Brujería Constitucional

Por Venezuela Real - 25 de Abril, 2007, 14:02, Categoría: Estado de Derecho

Marcos R. Carrillo P.
El Universal
25 de abril de 2007

La clave de la brujería es el secreto de sus procedimientos. Sólo algunos elegidos saben cómo opera. Es cuestión de iluminados, de seres capaces de descifrar lo intangible o comprender el significado esotérico de cosas concretas como el tabaco, la borra de café, los caracoles o las barajas. Para los iniciados los simples mortales no seríamos capaces de penetrar jamás tales artes, bien sea porque nos endilgan estulticia o porque nos suponen hombres de poca fe.

Son excelsos representantes de las artes ocultas los miembros de la comisión presidencial para la reforma constitucional. Un oscuro pacto con poderes superiores los obliga a guardar celosamente el secreto de su pócima, como todo buen hechicero. Sólo ese grupo de elegidos conocen su ansiada receta, sólo ellos diseñan el procedimiento a seguir, sólo ellos pueden saber si cocinan a Frankenstein o crean la fuente de la eterna juventud o del eterno poder. Son los guardianes del misterio de las tres torres. Nadie sabe lo que hacen, mucho menos cómo, sólo aspiran a que aplaudamos, como meros espectadores, los resultados de esa extraña ceremonia, ajena a todo sistema democrático.

La creación de una Constitución no se trata de un rito aislado de un yerbatero que sólo puede perjudicar a algún incauto. Una Constitución es "la gran puerta de Kiev" de todo sistema jurídico. Es el cuerpo normativo que determina qué puede ser derecho en un Estado. Es norma fundamental y suprema. La increíble trascendencia de la Constitución en un Estado democrático obliga a una larga discusión abierta y amplia en un ambiente de irrestricto pluralismo, no hay posibilidad alguna de escoger otro procedimiento.

Los venezolanos estamos en capacidad (y el Estado tiene la obligación de protegerla) de decidir si queremos o no reformar nuestra actual Constitución y, en caso de que así fuere, debemos discutir libremente su contenido.

No podemos actuar como el fanático limitado a observar ese increíble acto de prestidigitación constitucional que llama a aceptar su propuesta a través del prisma de una primitiva fe. Los venezolanos somos los verdaderos protagonistas y creadores de nuestro sistema jurídico. No estamos obligados ni siquiera a asistir a ese raro espectáculo, si no lo hemos decidido previamente. Una reforma constitucional producto de secreta alquimia es sólo una gran farsa que esconde perversas intenciones, como toda arte oculta.







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