La furia estudiantil

Por Venezuela Real - 31 de Mayo, 2007, 8:21, Categoría: Oposición/Resistencia

Axel Capriles M.
El Universal
31 de diciembre de 2007

La sociedad venezolana no ha podido ser totalmente sometida ni comprada

En la época en que los estudiantes hicieron tambalear a los gobiernos más poderosos del mundo (a finales de los años sesenta y principios de los setenta), la entrada de la Universidad Central de Venezuela estuvo marcada por un graffiti que hoy recobra vigencia y actualidad: ¡Arr...!, se leía en letras negras y rojas que punzaban la emoción. El cierre de RCTV ha hecho renacer ese graffiti en el corazón de la juventud venezolana, una furia estudiantil que da inicio a un nuevo capítulo en la lucha por las libertades democráticas conculcadas por la voluntad totalitaria del Gobierno más anacrónico de nuestra historia republicana.

Los jóvenes

Hasta hace poco, una de las debilidades de la sociedad civil democrática para enfrentar la voracidad de un Estado cada vez más invasor había sido su incapacidad de ganar el interés y la motivación de los jóvenes. Herederos de los derechos y logros de una modernidad que daban ya por sentada, sin experiencia para ver la sombra que se cernía sobre su propio futuro, los estudiantes se habían mantenido alejados de la pugna política.

Así como las revueltas del año 1928 contra la dictadura gomecista evocan inmediatamente la figura del "bachiller", la turbulencia civil de los años 2002, 2003 y 2004 nos trae a la mente imágenes de amas de casa, hombres y mujeres profesionales, adultos entrados en edad. Falto del arrojo y la impulsividad juvenil, el movimiento opositor venezolano se hizo pesado, demasiado racional, conservador y timorato, para luchar con éxito contra una voluntad de poder sin ningún tipo de escrúpulos, dispuesta a todo antes que perder el mando.

En acción

La entrada en acción de los estudiantes introduce nuevas esperanzas sobre el futuro y las posibilidades de la sociedad venezolana. A diferencia del mayo francés o los disturbios de la Universidad de Berkeley de los años sesenta signados por la barrera generacional, el movimiento estudiantil venezolano pareciera destinado a convertirse, más bien, en un factor de unión, en la fuerza capaz de aglutinar la fragmentada oposición democrática.

Nuestra situación política se asemeja, en muchos aspectos, a la de Serbia bajo la dictadura de Slobodan Milosevic. Divididos y maniatados, debilitados y desprestigiados, los partidos políticos y los dirigentes tradicionales habían perdido toda credibilidad para asumir los destinos del país. Repentinamente, Otpor, un movimiento de resistencia surgido de la nada, integrado por estudiantes menores de 25 años, se convirtió en la punta de lanza que llevó al asalto del palacio presidencial y a la salida de Milosevic.

Inocultable

Todavía es imposible anticipar el alcance del descontento juvenil pero, en el peor de los casos, dio cuenta de una realidad que el Gobierno ya no puede ocultar: que a diferencia de Cuba, la sociedad venezolana no ha podido ser totalmente sometida ni comprada y todavía contiene un amplio sector moderno de la población que reconoce la miseria, la dependencia y la degeneración ocultas tras las engañosas dádivas y limosnas del Estado y está dispuesto a luchar por su derecho a un futuro individual.







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