Vista, cerebro y mano

Por Venezuela Real - 30 de Mayo, 2007, 10:56, Categoría: Cultura e Ideas

Antonio Cova Maduro
EL UNIVERSAL
30 de mayo de 2007

La batalla ha salido del canal y ha entrado en cada hogar

En su sensacional libro El viaje, el escritor mexicano Sergio Pitol cuenta que, impactado todavía con la experiencia que había vivido la noche anterior, al ver la sensacional puesta en escena de una obra del dramaturgo ruso Chejov, cuando le comunicaba a sus interlocutores checos cuan maravillado estaba a causa de ella, éstos, curiosos, le inquirían, "¿y dónde fue ese portento?" por si se repetía, poder disfrutarlo ellos. Él, inocente, les respondía, un poco extrañado de su desinformación, "pues en el canal del Estado". Rápido recibía la respuesta cortante: "Nosotros jamás vemos eso". Esa era la conducta esperada de todo checo bien nacido, parecían indicarle.

Algo similar deberán asumir los venezolanos de estos tiempos. Una operación de alta mar, dirigida por ladinos piratas, acaba de consumar una operación de asalto y secuestro de un canal de televisión que se negó a "colaborar" asumiendo el método Chaz para escapar del abordaje de estos piratas. Con esa conducta han perdido la inmediata batalla, sabedores de que la otra, la larga, comenzaron a ganarla desde el pasado sábado. Y para los máximos jueces de la República. ¡Gracias por favores recibidos! De un plumazo se hundieron en el estiércol y pusieron a ese canal en el pedestal de Ricaurte.

La batalla ha salido del canal y ha entrado en cada hogar. Y en esa batalla contra piratas y colaboracionistas, los venezolanos han de hacer un uso exhaustivo de todas sus dotes y sus mejores rasgos. Veamos cómo y de qué manera.

En su etapa neo-evolucionista, el más conocido sociólogo norteamericano del siglo XX, Talcott Parsons, propuso que para sobrevivir el ser humano ha sido dotado de tres grandes herramientas: primero que nada, la visión, que le provee de toda la información organizada que necesita. Como es panorámica, le posibilita ubicar cada cosa en su contexto, dándole la medida del volumen de las cosas.

El siguiente instrumento: la mano humana. Cuando devinimos "bipedales", nuestras patas delanteras se transformaron en largos brazos que, por múltiples articulaciones terminan en ese portento que son las manos, con el pulgar opuesto a los otros cuatro dedos. Gracias a eso pueden aprehender, sostener y manipular incontables objetos, realizando con ellos maniobras de múltiples posiciones. El hecho de que sean un par multiplican su capacidad, pues cooperan organizadamente entre ellas -de allí el dicho, "manos lavan manos y ambas lavan la cara"- y pueden realizar una compleja división del trabajo, con su carnal, la especialización de las tareas. La mano humana, en resumen, es un portento.

Y el milagro que nos distingue del resto de los animales: el cerebro. Producto de milenios de evolución, a él toca coordinar las informaciones visuales y auditivas, garantizar la capacidad de aprender y almacenar lo aprendido; al mismo tiempo que debe realizar operaciones complejas y utilizar habilidades manuales, para culminar con ese gran rasgo característicamente humano que es la manipulación de símbolos. El cerebro, con la esmerada colaboración del aparato fonador es el artífice del lenguaje articulado, que es lo que, en definitiva, nos distingue como humanos.

Ha llegado el momento, pues, de utilizar el cerebro para discernir adecuadamente cuánta verdad pueden transmitir los piratas, sobre todo si nos preguntamos para qué, teniendo una flota de barcos comunicacionales, repleta de petrodólares, necesitaban asaltar y saquear un barco autónomo e independiente. El nos ayudará a ver claro que en el barco pirata ya no habitará el humor, porque el humor es burlarse del poder, y desnudarlo. ¿Imaginan a Joselo haciendo escarnio de los "próceres" de la revolución bolivariana?

Nos ayudará a entender lo que dijo Ibsen Martínez, ("la señora de los ovarios de acero no estará, por supuesto, 'al frente del canal', sino al frente -y ansiosamente pendiente- ¿¡del teléfono!") Finalmente nos arrojará claridad meridiana sobre algo que parece evidente, pero que no todos captan: que el resentimiento solo no produce obra duradera y que cuando es sólo para la venganza ruin, como que no hay tiempo para más nada.

Para lo que sí necesitaremos todo el tiempo del cerebro es para desplegar el ingenio que requeriremos para lograr una comunicación efectiva. Como la que por debajo se cuela en cada rendija de la mazmorra cubana; como la de los chinos en lo más agobiante del período maoísta: escribían a mano "cadenas" de ideas e información, que distribuían a los ansiosos ojos de todos.

Y entonces aparecerá, la mano. Para cambiar de canal, para el blackout a las emisiones piratas, para el tecleo que utilizaremos con los mensajes veraces. Esa será el arma certera: ¡ésa, orientada por la vista y dirigida por el cerebro!





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