Michelle Bachelet Jeria: Los sueños que inspiran mi mandato

Por Venezuela Real - 22 de Abril, 2007, 15:25, Categoría: Prensa Internacional

 (Lo que una sociedad actual espera oír del Jefe del Estado. En este caso, de la Presidenta democráticamente elegida)

Michelle Bachelet Jeria, Presidenta de la República

EL MERCURIO-CHILE
22 de abril de 2007

Después de las tres semanas más complejas de su gobierno y justo al regreso de su viaje a Venezuela, la Presidenta reflexiona acerca de los cambios que ha tenido el país y hace llegar a los chilenos el pensamiento que anima su trabajo.

Con motivo de mi reciente viaje a Venezuela y Colombia, pude observar una enorme cantidad de opiniones, sugerencias y demandas sobre lo que esta Presidenta debía decir en sus encuentros con otros presidentes. Así ocurre en nuestra democracia, al final se apela siempre al Jefe de Estado. Por esa razón me pareció oportuno, a un año de estar al mando de la nación, compartir algunas reflexiones sobre los cambios que ha tenido Chile, aquellos que faltan por materializar y los sueños de país que inspiran mi mandato.

Gobernar Chile ha sido siempre un gran desafío. Ejercer la presidencia hoy es un reto maravilloso, pero a la vez de una complejidad sin parangón en la historia.

Somos una comunidad nacional que ha buscado preservar su identidad, pero que -como nunca- es parte de una comunidad global. Hemos crecido económicamente de modo vertiginoso y acelerado, pero la persistencia de la pobreza nos dice brutalmente que ello no es suficiente para terminar con la miseria.
La tecnología nos ha permitido acceder y sorprendernos con avances que muchas veces creímos que se quedarían en el mundo de la ficción, pero a la vez también se ha transformado en un vehículo de exclusión social.

A algunos les fascina la velocidad de la vida actual, pero, al mismo tiempo, les da miedo la incerteza en la que nos deja. Ahí es donde está nuestro reto al gobernar: cómo responder de modo satisfactorio a esas tensiones o, permítanme decirlo, contradicciones de nuestro mundo actual.

Una apuesta histórica

Somos producto de una historia de dolor y reencuentro. Tras la dictadura, todos los sectores políticos y sociales asumimos un rumbo histórico. Apostamos a vivir en democracia y a construir un modelo económico y social que busca combinar crecimiento, equidad y apertura internacional.

El pasado autoritario nos mostró que Chile debía ser "una patria para todos". Privilegiamos los consensos y establecimos claras reglas de convivencia. Por más de diecisiete años, durante cuatro gobiernos, hemos mantenido firme ese rumbo.

Sabemos que la integración dentro de un país tiene que ir de la mano de la ampliación de nuestras libertades. Nuestro norte es la búsqueda de una sociedad más inclusiva y en la que todos encuentren su espacio. La diversidad es la fuerza de la democracia.

Visito muchos lugares, converso con mucha gente y escuchando sus inquietudes y deseos siempre me impresiona constatar sus permanentes deseos de superación, sus anhelos de desplegar todo su potencial para tener un mejor presente y futuro, para ellos y para sus seres queridos. Ésta es una gran riqueza de Chile que debemos aprovechar al máximo.

Pero también, al acercarme a la gente, me señalan que desean apoyo, que buscan protección, sobre todo cuando aparecen las dificultades. Los chilenos no quieren que el Estado y el Gobierno los dejen solos. Tampoco esperan que quienes tenemos la responsabilidad de dirigir los destinos del país decidamos por ellos. Esto nos muestra que para responder a las demandas ciudadanas se requiere diálogo ciudadano, flexibilidad y pragmatismo.

Gobernar también requiere de la capacidad de escuchar a la contraparte, saber acoger los argumentos distintos, estar dispuestos siempre a la interlocución y tratar de desprenderse de los prejuicios. Porque la complejidad de los problemas que enfrentamos hoy como país, región y humanidad no posee una sola respuesta ni posee sólo un sector que tenga la verdad.

En este mundo lleno de paradojas necesitamos apertura, reconocimiento del valor de lo individual y lo social, de lo objetivo y lo subjetivo, de lo técnico y lo político. De otro modo, la tentación, por un lado, de la tecnocracia con sus modelos de laboratorio o, por otro, del populismo con soluciones sin viabilidad técnica puede ganar terreno y llevarnos a un precipicio del que hemos mostrado estar distante como Concertación.

La demanda ciudadana a la política

Este escenario nos impone desafíos muy concretos en nuestra tarea diaria. Para dirigir un país se requiere mucho más que recetas. Se funda en definir nítidamente prioridades, articular voluntades, trabajar con tesón y entender que responder a los problemas en un mundo cambiante requiere adaptar las soluciones iniciales a las reales necesidades de las personas.

Nuestro mayor anhelo e interés es colaborar honestamente, con nuestra cabeza y nuestro corazón, a producir los cambios que Chile necesita para ser un mejor país. Ese es nuestro proyecto y nuestro sueño.

