Un radio prendido

Por Venezuela Real - 6 de Mayo, 2007, 17:03, Categoría: Imagen gobierno / Chávez

TULIO HERNÁNDEZ
El Nacional
06 de mayo de 2007

Ya no hay regreso. Por lo menos en el mediano plazo. La nación venezolana y sus ciudadanos, independientemente del tipo de interés que muestren por la política, han sido tomados por asalto, invadidos y allanados no sólo en el espacio público sino en lo más profundo de su intimidad y su psique por la presencia avasallante de Hugo Rafael Chávez Frías.

El Presidente de la República, Comandante en Jefe de la Fuerza Armada Nacional y conductor pop de varias horas diarias de espectáculo mediático, ha logrado convertir el territorio nacional en una especie de cárcel gigantesca en la que sus reclusos – la población entera del país– tienen incrustados en sus oídos y en sus pupilas sendos parlantes y pantallas que ya nadie, ni que lo intente, pude apagar o silenciar.

En la Venezuela del presente es muy poco probable que uno de sus habitantes pase un día, probablemente ni siquiera unas horas, sin tropezarse con la inflada imagen o con la impostada voz del personaje que nos gobierna.

Lo encontramos en todas partes: en las caprichosas cadenas que obliga a todas las radios y televisoras del país a transmitir simultáneamente sus interminables discursos; las gigantografías descomunales que cuelga en los ventanales de edificios públicos y privados, la inmensa valla ubicada a la entrada del barrio o la población donde resides, las puertas de la ambulancia que cruza la calle o en el estampado de la franela de un transeúnte, y allí está mirándonos siempre y repitiendo su frase preferida: "yo", "yo", "yo", "yo". No por casualidad el escritor mexicano Carlos Fuentes, en una reciente entrevista concedida a la BBC, lo ha calificado como "el Mussolini bananero".

No es un capricho la denominación. Para entender lo de "bananero" es suficiente recordar los lugares comunes de Hollywood en torno a los dictadores centroamericanos hechos a la manera de Somoza y de Trujillo, y luego compararlos con los gestos estrambóticos, los caprichos personales, el gusto por la pompa oficial, la logorrea, los uniformes y el auto halago que desde hace ocho años ha puesto en escena el presidente venezolano.

Y para entender lo de "Mussolini" bastaría recordar esa gran película italiana titulada Una giornata particolare, dirigida por Ettore Scola y protagonizada por Marcelo Mastroianni y Sofía Loren, que tiene como telón de fondo la movilización convocada por el régimen fascista en la oportunidad que Hitler visita a Roma, en mayo de 1938, por invitación del Duce.

El film comienza mostrando el despertar en el modesto apartamento de una familia obrera que se prepara para que el padre, un militante fascista, y sus seis hijos salgan a la carrera, absolutamente uniformados de negro –negro-negritos, se diría en Venezuela–, para participar en la manifestación de masas convocada para la ocasión.

A partir de ese momento la historia se centra en el cálido encuentro y los escarceos amorosos entre dos de las pocas personas del edificio donde habitan que no han salido a la marcha oficial. Se trata de dos excluidos: la humillada e ignorante esposa del obrero fascista, también seducida por la personalidad de Mussolini, y un periodista homosexual lúcido y crítico del autoritarismo naciente.

Es una historia en paralelo.

Mientras las masas son exaltadas por los grandilocuentes discursos de ambos mandatarios, la pareja entra en contacto y comparte su mutuo desamparo. En el relato fílmico acto de masas es en apariencia secundario, pero su presencia es permanente, continua, punzante y en cierto momento agobiante a través de los radios encendidos que, a la manera de un coral radiofónica, trasmiten las intervenciones de los líderes y las consignas voceadas a gritos por las masas.

No hay manera de escapar.

Donde quiera que Mastroianni y la Loren se muevan dentro del edificio la voz de Hitler o la de Mussolini junto al rugir de las masas extasiadas los perseguirán sin tregua ni silencio posible.

La situación es una buena metáfora de lo que hoy ocurre en Venezuela. Aceleradamente las voces independientes de las cadenas nacionales de televisión van desapareciendo. mientras el gobierno teje la más poderosa red mediática que Estado alguno haya tenido en América Latina. De esta manera, sin que nos demos cuenta, dentro de poco estaremos como los personajes de Scola obligados a escuchar donde quiera que estemos las arengas del líder, el rugir de las masas y una voz que repite una y otra vez: "¡Socialismo o muerte!", "¡Socialismo o muerte!", "¡Socialismo o muerte!"






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