Muchachos que patean las calles

Por Venezuela Real - 3 de Junio, 2007, 11:06, Categoría: Política Nacional

ALBERTO BARRERA TYSZKA
EL NACIONAL
03 de Junio de 2007     

Cuando el poder intenta darle argumentos a la censura o a la represión termina siempre haciendo el ridículo.

Muchos años antes de ganar el Premio Nobel, Joseph Brodsky, fue segregado en la Unión Soviética. Lo declararon "parásito" porque no tenía una "certificación oficial" que garantizara que él era un poeta. Según parece, estamos en una semana bastante Brodsky. Hace falta una certificación oficial para protestar. Hace falta un aval gubernamental para emocionarse. Hace falta pedir permiso para ser joven.

Estos días son un difícil homenaje al absurdo. ¿Qué es lo primero que hace el Presidente cuando una parte de la población manifiesta en contra de la salida de RCTV de la pantalla? Acusa a otro medio de Comunicación. Culpabiliza a una televisora, cuya señal aérea apenas alcanza a dos ciudades, de ser la responsable de las protestas que se dan en todo el país. ¿Qué es lo primero que hace el Presidente cuando entra en conflicto con algún sector se sus gobernandos? Le echa la culpa al imperialismo. ¿Cuál parece ser siempre la primera reacción del Presidente ante cualquier diferencia? Dice que lo quieren asesinar.

Esta semana, cualquier ejemplo tomado al azar puede ser un tesoro. Los funcionarios salieron todos en estampida a distribuir el miedo. Como no encuentran argumentos más o menos creíbles, levemente verosímiles, terminan apareciendo ellos mismos como razones vivas de la censura y de la represión. Ninguno parece ser capaz de observar y de aceptar que la realidad puede ser diferente, que la gente no siempre es como ellos piensan. La ceguera del poder es infinita. Hablaron de "estudiantes tarifados" y de "dobles universitarios". Chapotearon en las contradicciones más sorprendentes con radical tranquilidad. Mary Pili Hernández no entiende por qué alguna gente se molesta con la amnesia informativa de Venevisión el pasado domingo. Como si ella jamás hubiera denunciado el famoso black out de los días de abril del 2002.

Iris Varela defiende la labor revolucionaria de la policía que dispersa por la fuerza las manifestaciones. Darío Vivas dice que todo es una conspiración para acabar con la Copa América. Juan Barreto –como cualquier funcionario de la cuarta repúblicaasume que detrás de los muchachos hay un plan desestabilizador... Todos repitieron desde el inicio dogma con que el Presidente deslegitimó cualquier protesta. Según él, la gente sólo tiene una "tristeza inducida", padece de "depresión inducida". Nada que no sea el apoyo al gobierno es genuino, original. Ni siquiera el sufrimiento.

Otro ejemplo que no tiene desperdicio: Desirée Santos Amaral repitiendo demasiadas veces su llamado a las madres para evitar que sus hijos fueran utilizados por los demonios del golpismo.

Pero detrás de esta manipulación, que supone que los estudiantes son imbéciles y que pretende convertir a las madres en celadoras oficiales, respira una lógica todavía más perversa: suponer que los responsables de la violencia son las víctimas. En ningún momento la diputada se le ocurrió siquiera mencionar la actuación de los cuerpos de seguridad. Con ese mismo fatal procedimiento, se justifica tantas veces la violación a una mujer. Tiene culo y se mueve.

Ella se lo buscó. Es su culpa.

Se trata de la misma asombrosa incoherencia que derrocha Mario Silva, estrella de la farándula oficial, cuando aparece en pantalla con una máscara antigas calzada sobre el rostro. Tiene la intención de burlarse de los estudiantes pero el mensaje va más allá, lo traiciona. Hacer chistes para intentar maquillar o suavizar la violencia, cualquier tipo de violencia, siempre será reaccionario.

El telón de fondo de todo este absurdo es un acto que, hace apenas una semana, tuvo el Presidente en el Teatro Teresa Carreño. Ahí se encontraban los estudiantes universitarios, devotos, aguerridos, coreando consignas e invocando el mantra de "patria, socialismo o muerte". Esos mismos jóvenes, en una muestra digna de Porfirio Torres y su insólito universo, aullaron frente al comandante, pidiendo "intervención-intervenciónintervención". Todos los que algunas vez pasamos por alguna universidad pública y autónoma sentimos crujir nuestro páncreas. Más que movimiento, era un sometimiento. Más que estudiantes, fueron soldados.

Ahí está la diferencia, tan aparentemente mínima, tan simple y descuidada. Mientras el poder invoca al imperialismo y se organiza militarmente debajo del comandante; hay otros muchachos que quizás no obedecen ni al gobierno, ni a la oposición, ni a los medios; muchachos que patean las calles, sin otra orden que su propio desconcierto, tratando de buscar el país en que viven.



 





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