Sembrar el petróleo: una nueva lectura

Por Venezuela Real - 28 de Mayo, 2007, 10:13, Categoría: Petróleo/Energía

José Gerardo Guarisma Álvarez
El Univeral
28 de mayo de 2007

Sin lugar a dudas, el artículo de opinión más importante en la historia del periodismo venezolano, lo constituye el editorial  del diario  Ahora  el  14 de julio de 1936 bajo el titulo  "Sembrar el petróleo".

Ese editorial, firmado por uno de los más grandes ensayistas de la América Latina y uno de los prohombres  en cualquier tiempo de la universalidad venezolana, el Dr. Arturo  Uslar Pietri, invitaba a la nación  a invertir los recursos  provenientes del petróleo en actividades no extractivas como la agricultura y la industria, a través de un vasto y profundo esfuerzo educativo que lograse la transformación del hombre para garantizar la sostenibilidad del desarrollo nacional y no quedarse en el espejismo del crecimiento efímero y ocasional proveniente de la actividad petrolera, la cual por su naturaleza, estaba destinada  a aminorar sus aportes una vez que los yacimientos mermaran su producción.

Cuando tuvo lugar la crisis petrolera del Yom Kipur en 1973 con el embargo de petróleo árabe hacia Occidente, trayendo como consecuencia la cuadruplicación de los precios del petróleo, se hizo evidente que el crecimiento de las grandes economías occidentales estaba amenazado por la fragilidad de su fuente energética. Por ello es que el bloque de las naciones más desarrolladas del mundo, tuvieron la iniciativa de crear la Agencia Internacional de la Energía (AIE) en noviembre de  1974, cuyas primeras acciones estuvieron orientadas a lograr una agenda concertada de propuestas  conducentes a la exploración de los más diversos métodos de generación de energía alternos a los hidrocarburos. Dentro de esa agenda, se incluyó la energía del carbón, la energía nuclear, la energía solar, la energía eólica, la energía maretérmica y la energía biomásica, en particular la asociada con los biocombustibles. De todas estas posibilidades, la última gozó de rápida aceptación, ya que el parque automotor existente podía adoptarla a mediano plazo sin incrementar los efectos ambientales colaterales que producirían las otras; además, su ingeniería de rápida convertibilidad favorecía su producción al menor costo posible. Se trataba, en el fondo, de la sustitución de los hidrocarburos por alcoholes y fenoles de origen orgánico no contaminante, sin aditivos de plomo y azufre, insumos  por excelencia de los gases de efecto invernadero y sin la alta producción de monóxido y dióxido de carbono que caracteriza a los primeros.

Si bien es cierto que las motivaciones del Club de Roma en 1968 y de su revelador informe  "Los límites del crecimiento" en 1972 estaban lejos de ser referencias para la reflexión de la AIE, el Protocolo de Montreal en 1987 y el Protocolo de Kyoto en 1992, ubicaron el problema medioambiental y climático en la agenda impostergable. Los gases fluorocarbonados y los denominados de "efecto invernadero"  fueron el primer blanco para fomentar su eliminación drástica del mercado, una vez que fueron identificados en 1985 como los responsables del agujero de ozono sobre el continente antártico.

De manera natural, los siguientes en la lista eran los óxidos carbónicos, naturalmente. Y aquí comenzaban a delinearse los proyectos de desarrollo de alcoholes como combustible, en particular del etanol, el cual podía "sembrarse" a través de plantaciones de maíz o de caña de azúcar.

En este momento, cuando acaba de celebrarse los días 16 y 17 de abril en la isla de Margarita la primera Cumbre Energética Sudamericana de Energía, es inefable la tendencia del crecimiento de los biocombustibles como alternativa ante los hidrocarburos. Lo real y plausible pareciera ser disminuir progresivamente la concentración de hidrocarburos con biocombustibles como etanol, hasta lograr  su total sustitución en este rubro, así como en otros sectores con productos provenientes de  la agroquímica, donde se comienzan a ver productos sorprendentes que nos recuerdan el momento de la irrupción de los polímeros hidrocarbonados en su hora.

En el interés de nuestro país, se encuentra el aprovechar la amplia plataforma petrolera para investigar, explorar y desarrollar proyectos con energía alternativa, en particular complementaria con la que ofrecemos; lo que propongo es que hagamos una relectura actualizada del escrito uslariano y lo traduzcamos en los códigos de nuestras actuales coyunturas, comenzando la siembra del petróleo en el cambio de país petrolero a país energético diversificado, sacando del closet de las universidades e institutos de investigación, los más diversos proyectos de energía alternativa para complementar la energía petrolera; podríamos entonces comenzar nuestra propia siembra del conocimiento adquirido en el manejo de la industria petrolera a un ámbito mayor, la industria energética diversificada, la cual necesariamente hay que integrar con la producción agroalimentaria y con el aparato educativo, porque de lo que se trata es de interrelacionar estructuras que hasta ahora viven divorciadas en dimensiones diferentes, en una realidad de diseño de políticas sistémicas estructuradas, tal como lo está exigiendo el reto mundial  del recalentamiento global y el desarrollo postergado de nuestros países latinoamericanos, que alentaron por mucho tiempo políticas sin eco social.









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