Protesta, censura, represión y vergüenza

Por Venezuela Real - 1 de Junio, 2007, 20:55, Categoría: Oposición/Resistencia

Gerardo Blyde
El Universal
01 de junio de 2007

Lejos quedaron aquellas promesas de nunca más reprimir al pueblo

No hay nada que asuste más a un gobernante que la protesta pacífica. Si hay protesta es preocupante para él, pero si es pacífica, lo incomoda en grado extremo. Por ello trata de provocar violencia, inventar conspiraciones o desacreditar a los manifestantes señalándolos como engañados para tratar de tener la excusa ante sus partidarios y el mundo de lo que no logra explicarse a sí mismo.

No reconocerá jamás que los miles de jóvenes que salieron a la calle tienen libre albedrío, son seres pensantes, razonan por sí mismos. No reconocerá jamás que él les ha dado un motivo, una causa por la cual luchar, por la cual protestar. Se niega la realidad pues el error no puede haber sido cometido por él.

Desesperadamente trata de inventar alguna historia que haga parecer a los jóvenes como un rebaño de ovejos al cual alguno con aviesa intención maneja; o trata de minimizar la protesta como reducida a un pequeño grupo de estudiantes que no representan el sentimiento mayoritario de los jóvenes; o trata de provocarlos con violencia para que reaccionen con más violencia y así conseguir la excusa perfecta para acabar con la protesta. Si algo es directamente proporcional a la pérdida de popularidad en los regímenes personalistas y autocráticos es la represión. Lejos quedaron aquellas promesas de nunca más reprimir al pueblo.

Con la salida de RCTV del aire, las protestas generadas y la actuación excesiva y desproporcionada de las fuerzas de seguridad, no las hubiera conocido el pueblo venezolano si no quedara aún al aire Globovisión. A través de esa ventana se pudo ver cómo estudiantes que protestaban de manera pacífica en la plaza Brion, gritando consignas y escuchando discursos de periodistas y de dirigentes estudiantiles, eran atacados sin ninguna razón ni consideración por la policía con bombas lacrimógenas. Lejos de provocar una reacción violenta, los estudiantes se sentaban con los brazos arriba en clara señal de estar desarmados y en son de paz. Esa imagen fue más poderosa que cualquier discurso manipulador y deformador de la verdad de los hechos, y por ello la orden terminó siendo la de acabar con la concentración a como diera lugar. Así lo cumplió la policía y atacó finalmente con tal cantidad de lacrimógenas que hizo imposible la permanencia de los jóvenes en la plaza.

Olvida el Gobierno que además de Globovisión, los corresponsales extranjeros también estaban presentes y dieron cuenta al mundo de los atropellos policiales al derecho a manifestar.

Quienes siendo de izquierda y defendieron en el pasado ambas libertades, la de expresión y la de manifestación, hoy lucen desdibujados, inventando argumentos para justificar lo que no tiene justificación alguna. El servilismo a su líder les ha borrado sus principios, ha puesto en blanco sus memorias, ha desvanecido sus luchas pasadas.

El jefe inventa conspiraciones y magnicidios inexistentes en la voluntad de lucha y protesta de los jóvenes. Inventa supuestos mensajes subliminales que pretenden inducir a incautos para que lo asesinen, viendo fantasmas por las esquinas. Los antiguos luchadores de izquierda que aún apoyan al gobierno repiten semejantes fantasías en sus apariciones públicas, sin poder convencer a nadie pues ellos saben que la censura y la represión son las armas con las que otros, años atrás, los combatieron a ellos en su juventud.

En el fondo de sus almas, deben sentir vergüenza por tener que asumir esas posiciones y argumentaciones. Deben estarse viendo retratados en aquellos dirigentes y gobernantes a los que combatieron, contra quienes protestaron. Se preguntarán cómo fue que el poder los cambió, cómo es que la fulana revolución puede censurar, reprimir e inventar una historia para tratar de justificar esa censura y esa represión y cómo es que son parte de eso.

Verse hoy en el lamentable papel de tener que expresar que la protesta estudiantil generalizada en el país corresponde a un plan desestabilizador es una vergüenza. Aquellos que vienen de viejas luchas por la libertad, tienen que estarse mirando en los medios y decirse a sí mismos: "¡en lo que he caído!".

La censura de los hechos en VTV junto a la manipulación grosera de las imágenes para tratar de mostrar a los muchachos como violentos o como borregos, sólo hará que quienes protestan y luego vean semejante bodrio informativo, reaccionen en contra de esa falsedad.

Es un inmenso error político mentir así. La autocensura que se han impuesto otros medios privados de comunicación jugando al cuide, también está siendo vista y evaluada por un pueblo que comienza a despertar a la dura realidad de la hegemonía en el poder. Este pueblo tiene derecho a expresarse y a protestar pacíficamente y no está dispuesto a claudicar ante la represión.

 





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