El alacrán

Por Venezuela Real - 24 de Mayo, 2007, 22:15, Categoría: Política Nacional

Diego Bautista Urbaneja
El Universal
24 de  mayo de 2007

En principio, todo está sujeto a la cláusula general del "por ahora"

En la Asamblea anual de Consecomercio, Rodrigo Cabezas afirmó que la empresa privada podía "coexistir" con el modelo socialista que impulsaba el Gobierno.

Interesante palabra, "coexistir". El caso más conocido de "coexistencia" que uno recuerde es la "coexistencia pacífica" en la que se mantuvieron por décadas Estados Unidos y la Unión Soviética, así como los bloqueos que ambas encabezaban, durante la famosa Guerra Fría que se extendió desde fines de la década del cuarenta, hasta la caída del bloque soviético. Por supuesto que la clave de esa coexistencia era el equilibrio de fuerzas atómicas, el poder de disuasión que, gracias al respectivo arsenal nuclear, cada una de las potencias ejercía sobre la otra. Cuando no hay equilibrio de fuerzas, se impone el conocido cuento del alacrán, que le prometió al sapo no hacerle nada si lo pasaba al otro lado del río. El alacrán no pudo dejar de clavarle la ponzoña al sapo y matarlo, a pesar de su compromiso en contrario. Según le explicó el acongojado alacrán al sapo agonizante, no podía dejar de picarlo, "porque esa era su naturaleza".

De reojo

La coexistencia implica un permanente mirarse de reojo. Y cuando entre los protagonistas no hay equilibrio de fuerzas, el que tiene menos poder está en realidad a merced del otro. Esa es la situación en la que se encuentran con este Gobierno los sectores económicos privados. Como el sapo del cuento, tienen montado a sus espaldas un alacrán que le ha prometido no picarlo. Un alacrán cuya naturaleza es la búsqueda del poder total sobre la sociedad. Un alacrán que además ha proclamado su hostilidad de principio al sistema económico que corresponde a la empresa privada, al cual considera intrínsecamente explotador.

Picará o no picará, cuándo y cómo lo hará: todo está en manos del alacrán. Puede que tarde, puede incluso que no lo haga, ocupado en otros menesteres, o clavando en otras víctimas su ponzoña. Pero el alacrán tiene muy claro, y esa es su naturaleza, que no pueden existir centros de poder independientes de él, llámese poder mediático, llámese poder económico, llámese poder espiritual. Los que existen, están en la mira, sea para eliminarlos, sea -forma menor de la picada- para cercarlos.
Todos lo saben

Eso lo sabe, aunque sea por instinto, todo el mundo en este país. Por eso en la economía crecen los sectores que crecen, que son aquellos en los cuales la inversión duradera es la mínima: construcción, comercio, servicios. Construyo y vendo, importo y vendo, compro y vendo. De resto, subcontrato. Reduzco al mínimo aquello a lo cual el Gobierno pueda ponerle la mano, o pueda amenazarme con hacerlo, poniéndome así de rodillas. Si soy productor de algo, para atender a la creciente demanda, pongo las máquinas a trabajar al máximo, pero no incorporo nuevas. Ni loco me pongo en la línea de tiro, de picada, del alacrán, porque uno nunca sabe cuándo le va a dar por seguir a su naturaleza.

El régimen está diseñado para que no haya equilibrio de fuerzas en la sociedad, sino para que Chávez tenga un predominio evidente sobre todo lo demás. De modo que, en lo que al Gobierno concierne, todo lo que se deja subsistir, está a salvo como producto de un cálculo que Chávez hace, de una decisión táctica que toma, o de alguna estrategia que tiene en marcha. Pero, en principio, todo está sujeto a la cláusula general del "por ahora".

El sector privado

Por este lado de las cosas, es muy difícil que el sector privado de la economía se fortalezca. Obedeciendo cada empresario a su propia lógica, lo que le resulta apropiado es invertir lo mínimo, por lo menos mientras el alacrán este ahí. De ahí resulta que el sector privado de la economía no adquiere la fuerza que le permitiría llegar a ser un contrapeso, y no la adquiere entre otras cosas porque sabe que nunca se le permitirá llegar a ser un contrapeso.

En esas condiciones, el verdadero contrapeso que la sociedad puede ejercer frente al poder es político, y este a su vez es producto de un estado de conciencia, del hecho de que los venezolanos "sepan". Es importantísimo que los venezolanos estén enterados de lo que pasa en el país, que no queden sometidos a la versión oficial de las cosas. Que el pueblo no sepa es el ideal de todos los poderosos. El eventual cierre de RCTV, con todo lo que ello significa como clausura y como amenaza, pone ante el país, como punto uno de su agenda democrática, el de asegurarse de que el pueblo pueda enterarse, estar informado de lo que ocurre en el país.







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