¿Cuán fuerte será el bolívar fuerte?

Por Venezuela Real - 21 de Mayo, 2007, 13:28, Categoría: Economía

Ibsen Martínez
TalCual
21 de mayo de 2007

1.-
Estamos a sólo 7 meses del bolívar fuerte.

Es un hecho conocido que cuando la población ve su propia moneda con desdén, a menudo se dedica también a lo que los expertos llaman “sustitución del signo monetario” : le da por dolarizarse a cualquier costo.

Escuchemos lo que al respecto dice Benjamín Cohen: “Cuando un instrumento destinado a simbolizar el poderío y la nobleza de una nación se convierte en un diario recordatorio de inadecuación e impotencia –en ‘dinero de juguete’, en objeto de escarnio que no infunde respeto–, los gobiernos que emiten tal dinero pronto se muestran igualmente ineptos y poco merecedores de respeto”. 1 La redenominación monetaria no es en absoluto un novedoso experimento en nuestra América. Después de todo, y desde los tempranos años sesenta, una verdadera cohorte de naciones “en vías de desarrollo” ha redenominado sus monedas en todo el mundo, al menos en setenta ocasiones. Zimbabwe es sólo el caso más visible y reciente.

En el reino de Robert Mugabe, la revaluación borró hace pocas semanas tres ceros de un porrazo en cada billete de 20.000 dólares zimbabuanos para convertirlo en uno de 20. Mientras escribo esta nota, el New York Timesreporta una inflación del 3.700% en aquel desdichado país donde, antes de la medida, el índice se ubicaba ya en 1.200% .

El tipo de cambio oficial de un billete redenominado de 20 dólares de Zimbabwe es de 10 centavos de dólar USA. ¡En el mercado negro te dan tres (3) centavos de dólar por él! Lo irónico del caso es que la hiperinflación persista, pese a la borradura de los ceros.

Para ser justos, no siempre la redenominación monetaria es otro nombre para el fracaso.

A diferencia de Zimbabwe, en algunos casos latinoamericanos ha aparecido sólo luego de un conjunto de políticas que han abatido altísimos niveles de inflación.

Desde que el sistema de Bretton Woods hizo su primera crisis, allá por los años 70, nuestro continente ha sido testigo de un significativo número de redenominaciones monetarias.

Sin embargo, en muchos casos, los gobiernos se han visto forzados por la terca realidad inflacionaria a repetir la experiencia una y otra vez, durante períodos de tiempo relativamente cortos, antes de poder ver los resultados apetecidos.

Brasil ha pasado ya por seis (6) redenominaciones monetarias en sólo 25 años. Argentina la experimentó cuatro (4) veces entre 1970 y 1991. A partir de 1988, Nicaragua vio cambiar sus billetes dos veces en menos de tres años. Bolivia y Perú han redenominado sus signos monetarios dos veces cada uno desde los años 80. La revaluación mexicana de 1993 formó parte de un drástico y complejo tratamiento para una de las más feroces crisis financieras globales que afectó a muchos países de nuestra región.

La mayoría de estas redenominaciones tuvieron lugar en el curso de las reformas institucionales promovidas, bien o mal, en nuestros países desde los tempranos años 90.

Se recordará que en aquellos años la inflación promedio en América Latina llegó a rozar el 500% . Brasil, Argentina y Perú (tres de los países más grandes de la región) registraban índices de inflación de cuatro (4) dígitos.

Drásticas medidas de ajuste macroeconómico, no importa cuán a regañadientes hayan sido puestas en vigor, y una relativa independencia de los bancos centrales redujeron la inflación de tres dígitos anuales de aquellos años a niveles mucho más manejables, de apenas un dígito. Desde luego, también hubo devastadoras crisis bancarias y fuga masiva de capitales.

El nuestro es el continente de mayor volatilidad financiera del planeta.

Y por cierto que esas reformas, donde las hubo, se lograron en medio de verdaderas batallas, no siempre ganadas, por la disciplina fiscal y bajo la presión del poder ejecutivo de gobiernos populistas que preferían subsidiar el gasto público con inflación. Esto es, imprimiendo dinero inorgánico: echando a la calle billetes de jugar Monopolio.


2.-
La muy relativa autonomía respecto del Ejecutivo que en nuestro país siempre tuvo el Banco Central se fue al diablo con la enmienda de 2006 a la Ley del Banco Central.

Un control de cambios que el año que viene cumplirá un lustro, sumado a la ya inexistente capacidad del Banco Central para implementar políticas monetarias, ha estimulado el mercado negro de divisas y la corrupción.

Las pérdidas del Banco Central, en su esfuerzo por mitigar los efectos de la liquidez generada por una política fiscal descocadamente inflacionaria, han sido descomunales. Pero lo más grave de todo es ese “presupuesto paralelo” –lo de “presupuesto” es sólo un decir– llamado Fonden que drena por igual al Banco Central y a Pdvsa, generando aún mayor liquidez.

Una liquidez tan tóxica que ha colocado la inflación en un 19.2%, la más alta en la región después de la de Haití. Un negrito cuesta 1.600 bolívares en la barra y el dólar paralelo usted sabe dónde está.

Los países que han escogido la redenominación han puesto primero en práctica duras y dolorosas medidas destinadas a abatir la inflación.

Borrarle ceros a los billetes no hará ese doloroso milagro. Sólo cuando un bien concebido plan de ajustes logra resultados, un gobierno envía a sus ciudadanos el mensaje de que la hiperinflación ha sido abatida borrándole ceros a sus billetes.

Poner a circular billetes con las efigies de Zamora, Túpac Amaru, Karl Marx, Salvador Allende o el Che Guevara sin contener primero el despilfarro y abatir la inflación, sólo echará gasolina a los precios altos y a la escasez.

El efecto sicológico inicial –esa grata sensación de pagar sólo un bolívar con sesenta céntimos por un “negrito” – desaparecerá tan pronto la hiperinflación comience a añadir ceros a los precios de bienes cada vez más escasos (los más valiosos subirán primero) y continúe golpeando a los pobres con billetes de menor denominación, pero también de menos valor real.

Además de billetes nuevos, se deberían mandar a hacer millones de sellos de goma que permitan volver a añadirle ceros al paso de la inflación.

1 Cohen, Benjamin J.2004. The Future of Money. Princeton University Press, p.22.









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