Cacerolazos, para el que no quiere oír

Por Venezuela Real - 30 de Mayo, 2007, 15:04, Categoría: Cultura e Ideas

Marianella Durán P.
TalCual
30 de mayo de 2007

Expresión de protesta genuina de la población en Latinoamérica

Hay tres formas estándar de responder a la rabia: tragársela, expresarla o afrontarla de manera reflexiva. La condena pacífica golpeando una olla ha conseguido gran eco en la población venezolana

En medio del duelo se junta la tristeza y la rabia.

La primera neutraliza ante los acontecimientos de provocación y la segunda activa el reclamo o la hostilidad. Julio Vicente Pérez, psicoterapeuta gestalt, le da una gran importancia al sonar de las cacerolas, al rechiflar de pitos, a gritar consignas y cualquier otra expresión no violenta; porque ayudan a drenar y manejar las emociones de rabia, que al no hallar rutas de evacuación, pueden conectar a las personas con reacciones inconvenientes a su seguridad y a la de los ciudadanos en general.

“El cierre del canal de televisión más antiguo del país es un suceso dramático que ha generado una experiencia de pérdida entre los venezolanos, y el resultado emocional puede convertirse en violencia, si las personas se acoplan con la hostilidad en lugar de reorientar su función agresiva en reclamo y legítima defensa de sus derechos. La rabia no es mala por sí sola, sino cuando toma el camino de la intolerancia y daña al otro. Por eso hay que evitar incitaciones”.

A pesar de que más que un luto los venezolanos parece que ahora tienen una referencia menos vinculada a su identidad y esto les ocasiona una respuesta de rechazo y de aflicción al mismo tiempo, han aprendido a mostrar su malestar de diversas maneras. Allí es donde entran los elementos de los cuales disponen todos los ciudadanos como una paleta y una olla, y que no implican un enfrentamiento callejero.

PROTESTA DIVERSA Y PLURAL

Desde los años 70 se tiene registro de cacerolazos, siendo quizá Chile la cuna de este tipo de reprobación social. En Venezuela ha resultado una excelente y ruidosa forma de protesta pacífica original, puesto que los métodos clásicos han desencadenado en violencia. “La esencia del cacerolazo estriba en la ampliación y profundización de la protesta democrática, alejándola de las manifestaciones tradicionales e introduciéndola en los hogares.Transfiriendo el protagonismo de una minoría a la gran mayoría de la población, convirtiéndose así en una protesta al alcance de todos, y por ende sumamente pacífica”, relata un estudio de 2004 hecho en la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires.

El rugir de las cacerolas no sólo convoca a la clase media, sino también a los sectores populares y a la clase alta. Así lo evidencian las distintas manifestaciones con el sonar de los cuencos en Chile (1971-1973-19821987), Argentina (1996-2001-2002), España (2001), Uruguay (2002) y en Venezuela durante los años 90, en el año 2002 y en la última semana.

Todos los cacerolazos (caceroladas, en España) se relacionan con una forma de manifestación autoconvocada espontáneamente por un grupo de personas o bien respondiendo al llamado de una fuerza política u otra organización, generalmente para ir en contra de un gobierno o de determinadas decisiones o políticas gubernamentales.

“Su característica más destacada, y que la distingue de otros tipos de protesta, radica en que los manifestantes muestran su descontento mediante un ruido acompasado, a una hora acordada de antemano, desde sus propias casas, y pudiendo alcanzar un alto grado de adhesión y participación”.

La diversidad de los grupos etarios es otro rasgo relevante, dado que en las diferentes ocasiones se evidencia la presencia de jóvenes, ancianos, y mujeres y hombres que se incorporan sin distingo de género u ocupación.

De acuerdo al estudio de los psicólogos argentinos, a través del cacerolazo se produce una convergencia social desde la diversidad de sus históricos arraigos de clase. “Particular confluencia de los pobres de siempre, los nuevos pobres y los futuros pobres. Distintos grados de pobrezas materiales, distintos grados de pendiente social, pero todos despojados de sus bienes simbólicos, expropiados de futuro, sustraídos hasta la extenuación de sus esperanzas”.

Ya no se trataría de reivindicaciones de una clase, género, organización, sino que coincide una multiplicidad de componentes, motivos y reclamos.

En la actual circunstancia de Venezuela, las cacerolas se escuchan por el derecho a la libertad de expresión y por el cierre de la planta de televisión más popular.

Ante una realidad que luce hostil, los ciudadanos responden de una forma calmada pero ensordecedora para quien no quiere oír.






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