La noche de los cristales rotos

Por Venezuela Real - 29 de Mayo, 2007, 10:42, Categoría: Cultura e Ideas

Antonio Sánchez García 
WebArticulista.net
28 de mayo de 2007

El régimen no podrá con tantos cristales rotos. Ya es demasiado tarde.
Fue demasiado lejos. Lo espera el abismo.

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El fracaso de la revolución socialista en Europa y su confinamiento a la Rusia Soviética dio pie a serias y muy profundas discusiones en el seno del movimiento comunista mundial. ¿Por qué pudo triunfar el bolchevismo en el imperio zarista y no ha logrado hacerlo en los países más evolucionados de Europa?  ¿Por qué en Rusia, donde nadie se la esperaba, y no en Alemania o en Inglaterra, cuyas condiciones socio-económicas le hacían prever a Marx el pronto estallido de la revolución proletaria y el establecimiento del comunismo?

Visto retrospectivamente, la pregunta entonces tan acuciosa sigue teniendo la misma vigencia aplicada a la historia del movimiento comunista mundial a lo largo de todo el siglo XX: ¿por qué se impuso  la revolución socialista sólo en países extremadamente pobres y subdesarrollados, de mayorías campesinas, y fracasó en todas las sociedades industriales desarrolladas del planeta?

Hay varias respuestas. Pero a los efectos de nuestro análisis - ¿por qué el régimen dictatorial del teniente coronel Hugo Chávez asalta a mansalva los medios de comunicación masivos, comenzando por RCTV? – importa en especial la que diera Antonio Gramsci, intelectual y político fundador del Partido Comunista Italiano, desde las mazmorras fascistas en las que encontrara la muerte a manos de Benito Mussolini.

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Para dar con la respuesta a este acertijo, Gramsci se basó en la diferencia categorial entre Estado y Sociedad Civil desarrollado en la filosofía hegeliana. Vio que las sociedades más evolucionadas poseían una muy desarrollada y compleja sociedad civil, en la que se asienta la auténtica, la verdadera hegemonía de los sistemas políticos dominantes. Su Autoritas, su legitimidad. Mientras que el Estado, en cambio, constituye sólo una parte, si bien la más visible, represiva y autoritaria, de la ecuación del sistema de Poder dominante.

Mientras que sociedades mucho menos evolucionadas, como la Rusia zarista, se caracterizaban por un aparato de Estado macrocefálico y una muy difusa, gelatinosa e invertebrada sociedad civil. Millones de campesinos ignorantes, ciervos de la gleba en estado de semi esclavitud, podían ser gobernados por un Estado autocrático que controlaba todos los instrumentos del Poder, en particular la policía y el ejército sobre inmensas distancias y gigantescas multitudes.

La conclusión extraída por Lenin fue correcta: bastaba asaltar la cúspide de esa fortaleza y descabezar la monarquía, poniendo en su reemplazo una nueva aristocracia dominante: el partido y en el trono, a su secretario general, para que se consumara la toma del Poder. Y en efecto: bastó el asalto al palacio de invierno por una vanguardia voluntarista y un golpe de Estado dirigido por un genial aventurero llamado Lenin, para que todo el imperio cayera en manos de los bolcheviques. Recién entonces se cumplieron las diversas etapas de lo que podría clasificarse propiamente de revolucionario: el establecimiento por una ínfima minoría de los soviets o consejos, la estatización de todos los medios productivos, la llamada reforma agraria, la construcción del ejército rojo por trotsky, la derrota militar y política de la oposición, todo lo cual le permitió al Partido Comunista entronizar con la brutalidad de una dictadura inmisericorde un régimen totalitario. Presos políticos, hambrunas y campos de concentración. El mayor etnocidio conocido en la historia de la humanidad. Con cien millones de cadáveres.

Gramsci vio con meridiana claridad que un golpe de Estado y el terror rojo no bastaban para hacer la revolución en Europa. Que en ellas, la hegemonía dominante, más que encontrarse en el Estado se encontraba en la sociedad civil.  Y que una revolución sólo sería posible luego de una larga marcha por las instituciones culturales de la sociedad civil – desde la iglesia hasta la escuela, la información, el deporte y todas aquellas actividades que entronizaban el concepto del mundo dominante. El asalto al Poder debía tener por objetivo las almas y las instituciones de la sociedad civil. Conquistar las bases de la sociedad y atacar desde abajo hacia arriba, coronando la faena con la disolución del Estado. La boa constrictor que según Marx debía ser aniquilada en bien del gobierno directo de los productores. Una utopía que jamás fue considerada por las dictaduras comunistas. Que muy por el contrario convirtieron esa boa constructor en un monstruo jamás visto: el estado convertido en Mollok a ser adorado por los súbditos de una nueva religión: la estatolatría.

