Balada del expatriado

Por Venezuela Real - 17 de Mayo, 2007, 17:32, Categoría: Dimensión Social

RAFAEL DEL NARANCO
El Mundo
17 de Mayo de 2007

Hombres y mujeres venidos hace muchos años a esta tierra desde los confines del mundo haciendo de Venezuela el malecón de la esperanza, se hallan hoy a la deriva ante un gobierno de corte absolutista que se ha venido implantando en el país.

Días pasados, un grupo de ellos se reunieron intentando sostener la ilusión. Algunos llevaban en las manos hojas secas de albahaca, tomillo, laurel. También ramalazos de sus lejanos promontorios, lugar del que partieron un día con deseo de resistir los vaivenes del alma.

Acudí a reencontrar mi pasado, los días brumosos en que apenas había un lugar para doblar la cabeza y esperar la llegada del alba.

En cierta forma había luchado -torpe y deshilachadamentecontra una dictadura, escribiendo febrilmente en las cuatro páginas del pequeño periódico provinciano. Venció la furia y el terror. Estábamos desnudos de anhelos. Derrotados. Ya no teníamos ni siquiera las palabras.

Media Europa intentando sobrevivir -españoles, italianos, rusos, portugueses, polacos, rumanos, grie- gos, magiaresremontando los años cuarenta, tuvo que enviar a cientos de personas a los países latinoamericanos y así hacer frente a la ardua crisis económica de la posguerra. Si alguien les mató el hambre, ha sido esta tierra, y con el dinero enviado, se ayudó a la reconstrucción de docenas de pueblos en la cuna de la civilización occidental.

A cambio, Venezuela recibió un crisol humanístico de una solidez incalculable. El país se hizo abierto, unió sus valores intrínsecos con los forjados a lo largo de los siglos en los conventos, universidades y cortes del continente de la cruz y la espada. Nueva sangre mezclada con muchas otras, siempre ahí, imperecedera madre de raíces insondables.

Es cierto: se emigra por incontables razones, pero casi siempre en pos de libertad. Las personas, cuando sienten tronchado su libre albedrío parten con lo puesto igual a gaviotas sin destino.

La mayoría de expatriados, ya en la edad cansina, no podrán irse nunca, se quedarán varados, convertidos en sombras y olvidos quejumbrosos.

La existencia es un drama que alguna vez se cristaliza en sainete o tragedia, y en esa puesta en escena, la emigración sigue siendo un libreto duro de aprender. Posee sabor a salitre y se cobija bajo noches cuajadas de aspavientos abatidos.

Anna Ajmátova gritaba sobre las cenizas: "No me ampara ningún cielo extranjero, / no, alas extranjeras no me protegían. / Estaba entonces entre mi pueblo / y con él compartía su desgracia".






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