La doctrina Díaz Rangel

Por Venezuela Real - 30 de Mayo, 2007, 15:11, Categoría: Gente de Chávez

Javier Conde
TalCual
30 de mayo de 2007 

Líder fundamental de las luchas periodísticas en los duros 60, el director de Ultimas Noticias ensaya una nueva teoría para exculpar al Gobierno

Ningún gobierno de la era democrática (aún estamos en ella), ni éste ni los que ya lejanamente lo precedieron, reconoció durante sus ejercicios gubernamentales que habían atentado contra la libertad de expresión.

Todos, sin excepción, negaron en su momento que aquella ley, o este reglamento, o la decisión tal, pretendiera cercenar el derecho constitucional a la libre expresión. Es obvio en esa línea de actuación que mucho menos se admitiera alguna presión indebida, bajo cuerda, de trastienda, para torcer el curso informativo de un hecho o para que éste desapareciera de las páginas de un diario o de las pantallas televisivas.

Nadie que se sepa, se hizo responsable en los aciagos años ochenta de que la rueda de prensa de amplísima cobertura de la señora Gladys de Lusinchi, que pretendía divorciarse de su marido, sólo apareciera reseñada al día siguiente en El Nacional.

Una primera conclusión es que la libertad de expresión en Venezuela ha disfrutado de una excelente salud durante las últimas cinco décadas. Una segunda es que los gobiernos que hemos tenido –o padecido– tienen escasa credibilidad en este asunto de la libertad de expresión, aunque todos ellos juren que la cumplen al pie de la letra. Por ser la libertad de expresión un valor consustancial con la vida en democracia, los pueblos, o sus organizaciones, evitan dejar los balances de cierta credibilidad en manos de las instituciones oficiales. Por eso, entre otras cosas, existen los sindicatos de prensa, las asociaciones de profesionales y de patronos e, incluso, más acá en el tiempo, organismos cuyo único fin es vigilar el estado de esa libertad en su sociedad o en sentido planetario, en todas las sociedades.

La doctrina Díaz Rangel –el director del diario Ultimas Noticias– reta a esas diversas organizaciones a que muestren “una sola” opinión y/o noticia que no haya sido difundida por presión o acción gubernamental. Díaz Rangel, que tiene fama de acucioso investigador de estos tópicos, limita el campo de su reto al período de este gobierno. El mismo se ha dedicado a documentar, con un afán que hoy se extraña, las etapas previas. Díaz Rangel, para el lector poco avisado, fue el líder fundamental de la Asociación Venezolana de Periodistas, AVP, una organización que jugó un destacado papel en la promoción y defensa de la libertad de expresión cuando tal cosa suponía enormes riesgos y las nociones democráticas eran muy frágiles; dirigió la Escuela de Comunicación Social de la UCV, la primera de todas, que formó una larga generación de periodistas que llevaban –y llevan– incrustados en sus neuronas los criterios de independencia y libertad para poder ejercer un periodismo al servicio del pueblo. Y fue también el propiciador del Colegio Nacional de Periodistas, una entelequia hoy, pero que dotó a los trabajadores de la información de un código de valores irrenunciables.

Porque ese currículo pesa, uno –y muchos más– no logra explicarse el viraje conceptual de Díaz Rangel. Con el debido perdón, su doctrina parece una ofensa a la inteligencia.

¿Verá Díaz Rangel el canal 4, cuya concesión acaba de ser prorrogada? ¿Qué le parecerá que ocho de las primeras diez noticias de su informativo estelar sean favorables a la gestión oficial? ¿O que el domingo último ofreciera una generosa ración de Tom y Jerry, en clara contribución a la tranquilidad nacional? Pero hay más. La decisión del Fiscal General de la República solicitando, y un tribunal concediendo, la prohibición de difundir actas del expediente Anderson, y que afectó incluso a periodistas de Ultimas Noticias, ¿es o no una presión o acción gubernamental para impedir la difusión de hechos de interés público? Sin embargo, puede Díaz Rangel excusarse: el Fiscal es independiente y su acción no compromete al gobierno.

Otro tribunal, celoso defensor de los menores, obligó a este diario a retirar el artículo “Querida Rosinés” de su archivo digital y conminó a su autor a no mencionar el nombre de la menor involucrada (la hija del Presidente) en ninguna circunstancia.

Díaz Rangel escribió, al respecto, que el texto proscrito, y luego sancionado, no era inocente. La doctrina que profesa auspicia la información “veraz, oportuna e inocente”.

Y otro hecho más, que involucra al propio Díaz Rangel. A mediados de septiembre del año 2005, personal de la Casa Militar retiró en las propias instalaciones de la Cadena Capriles material fotográfico de unas tomas recién efectuadas en el Panteón Nacional que registraban la agresión a unas personas que intentaron acercarse al Presidente. La versión de los hechos, que conmocionó al personal periodístico de la Cadena y suscitó un comunicado interno de rechazo, no fue reseñada en Ultimas Noticias, el diario que dirige Díaz Rangel. Al respecto, declaró para este diario, que “en la reunión de primera no se presentó ninguna nota, ni ninguna fotografía sobre esos hechos. Esa información nadie la escribió y por eso nadie la pudo censurar”.

La doctrina queda a salvo.






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