Creemos que en este momento de la historia, cuando estamos en el umbral de los doscientos años de nuestra independencia, es preciso redoblar nuestra voluntad de construir un país que sea más protector, más inclusivo y a la vez más competitivo.

Se han intentado muchos caminos hacia el desarrollo. El nuestro es un camino que se inspira en el principio de que es la persona la que está en el centro de todas nuestras acciones. Por eso privilegiamos los valores que nos representan como nación: el cultivo de la solidaridad, la protección y apoyo a las familias, y la reconstrucción del sentido de comunidad. Estoy convencida de que sin estas opciones, que nos sirven de guía, no tendremos la sociedad más integradora, justa y tolerante que buscamos.

Por eso es que desde la campaña presidencial hemos dicho que los grandes desafíos del Chile de hoy se resumen en los cuatro pilares que representan nuestra agenda de gobierno.

Necesitamos generar igualdad desde la cuna, y por eso hemos propuesto un plan de protección integral desde la primera infancia. Queremos acompañar a las nuevas generaciones desde el primer control de embarazo hasta que entran a la escuela, pasando por la hoy tan importante educación preescolar. Estamos orgullosos de poder plantear que la labor del Estado en educación no parte en el primer año de educación básica. Estamos produciendo un cambio sin precedentes, en el que como país nos estamos empezando a preocupar de nuestros menores desde el vientre materno. Este plan asegurará una mayor igualdad de oportunidades efectiva a las nuevas generaciones, a nuestros hijos, nietos y bisnietos, ya que está comprobado que las diferencias más importantes que se detectan en la infancia, juventud y adultez son en parte importante consecuencia de lo que ocurrió en los primeros años de vida.

He planteado una profunda reforma de la educación como tarea nacional. He comprobado con satisfacción que los obispos de la Iglesia Católica han captado lo medular de nuestro intento al señalar en su última declaración episcopal: "Creemos que el proyecto de ley recientemente presentado constituye una gran posibilidad para que, en el Parlamento, los legisladores puedan dialogar con el Gobierno y la ciudadanía en torno a la educación, tema tan crucial para el desarrollo de nuestra sociedad". Es precisamente eso lo que me propongo.

También necesitamos preocuparnos de la vejez. Por eso, otro de nuestros ejes es la reforma provisional. Hay algunas personas que, por miopía, creen que la previsión es sólo un asunto económico. Pero se equivocan. La previsión está destinada a generar dignidad y calidad de vida. En un momento en que la ciencia ha dado años a la vida, necesitamos dar vida a los años. Por eso me parece de justicia que toda persona tenga un nivel mínimo de ingresos, para una vejez digna y decente.

En tercer lugar queremos preocuparnos del entorno en que viven los chilenos. Qué sacamos con entregar casas si éstas no tienen un nivel que asegure el mínimo de metros y piezas, y no están integradas en forma de barrio. Esa no es la solución que queremos al déficit habitacional de los chilenos, especialmente de los más pobres. Necesitamos una respuesta diferente que incremente la superficie, que asegure dos habitaciones al menos, que se construyan bajo el concepto de barrio, que permitan seguir viviendo en las mismas zonas de la ciudad. Esa es la forma en que creemos se dignifica e integra a todos los sectores, especialmente a los con menos recursos.

Finalmente, hemos planteado que necesitamos hacer de Chile un país más competitivo. La globalización nos demanda una economía sana y en crecimiento. La economía debe estar al servicio de las personas y no al revés. Por eso, no nos basta con mostrar cifras macroeconómicas sólidas y estabilidad en las reglas del juego. Necesitamos dar un paso más allá. Requerimos aumentar nuestra capacidad de insertarnos y ser exitosos. Necesitamos desarrollar el emprendimiento e incentivar el surgimiento y la consolidación de la pequeña y mediana empresa.

Las pymes han sido y seguirán siendo una prioridad de mi gobierno. En ellas reconocemos el rol fundamental que juegan en la generación de empleo para miles de chilenas y chilenos.

Muestra de este compromiso es que en conjunto con los parlamentarios de la Concertación hemos suscrito un protocolo para reforzar nuestra "Agenda pro pyme". Este impulso se centrará principalmente en crear el "Estatuto pyme", en que eliminaremos trabas al emprendimiento e inversión de estas empresas y fortaleceremos la institucionalidad que vela por la competencia en los mercados en que éstas participan. Así mejoraremos el acceso a financiamiento de la pyme y estableceremos condiciones transitorias que favorezcan la reprogramación de las deudas de estas empresas con el fisco.

Mujeres, jóvenes y participación: El desafío de mi gobierno

Pero los cambios no pueden remitirse a obras o reformas. También creo firmemente que necesitamos una inflexión en la forma de gobernar. Mi apuesta es arriesgada, pero creo que necesitamos nutrirnos de otras miradas que nos ayuden a responder mejor a los tiempos que corren.

