Los cuerpos del delito

Por Venezuela Real - 28 de Mayo, 2007, 14:00, Categoría: Oposición/Resistencia

Maye Primera Garcés
TalCual
28 de mayo de 2007

Los dos cuerpos, la Policía Metropolitana y la Guardia Nacional, arremetieron dos veces contra los manifestantes que protestaban en Conatel bajo el argumento de que “ellos atacaron primero”

Domingo y Chávez. Qué cosas cuando a los nombres propios les da por ser alegóricos. Domingo Chávez se llama el director de Investigaciones Antiterroristas del CICPC que investigará el origen de esas dos abolladuras color amarillo que aparecieron en el poste de uno de los semáforos cercanos a la sede Conatel y que, según experticia de la Policía Metropolitana, fueron producto de dos disparos. La versión de Juan Francisco Romero, director de la Policía Metropolitana y descubridor del cuerpo del delito, es que esos dos círculos amarillísimos, en fila perfecta, quedaron dibujados en el también amarillísimo poste cuando un presunto francotirador hizo fuego desde un lugar hipotético como la autopista del Este –a unos 500 metros de distancia por 20 de altura– o, por ponerlo más cerca, desde la acera de enfrente. El detalle sería irrelevante si entre la acera y el poste no hubiesen estado congregados más de mil manifestantes que protestaban contra el cierre de Radio Caracas Televisión y si esos dos círculos, en fila perfecta y amarillos, no hubiesen sido el argumento para que la Policía Metropolitana arremetiera contra la protesta a las 8:30 de la noche, usando perdigones, ballenas y gases lacrimógenos.

Tan pronto como la concentración fue disuelta, y justo mientras los guardias perseguían con más bombas a los manifestantes que se dispersaron hasta por cinco cuadras a la redonda, el comisario Romero explicó ante las cámaras de televisión su teoría balística, apuntando con la mano izquierda al poste y sujetándose el chaleco antibalas con la derecha. “Disculpe, comisario...

pero si se trató de disparos...

¿por qué la pintura del poste sigue intacta?”. Ay. Al comisario le indignó la incredulidad ante la evidencia:
“Bueno, pues ahí tienen los tiros... el que tenga ojos que vea”.

Pero para darle una ayudita adicional a los sentidos, el reportero de Venezolana de Televisión, Daniel Castellanos, se tomó el trabajo de recoger, de entre los destrozos, las banderas que los manifestantes –fascistas, golpistas, se diría para sí– abandonaron en su huída.Tomó tres: una blanca, con el logo de RCTV; otra azul, adornada con el logo de Un Nuevo Tiempo; y una roja, Bandera Roja, valga la redundancia.

Y se las entregó al comisario Romero. Romero las desplegó con ayuda de sus funcionarios y mostró otras astas de bandera más pequeñas que tenía apoyadas entre las piernas y que, según dijo, ocultaban cabillas de acero bajo los cilindros de plástico. “Esta es la evidencia que recogieron mis muchachos”, soltó con orgullo.Y a Castellanos no se le vio más por ahí.

Después, todo el que tuvo ojos para ver se los restregó con los puños cuando, en una segunda mirada de la prueba del delito, los círculos ya no aparecían tan perfectos ni tan amarillos como hacía diez minutos atrás. Poco antes de que llegaran los expertos de la División de Investigaciones Antiterroristas del CICPC, “alguien” raspó la pintura que cubría cada uno de los supuestos impactos.

El director de la PM ni se acercó a verificar el nuevo estado de la evidencia.

¡Ah... Si a los uniformados se le hubiese encargado sembrar el petróleo, ya el doctor Arturo Uslar Pietri habría bajado tranquilo al sepulcro!

 






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