La revuelta

Por Venezuela Real - 3 de Junio, 2007, 18:28, Categoría: Política Nacional

TULIO HERNÁNDEZ
El Nacional
03 de junio de 2007

L a más importante respuesta colectiva ocurrida a partir del capricho presidencial que condujo al cierre de la señal de Radio Caracas Televisión la representa, sin duda, el desbordante brote de protestas estudiantiles que han cambiado de manera evidente el escenario político y afectivo de la Venezuela tensa, crispada y polarizada de estos tiempos.

Es cierto que la respuesta internacional ha sido también decisiva. Que el elevado número de organizaciones que han condenado la medida, comenzando por las no gubernamentales que a la manera de Reporteros sin fronteras han hecho presencia en el país para fijar su posición; de entes empresariales, como la Sociedad Interamericana de Prensa que han enviado a Caracas a sus más importantes directivos a expresar sin tapujos su rechazo; junto a los contundentes editoriales críticos de distintos e importantes medios de comunicación, entre los que destaca el parisino Le monde; y las mesuradas pero contundentes declaraciones adversas de estadistas latinoamericanos como Luis Ignacio Lula o Michelle Bachelet, constituyen en su conjunto un fenómeno digno de estudiar y la primera gran derrota de Hugo Chávez y el proyecto neoautoritario bolivariano en el escenario de la opinión pública internacional.

También es verdad que el rechazo masivo a la medida por parte de la población venezolana, incluyendo a una buena parte de los seguidores del presidente Chávez, es otro fenómeno peculiar y una primera fractura muy reveladora en la base de apoyo al proyecto cívico-militar que nos gobierna.

Que los estudios de opinión realizados por las empresas más confiables del país, entre los que destaca el más reciente de Hinterlaces, muestren que cerca de 80% de la población se muestra en desacuerdo con el cierre del canal pionero de la televisión venezolana, es una prueba de cómo el sector de la población que sigue al presidente no lo hace de manera enceguecida como suponíamos sino que puede mantener criterios propios no necesariamente sumisos o incondicionales con el líder mesiánico. Pero la presencia en la calle, prácticamente durante toda la semana que hoy concluye, de las desbordantes y entusiastas masas de estudiantes expresando de una manera por demás serena, entusiasta y respetuosa su rechazo decisivo e irrevocable al capricho presidencial, es un acontecimiento que no sólo ha sorprendido al país –tanto al Gobierno como a las diversas formas de oposición–, sino que actúa como un síntoma revelador de las reservas democráticas que guarda la sociedad venezolana para hacerle frente al proyecto de imposición de un modelo político totalitario emprendido por el teniente coronel Hugo Chávez y la elite cívico-militar que lo acompaña.

A contracorriente de lo que se había convertido en una convicción nacional, la idea de que los jóvenes estudiante universitarios de estos tiempos estaban paralizados por la desidia, la apatía y el desinterés en lo que a la vida política se refiere, el brote de protestas que hemos presenciado en estos días nos dicen que algo ha cambiado en el seno de este sector.

Dos factores parecen ser decisivos para entender lo que ocurrió. El primero tiene que ver con el hecho de que esta generación que oscila alrededor de los veinte años tiene por lo menos ocho años, es decir, desde que comenzaron su adolescencia, escuchando en sus hogares un prédica -la añoranza por los partidos que desaparecieron, la reivindicación de la política como una actividad noble y necesaria para enfrentar la nueva barbarie- distinta a las generaciones inmediatamente anteriores que crecieron escuchando lo contrario, la idea de que la política y los políticos eran un asco y que había que permanecer lo más lejos posible de su contaminación.

El segundo factor es que el cierre de RCTV es la primera decisión que hace visible de manera tangible –padecida en el terreno de la intimidad personal– el carácter autoritario, militarista y extremadamente personalista del régimen bolivariano. Es muy probable que la mayoría de los jóvenes estudiante que hoy protestan en las calles de las grandes ciudades venezolanas no sean fieles espectadores de RCTV. No protestan porque se les haya quitado una señal televisiva con la que tienen una relación afectiva, lo hacen porque se niegan a aceptar que una sola persona, el presidente de la república, decida por ellos qué se puede y qué no mirar en la televisión abierta del país.

Una nueva etapa, con nuevos protagonistas está comenzando. No es el mayo del 68. Tampoco el movimiento estudiantil que derrocó a Milosevic.

Pero no me queda duda alguna de que estamos presenciando el surgimiento de una nueva generación política. Y en Venezuela, lo mostraron los muchachos de 1928, lo ratificó el movimiento estudiantil que aceleró la caída del dictador Pérez Jiménez en 1958, la fuerza estudiantil ha sido decisiva cuando de confrontar tiranos y gobiernos autoritarios se trata, de acuerdo a las mediciones de opinión realizadas por las más confiables encuestadoras venezolanas





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