LA VALENTÍA DE MEDO

Por Venezuela Real - 29 de Abril, 2007, 18:28, Categoría: Testimonios

Eduardo Casanova
Literanova
29 de abril de 2007

Mariano Medina Febres (Medo), de quien hace unos días escribí una semblanza muy breve, no sólo fue un hombre culto, un excelente caricaturista, un médico serio especializado en dermatología y un hombre lleno de humor y cordialidad. Fue también un luchador político comprometido, discreto y, sobre todo, valiente cuando había que serlo. Durante la dictadura militar que oscureció a Venezuela entre 1948 y de 1957, un período terrible de la vida política de nuestro país, demostró su coraje y su fidelidad a sus ideas políticas, más allá de toda duda, al prestar un gran servicio a la democracia venezolana. Un servicio que Venezuela jamás podrá pagar.

Aunque en realidad nunca buscó que se le reconociera o se le agradeciera públicamente lo que había hecho. Para él era más que suficiente con que ocurriera lo que por fortuna ocurrió en enero de 1957: que el país retornara a la senda de la democracia. Afortunadamente, de hecho, ese reconocimiento le ha sido otorgado recientemente con toda justicia y de una forma que él habría aprobado con una callada sonrisa, como era su estilo. En el Archivo y en la "Antología Política", Volumen V, de Rómulo Betancourt, hay constancia de cómo, arriesgando su seguridad y su vida, Medo participó activamente en el movimiento de resistencia contra la dictadura, o mejor dicho, contra la tiranía, de Marcos Pérez Jiménez. Por sus manos pasaron buena parte de los recursos que desde el exterior se enviaban para financiar las actividades que en el país llevaban a cabo clandestinamente los hombres y mujeres de Acción Democrática o cercanos a Acción Democrática, para combatir el régimen despótico y criminal del militar que mediante la violencia y el fraude se mantuvo en el poder indirectamente entre el 48 y el 52 y directamente desde diciembre del 52 hasta el 23 de enero de 1958, militar que fue visitado y admirado por el teniente coronel que hoy está al frente del poder, a quien con justa razón se puede calificar de aspirante a dictador de Venezuela, y en cuyo gobierno (o desgobierno) hay un fuerte componente perezjimenista. No era la actividad de Medo algo sencillo ni fácil.

 Corrió siempre el riesgo de ser descubierto y capturado por los asesinos del régimen tiránico, que no habrían tenido la más mínima piedad con él ni con su familia, y que, como es sabido, a más de uno asesinaron por participar en la lucha a favor de la democracia. Muchos fueron los que, ante las perspectivas que se anunciaban para quienes llevaran a cabo ese tipo de trabajo, prefirieron abstenerse y buscaron excusas hasta alambicadas para no comprometerse. Aunque también fueron muchos los que arriesgaron sus vidas, y algunos hubo que hasta las perdieron. Medo, que era un hombre conocido y hasta marcado, asumió su rol sin dudarlo, y así contribuyó como el que más a la lucha contra el tirano y su terrible policía política, la "Seguridad Nacional".

Caída la dictadura y recuperada la vida democrática, varios de los que lucharon a brazo partido por ese renacimiento se vieron premiados, con toda justicia, no sólo por la victoria, sino por la oportunidad de trabajar, y hasta de figurar y hacer vida política, con todo lo que eso implica en nuestro país. Pero Medo, además de valiente y honesto, era sumamente discreto, y jamás hizo gala de su actuación ni pretendió pasar factura por lo mucho que había hecho. A duras penas aceptó un cargo de embajador de Venezuela, y cuando tuvo la oportunidad clara de convertirse en miembro del gabinete como Ministro de Relaciones Exteriores, la rechazó y hasta recomendó a quien ocuparía el cargo por cinco años, con mucha dignidad y eficiencia, por cierto.

Medo, a pesar del servicio que le había prestado a la democracia venezolana, nunca se consideró un político, aunque siempre respetó con hombría ejemplar a los políticos de su tiempo, inclusive a los que no compartían sus tendencias y sus ideales. Fue buen amigo de muchos que rechazaban abiertamente a Acción Democrática, en especial en el mundo intelectual, en el que Mariano Medina Febres, Medo, era universalmente bien visto. Pocos venezolanos de este tiempo, y de cualquier otro, han reunido en sí tantas virtudes. Muy pocos.






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