Por un lado, he planteado que debemos promover la paridad. Muchos creen que éste es un tema puramente cuantitativo. Se equivocan. No se trata meramente de tener igual número de hombres y mujeres en el gabinete o en cargos de responsabilidad. Si ese fuese el problema, se podría resolver de modo bastante sencillo. El asunto es muchísimo más complejo. Se trata de otorgar oportunidades en puestos clave, se trata de entregar una señal desde el Estado, se trata de mostrar que no importando el género, las personas deben ser evaluadas y recompensadas por su capacidad y no por otros elementos. No puede ser que su hija o mi hija, por ser mujeres, no obtengan un trabajo o ganen menos que un hombre.

También me he propuesto incorporar a las nuevas generaciones. No creo que el proyecto de la Concertación y, en general, el gobernar nuestra patria se sostengan sólo con las personas que iniciamos este proceso hace ya más de dos décadas. Pero no quiero que se malentienda. No estoy hablando de que una persona deba ser elegida puramente por su juventud. Mi apuesta es compatibilizar experiencia con nuevos rostros. El desafío es dar confianza a profesionales jóvenes, con formación. No quiero que se diga que las nuevas generaciones no pueden hacer una contribución significativa porque no tienen experiencia. Si no les damos la oportunidad ¿cuándo tendrán esa experiencia? Creo que resulta mezquino gobernar siempre con los mismos. Sé que eso significa que existe una mayor probabilidad de algunos errores, pero estoy segura de que Chile necesita igualmente nuevas generaciones que traigan ideas frescas a la política y a lo público en general. Necesitamos preparar a quienes se harán cargo del país en las próximas generaciones.

Finalmente me parece esencial promover una forma de hacer política más participativa. Muchos parece que no comprenden el sentido de generar grupos consultivos, comisiones y otras instancias que recojan el sentir de diversos sectores. Hoy gobernar requiere devolver espacios de sugerencia y poder decisional a las personas. Si muchos se han desafectado o reaccionan con ira frente a la política no es porque no les interesen los temas que nos afectan a todos como comunidad. El desafío es elevar la calidad de la política, con mayor altura de miras y que, sobre todo, incluya el sentir de muchos sectores que no se sienten representados.

En resumen, nuestro proyecto asigna un papel protagónico a la ciudadanía como un actor decisivo. Estamos construyendo una sociedad en que la ciudadanía debe asumir plena conciencia de sus derechos y también de sus deberes a través de la expresión libre de sus ideas, de la participación activa y de la demanda a la solución de sus problemas.

Nuestro legado y el sueño de país

Ha sido la Concertación la que generó un proyecto político que partió con un afán instrumental de recuperar la democracia para nuestra patria, pero que a poco andar se fue transformando en una propuesta de más largo aliento que no sólo plantea, sino que ha hecho realidad palpable la idea que democracia y justicia social pueden convivir con crecimiento económico; que el progresismo significa libertad y derechos sociales y también individuales; que el humanismo laico y el cristiano tienen un camino convergente y no divergente, como unos pocos piensan equivocadamente.

Lo que hemos construido hasta ahora es y será propio de Chile. No pretendemos exportar nuestra experiencia a nadie. Durante toda nuestra historia democrática, Chile ha sostenido como principio permanente el rechazo de todo tipo de intervenciones externas, hegemonías o tutelas. Todo país tiene derecho a fijar su propio destino libre de presiones. Y yo tengo la firme decisión de mantener esa línea.

Es el Estado, y no otro sector, el que mejor puede representar a los discriminados. Con la misma fuerza sostenemos que el sector privado es un actor clave en el desarrollo de un país. Y así lo hemos demostrado.

En Chile rige una economía abierta, en la que el sector público es un garante y el mercado, un motor relevante pero a todas luces imperfecto. No queremos una sociedad de mercado, sino una economía al servicio de personas iguales en dignidad y en derechos.

Nuestro proyecto no se desarrolla en el vacío histórico. Este gobierno que encabezo es heredero orgulloso del legado de los tres presidentes anteriores de la Concertación de Partidos por la Democracia. Sin duda, la coalición más exitosa de la historia de Chile y una de las más respetadas de la región y el mundo.

Pero nuestro desarrollo como país es imposible en el aislamiento. Creemos en la integración de América Latina y en la colaboración y cooperación entre nuestros pueblos. Sólo así podremos predominar como pueblos, por sobre la influencia y el poder del dinero, la amenaza de la fuerza y el uso de las presiones. Lo latinoamericano debemos repensarlo en el nuevo escenario global. Más que encerrarnos, debemos equiparnos para conservar nuestra identidad.

Quienes hemos encabezado la mayoría social y política de Chile reconocemos en el progresismo nuestra orientación y en el humanismo -laico y cristiano-, nuestra raíz.

Siento orgullo por lo que hemos sido capaces de construir hasta ahora y me siento honrada por el respeto que se tiene hacia nuestra patria en todos los rincones del mundo. Así nos ven, así quiero que se vea cada chileno. Ese es el orgullo que me gustaría ver reflejado en todos mis compatriotas.

Aspiro a que al terminar mi mandato, en el umbral de los 200 años de historia independiente de Chile, hayamos respondido a estos desafíos y dado el paso que nuestro país requiere para avanzar al desarrollo.







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