Descienden las Reservas en poder del BCV.

Por Venezuela Real - 16 de Mayo, 2007, 10:57, Categoría: Economía

BBVA Banco Provincial
Servicio de Estudios Económicos - Nota Rápida
15 de mayo de 2007

Una mirada a la evolución de las reservas internacionales mantenidas por el Banco Central de Venezuela (BCV) muestra que en el transcurso del año estas han experimentado un importante descenso, al pasar de US$ 37.440 MM al cierre del 2006 (incluyendo US$ 768 MM del FEM) a US$ 24.489 MM (US$ 783 MM de FEM) el 11 de mayo pasado, con lo cual se verifica una caída del saldo de activos externos en el orden de US$ 12.951 MM, equivalente al 34,5% del saldo del ultimo día de 2006.

Si bien este comportamiento no ha sido entendido como una perdida significativa de liquidez externa, dado que se ha explicado fundamentalmente por el traspaso de reservas desde el BCV hacia el FONDEN y por la colocación de fondos de PDVSA, tanto en una cuenta en tesorería en divisas como en el fondo rotatorio para inversiones, también en moneda extranjera, la redistribución de los activos externos entre los distintos entes tiene implicaciones que le hacen trascender al hecho de una simple transferencia de recursos con impactos neutrales, similares a los que ocurren cuando un individuo transfiere entre sus bolsillos el efectivo poseído, tal y como ha sido propuesto por voceros oficiales.

Aunque los activos externos consolidados de la república no varían por efecto de la traslación de fondos del BCV al FONDEN o a las cuentas de PDVSA y la capacidad de pagos de la república de sus compromisos externos no se ve afectada por la medida, las implicaciones monetarias introducen distorsiones sobre las condiciones económicas presentes, capaces de traducirse en efectos significativos en el corto y mediano plazos.

De acuerdo a lo señalado por el propio ministro de finanzas en un comunicado (11/5/07), el monto de transferencias desde el BCV hacia el FONDEN durante 2007, conforme a lo establecido en la Ley Orgánica del BCV, se ha completado, alcanzando un total de 6.770 Millones de dólares, habiéndose realizado tal transferencia mediante pagos programados entre los cierres de febrero y abril, mientras que, por su parte, PDVSA ha transferido a divisas montos que totalizan 4.500 Millones de dólares, destinados a completar los requerimientos para la cancelación de la adquisición de CANTV y el financiamiento de inversiones que justificaron la emisión de deuda por US$ 7.500 MM en el mes de abril.
Las implicaciones inmediatas de los movimientos de activos reseñados se resumen en:

· Disminución del respaldo monetario de los recursos líquidos disponibles internamente en la economía, acrecentando las expectativas de devaluación a corto y mediano plazo.

· Incremento de la vulnerabilidad de la economía ante shocks externos negativos.

· Menor capacidad para la flexibilización cambiaria mediante el mecanismo oficial de asignación (CADIVI) y liquidación de divisas (BCV)

· Debilitamiento del rol del BCV en el desarrollo de la política monetaria.

Si bienlas perspectivas de que se mantengan las condiciones de precios del petróleo favorables para el país parece garantizar un flujo neto positivo de divisas acorde a los volúmenes requeridos para el abastecimiento de divisas, en los niveles mantenidos en el mercado interno oficial en la actual coyuntura y en el contexto del régimen administrado de divisas vigente, algunos elementos del esquema de distribución de los activos externos de la República subrayan el debilitamiento del signo monetario nacional en una perspectiva temporal más amplia.

Así al reducirse las reservas operativas en poder del BCV la demanda potencial por unidad de divisa se incrementa, esto es, el tipo de cambio contablemente implícito entre las disponibilidades líquidas de la economía (medidas corrientemente, en términos agregados por la Liquidez monetaria M2) y las divisas con las que se cubre su eventual demanda (reservas operativas del BCV) se incrementa, produciéndose una devaluación implícita en términos contables. En términos simples, se redujo la cobertura en divisas de cada bolívar poseído por los distintos agentes de la economía nacional.