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Una lectura gramsciana de la llamada revolución bolivariana nos lleva al convencimiento de que tras ocho años de incesante asedio a los bastiones formales de la institucionalidad y conquistado con buenas y malas artes todo el aparato de Estado por el chavismo – desde las fuerzas armadas hasta el TSJ y todo el sistema judicial así como desde la asamblea hasta las policías, gobernaciones y alcaldías – se ha conquistado una palanca esencial del cambio, pero no se ha sometido a la sociedad civil, que mantiene intacta su hegemonía socio-cultural y política de honda raigambre libertaria y democrática. Herencia de medio siglo de democracia y dos siglos de luchas igualitarias. Hoy por hoy, el Estado chavista se enfrenta a una sociedad civil que mantiene casi intactos sus valores hegemónicos: el respeto a la propiedad privada, la libertad de cultos y de información, el respeto a la vida, la vigencia de los derechos humanos, la libertad y la tolerancia a través de sus instituciones maestras: la Iglesia, las Universidades, los liceos y colegios, las academias, las profesiones Son las ideas y creencias dominantes, introyectados en nuestra conciencia desde la familia y sobre todo gracias a los medios de comunicación: vasos comunicantes de todo ese complejo entramado de creencias, valores e ideas. De modo que la tarea prioritaria luego de forjado el triunfo electoral del 3D – gigantesco fraude mediante - y fagocitado por el teniente coronel el conjunto de las débiles instituciones estatales y para estatales en crisis,  ha sido combatir y derrotar la hegemonía dominante, extirpar las ideas, valores y creencias que ocupan el alma de los ciudadanos. Y tratar de conquistar o someter todos los espíritus a los designios del tirano.

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El objetivo final es la sociedad totalitaria: fracturar la hegemonía democrática dominante y montar una hegemonía socio-cultural pasiva, absolutamente esclavizada por las ideas impuestas por el régimen. Exactamente como en Cuba o en Corea del Norte. Una sociedad civil jibarizada, de zombis esclavizados por el caudillo. Para ello debe el régimen liquidar, al mismo tiempo, la propiedad privada – génesis y base de toda democracia - y fracturar el poder hegemónico opositor, liquidando el universo de las ideas, valores y creencias dominantes. De allí la lógica inmanente a los ataques de grupos ultra chavistas que comienzan por atacar a FEDECÁMARAS y terminan por atacar a GLOBOVISIÓN. Aplastar en primer lugar el símbolo de la propiedad privada y luego los medios que transmiten y reproducen las ideas y creencias del sistema. Que mantienen vivos los valores democráticos y reciclan permanentemente el afán por estar informado, por poder elegir y escoger quien penetra en mi casa y comparte mi mesa.

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De esos medios, el más poderoso es  incuestionablemente RCTV. Por lo tanto: a caerle a saco a RCTV, a asesinarla y apoderarse de su infraestructura operativa y comunicacional. Un asalto a mansalva y mano armada que, comparada con la insignificante acción relámpago de grupos ultrosos del 23 de enero, constituye un crimen gigantesco y de muy alta factura. Aprobado por un sistema judicial absolutamente arrodillado y al vergonzoso servicio del tirano. Así William Lara, Juan Barreto y todo el andamiaje comunicacional del régimen – despreciado por las mayorías – intenten convencernos de lo contrario. Un asalto a mano armada en la mejor tradición nazi fascista. Equivalente a la noche de los cristales rotos, cuando las hordas nazis asaltaran sinagogas y establecimientos culturales y negocios judíos. Para tratar luego de cambiar los contenidos e introyectar en la conciencia de sus teleespectadores los valores o anti valores del régimen.  Un viejo expediente del estalinismo y del nazismo hitleriano.

Pero no basta con RCTV. A RCTV deben seguir los restantes medios radio-eléctricos e impresos. Y una vez aplastados y ocupados, el régimen debe apoderarse de las restantes instituciones educativas y culturales. Deberá asaltar las universidades, liquidar la educación privada y tratar de montar una nueva hegemonía. Pues si no somete y avasalla los espíritus, no ha cumplido con sus propósitos totalitarios. Deberá reescribir la historia, tarjar el pasado, hacer desaparecer los antecedentes genéticos de nuestra nacionalidad democrática.

Por eso el asalto a RCTV: medio siglo de historia nacional. El régimen ya se apoderó del Estado. Inicia ahora la larga marcha a través de las instituciones de la sociedad civil. ¿Encontrará el camino despejado? ¿Logrará erradicar de la ciudadanía sus hábitos democráticos, libertarios e igualitarios? ¿Convertirá a los venezolanos en unos zombis del caudillismo autocrático y militarista, como lo lograra Fidel Castro con los infelices y desgraciados cubanos?

La pelea está abierta. La guerra declarada. El desenlace no ha sido escrito.

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De una plumada, Chávez se zampa medio siglo de vida informativa, artística y cultural de la Venezuela democrática. Lo más probable es que se empache. Es que se indigeste y no encuentre forma ni manera de metabolizar tanta realidad tan ajena a sus pulsiones destructoras, despóticas, totalitarias.

Pero lo peor no es ese monstruoso bolo alimenticio que le trancará sus intestinos, como lo hiciera con Castro su maestro, que se muere de no poder defecar tanta crueldad, tanta maldad, tanto asesinato, tanta ignominia. Lo peor es que le queda clavada una espina: Marcel Granier. Quien ayer nació a la nueva historia venezolana como el líder que el momento demanda: de un temple, una cultura y un equilibrio emocional digno de grandes circunstancias históricas. Hemos perdido – por ahora – un canal. Hemos ganado un estadista.

El régimen no podrá con tantos cristales rotos. Ya es demasiado tarde. Fue demasiado lejos. Lo espera, tarde o temprano, el abismo.





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