¡Qué grande sos, Chávez!

Por Venezuela Real - 23 de Abril, 2007, 15:27, Categoría: Petróleo/Energía

ARMANDO DURÁN
EL NACIONAL
23 de Abril de 2007    

Etanol sí, etanol no, etanol por supuesto sí...

Esta indecisión sirve para definir con exactitud la naturaleza de la Cumbre Energética Suramericana celebrada la semana pasada en Margarita. En gran medida, también sirve para definir la naturaleza controversial del liderazgo de Hugo Chávez, quien ahora, en lugar de provocar temor, admiración, suspicacia o molestias, comienza a despertar en el continente sonrisas burlonas, como las de Álvaro Uribe y Luiz Inácio Lula da Silva al escucharlo defender ardorosamente el uso del etanol.

¿Cómo es esto?, debieron preguntarse todos los presentes en el cónclave de Porlamar.

Hace pocos meses, a bombo y platillo, Chávez había anunciado la construcción en Venezuela, con cooperación cubana, de 25 plantas productoras de etanol a partir de la caña de azúcar. Luego vino el famoso abrazo de Lula y George W.

Bush en Brasil, las declaraciones del presidente estadounidense glorificando los biocombustibles y la calidez familiar de su alianza con Lula, formalizada en Camp Davis. A partir de ese instante, hablar de etanol equivalía, según los discursos de Chávez y dos artículos de Fidel Castro publicados en el diario Granma, a condenar al hambre a millones de ciudadanos del Tercer Mundo. Un crimen de lesa humanidad cometido por Bush, que colocaba al mundo ante una disyuntiva simplona y terrible. Comida para los pobres o etanol para los ricos.

Se generó así un clima muy poco propicio para este encuentro presidencial sobre una materia tan esencial para todos como la energía. Tan grave parecía el conflicto, que se pensaba, incluso, que la Cumbre de Margarita sucumbiría en la tormenta desatada, precisamente por Venezuela, por el tema del etanol. Los adversarios de Chávez se frotaban las manos.

De un lado Brasil, con el apoyo de Ecuador y hasta de Bolivia. Del otro Venezuela. A esta difícil situación debía añadirse la ausencia de Tabaré Vásquez, incómodo por el reciente acto contra Bush protagonizado por Chávez en Buenos Aires el mismo día que Bush visitó Montevideo. Y las ásperas declaraciones de Michele Bachelet por la respuesta venezolana al pronunciamiento anti Chávez del Senado chileno, un incidente perfectamente evitable si Jorge Rodríguez y Nicolás Maduro hubieran actuado a tiempo y diligentemente. Para colmo de males, Alan García, resuelto a abrazarse con Chávez en Margarita, suspendía su viaje en el último instante, porque de nuevo el vicepresidente y el canciller venezolanos volvían a meter la mata, al no tener en cuenta que el nuevo embajador peruano llevaba dos largos meses en Caracas a la espera de que el Gobierno de Venezuela oficializara su presencia diplomática en el país.

Sin embargo, ninguno de estos recelos se hizo realidad. En apariencia, ocurrió lo contrario: la sorpresa, el desconcierto y el alivio se apoderaron de todos cuando escucharon a Chávez denunciar a la prensa enemiga de inventar un enfrentamiento que jamás había existido. ¿A quien se le ocurría siquiera insinuar qué él se oponía al etanol? ¡Válgame Dios! No sólo no se oponía Chávez a los biocombustibles, sino que allí y en ese momento le planteó a Lula la firma de un acuerdo entre los dos países para importar, durante los próximos 10 años, al menos 200.000 barriles de etanol brasileño, libre de aranceles venezolanos. No contento con este giro de 180 grados que le daba a la hasta entonces muy ingrata situación suscitada por él mismo, Chávez, sonriente, le pidió a Lula que intercediera con sus amigos estadounidenses para que Citgo pudiera importar etanol para sus refinerías sin muchas cargas impositivas. Luego añadió que Venezuela construiría 5 plantas productoras de etanol.

Este radical cambio de posición disolvió las tensiones y la Cumbre concluyó por derroteros más apacibles. Aunque Chávez no logró siquiera que se firmara un acuerdo final que respondiera al propósito unificador de su convocatoria. Sin embargo, contentó a sus invitados con suculentos regalitos. Petroquímica en Jose para Lula, al fin el gasoducto para Uribe, refinerías por aquí y por allá, un par de sonrisas para Bachelet. En definitiva, mientras los socios latinoamericanos de Venezuela pusieron en evidencia la esencia interesada de sus relaciones con Venezuela, Chávez sencillamente demostró, con mucha mayor claridad que nunca, que su pragmatismo y su sentido de la oportunidad para adaptarse a la situación que le convenga en un momento determinado le permite supeditar siempre los intereses de Venezuela a sus más personales ambiciones políticas. Sin la menor duda, América Latina se aprovecha de su incoherencia para beneficiarse económicamente.

Chávez lo sabe, pero prefiere regalar petróleo y otros vidrios de colores a cambio de un saludo cordial. ¿Acaso París no vale una misa? ¡Coño, Chávez, qué grande sos!





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