Aunque las expectativas de un abastecimiento satisfactorio en el corto plazo pueden relajar las presiones de demanda sobre le tipo de cambio, las perspectivas de sostenibilidad en el largo plazo se hacen más frágiles, - más aún cuando la tendencia creciente de las importaciones es acentuada por la sobrevaluación del signo cambiario, dados los diferenciales inflacionarios entre Venezuela y sus principales socios comerciales -, por lo que se incrementan las expectativas de devaluación a mediano plazo, haciéndose más sensibles a las variaciones del entorno percibidas como vulnerabilidades del sistema (caída de precios del petróleo, expansión fiscal, shock adversos de actividad y similares).

Aún cuando el régimen administrado de divisas permite regular el flujo neto de divisas impidiendo una crisis de reservas ante un ataque especulativo contra el bolívar, las consecuencias impuestas al resto de la economía por la dinámica en el mercado paralelo de divisas puede imponer fuertes presiones al ajuste del tipo de cambio nominal en el mercado regulado, particularmente si el mercado no oficial expande su dimensión, animado por su propia dinámica y expectativas de racionamiento en el mercado oficial.

Un cálculo sencillo muestra la dimensión de la devaluación contable acaecida por el descenso de reservas antes reseñado, al estimar el “tipo de cambio contable implícito” (TCCI) al cierre del 2006, comparándolo con el TCCI al cierre de la primera semana de mayo, siendo el TCCI equivalente al cociente entre M2 y el monto de reservas en el BCV (este método permite una aproximación grosso modo, ya que no diferencia reservas operativas del resto de reservas del BCV). Así el TCCI habría pasado de 3.173 Bs. /$, en diciembre, a 4.665 Bs. /$ en la primera semana de Mayo, depreciándose, en términos de dólares, en el orden del 32,1%. Un impacto adicional, y menos comentado públicamente, de esta reducción de reservas en el BCV, se refiere a la limitación en el alcance de la flexibilización cambiaria que impone una reducción tan significativa de reservas, imponiéndose una restricción al nivel de amplitud de la cobertura de divisas oficiales en el tiempo. De esta forma se restringe intertemporalmente la capacidad de usar el mecanismo de esterilización cambiaria como instrumento de política monetaria en el control del crecimiento monetario y la evolución de la inflación.

Observando con mayor atención lo antes mencionado queda claro que la redistribución de activos externos en el actual esquema (BCV – FONDEN – PDVSA) debilita el alcance de la acción del BCV sobre las variables monetarias en un horizonte temporal amplio, incrementando el peso específico de las decisiones de política fiscal en el desenvolvimiento monetario; de allí que la coordinación entre las autoridades responsables del desenvolvimiento fiscal – monetario adquiera una mayor relevancia en función del logro de los objetivos de inflación y crecimiento propuestos.

Al debilitamiento del BCV en la rectoría de los aspectos monetarios hay que agregar la merma de ingresos percibidos por el ente, inducida por la reducción de sus “activos productivos”. En el pasado reciente, las perdidas operativas del BCV forzaron ajustes en la instrumentación de la política monetaria que, dirigidos a la reducción de su costo, implicaron el descenso de tasas de los instrumentos de absorción y el incremento del encaje legal (se desplazó parte del costo de la política monetaria al sector financiero), de manera que en las actuales circunstancias, la reducción de divisas en poder del BCV disminuye las posibilidades de ajustes al alza de la tasa de interés de los instrumentos de absorción (una medida ortodoxa de política monetaria antiinflacionaria).

En resumen, la distribución de los activos externos de la nación en el actual esquema y la reducción de reservas en poder del BCV se traducen en un debilitamiento de la autoridad monetaria como hacedor de política, desplazando hacia la política fiscal buena parte de esa responsabilidad y hace que las expectativas cambiarias se hagan más sensibles a las vulnerabilidades del sistema, implicando una menor estabilidad cambiaria y monetaria a mediano plazo, que acrecienta las expectativas de devaluación tras el debilitamiento del respaldo en divisas de la liquidez monetaria.





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