el penúltimo dictador venezolano, general Marcos Pérez Jiménez, a quien le compró la idea de los polos de desarrollo o ejes de desarrollo territorial.

La misma idea la hicieron propia los gobiernos de la República Civil desde 1958. Las regiones y sus corporaciones de desarrollo fueron, en efecto, experimentos administrativos del poder central para apoyar a la provincia montados sobre la geografía política existente sin macularla, que identificaban elementos comunes y complementarios entre los estados de la Federación o entre los mismos municipios para asociarlos y fortalecerlos en áreas de desarrollo conjunto, generando fuentes de trabajo y evitando la migración hacia las metrópolis del centro-norte-costero. Guayana fue el gran emblema.

Pero ahora y al igual que ocurriera en Cuba, la geometría socialista nos llega entendida como una geopolítica o geometría del poder, para la desfiguración de la institucionalidad republicana mediadora y para la acumulación de más poder en el vértice de la pirámide del poder. E implica el manejo por éste de la base territorial -de allí las expropiaciones sin límite de las tierras en manos de los particulares- y luego de la población, adaptándolos a las exigencias del proyecto socialista en cierne.

En la Constitución de 1999 quedó inoculado en germen de tal reorganización geopolítica. Se acotaron las competencias de los Estados (articulo 164) y se sujetó la autonomía municipal (articulo 168), haciéndolas depender de los dictados de la ley nacional. Y, como se expresa en la Exposición de Motivos constitucional, el objeto fue liquidar de raíz el pacto federal que diera origen consensual a nuestra República, empujándola hacia una suerte de "federalismo cooperativo" organizado desde el Gobierno central y por su Consejo Federal, que hoy dirige el Vicepresidente (articulo 185).

El articulo 128 constitucional dejó abierta, sin solución de continuidad, la reordenación territorial, diluyéndola dentro de lo medioambiental y llevándola más allá de lo urbano o ambiental para asegurar como competencia del Estado la ordenación del territorio con vista a las "realidades políticas".

El texto constitucional, animado más por lo anterior que por la participación ciudadana y el consiguiente fortalecimiento de la representatividad democrática, hizo menguar a la par la forma partidaria de asociación política y prohibió su financiamiento público (artículo 67); le abrió las compuertas a las formas plebiscitarias -ejercicio directo de la democracia- postergando el valor estructurante del sufragio (artículo 70); y consagró, además, el establecimiento de "entidades funcionalmente descentralizadas" -de suyo no electas y dependientes del nivel centralizado del poder- para el desempeño de actividades sociales y económicas (artículo 300) propias a la iniciativa de los municipios.

Chávez, en síntesis, no ha escondido cartas bajo la manga.

Al exponer La Nueva Etapa, El Mapa Estratégico de la Revolución Bolivariana, en 2004, sobre los rieles constitucionales enunciados desnudó su premisa ideológica dominante y de raigambre cubana: "Consolidar la nueva estructura social de base [Unidades de Batalla Endógena, misiones, contralorías sociales]: [como] elementos [... de] un nuevo sistema social, una nueva organización popular, mucho más allá de los partidos políticos" y trascender al capitalismo.

El objetivo venía de suyo y lo explica su autor: "Rediseñar la estructura funcional del Estado en todos sus niveles", "construir la nueva institucionalidad revolucionaria municipal, estadal y nacional", organizar la "economía popular... y el autoempleo", asegurar la "sustentabilidad de las misiones" y "evitar la transformación social de la organización de base en estructuras partidistas".

Las herramientas a tenor de La Nueva Etapa, en consecuencia, no son otras que la formación de la "red de centros del poder popular [como unidades productivas]" y dentro de éstos la institucionalización de "las misiones" y de la "contraloría social", para las "denuncias confidenciales" y el "control del 'modo de vida' de las autoridades y los funcionarios". Las unidades de la Reserva Militar popular para la gestión de la "seguridad ciudadana" revolucionaria les acompañarían y, todas a una, fundidas o relacionadas, serán la prolongación de la "instancia única de coordinación y toma de decisiones de las organizaciones con fines políticos que apoyan al proceso": el debatido partido único.

Así las cosas, desde el día en que arrancaron los motores de la geopolítica del poder y del poder comunal durante la "última" toma de posesión de Chávez y desde antes, cuando se dictó la ley material del poder comunal, en 2006, éste ha trasladado ingentes sumas de dinero hacia los consejos comunales certificados desde su Gobierno. Y ha predicado, sin ambages, que los mismos ejecutarán a nivel del pueblo las políticas públicas nacionales: comenzando por los impuestos que cobra el Seniat.

En el modelo de organización marxista del poder, como podrá observarse, la sociedad y el todo encarnan en la cúspide, en el punto en donde se encuentra situada la voluntad del dictador o autócrata, no más allá. Así es en Cuba y así comienza a serlo en Venezuela.

La revolución no tiene entidad propia, no quiere instituciones mediadoras y tampoco las fabrica. En nuestro caso, Chávez, en persona, es la misma revolución, tanto como Fidel lo es en Cuba. Y aquél y sólo él busca alcanzar lo que tanto le aconsejara el "teórico" argentino Norberto Ceresole: afirmar su relación directa de líder con la gente; pero gente atada, alienada e irreflexiva.

Dentro de tal concepción no cabe, por lo mismo, el clásico sistema de separación entre los poderes públicos: nacionales, regionales y municipales, sean legislativos, judiciales o ejecutivos, ni hay lugar al check and balance típico de las democracias, inherente a las repúblicas representativas, que tiene como propósito asegurarle al ser humano sus humanos derechos y un espacio que le proteja de la arbitrariedad.

Uno de los pensadores alemanes de actualidad, Thomas Darnstädt, jefe quien fuera de las páginas políticas de la revista Der Spiegel y autor de La trampa del consenso recuerda, por lo mismo que "son los municipios los que cohesionan a la sociedad, no la nación": municipios autónomos, entiéndase. Y la enseñanza huelga. En las democracias verdaderas el edificio nacional no se construye desde el piso undécimo, así su panorámica impresione.

El mapa o la geometría del poder piramidal socialista será, a fin de cuentas, simple y cubano: afirmará en la cúspide el poder personal del Presidente; hará menguar lo que quede de los órganos de mediación e intermediación republicanos; sostendrá al primero sobre un amasijo informe de asambleas sin rostro propio, que escapando al sistema del voto universal, directo y secreto de los gobernantes se constituirán con las nóminas del partido único y de la burocracia oficial; y el individuo, el venezolano y la venezolana corrientes o los mercaderes de ocasión, arrendarán sus dignidades para servir al poder y a su poseedor sumo: Hugo Chávez Frías, y para sobrevivir, si acaso pueden.







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