Esplendores y azares del movimiento estudiantil

Por Venezuela Real - 4 de Junio, 2007, 14:15, Categoría: Testimonios

ELÍAS PINO ITURRIETA
EL UNIVERSAL
04 de juno de 2007

Las protestas estudiantiles se han caracterizado por su símbolos y sus llamados a la paz
"Las luchas estudiantiles que han marcado a la sociedad contaron con una formación política previa"

Resulta conmovedor que los jóvenes se echen a la calle en defensa de la libertad de expresión, no en balde sus conductas traslucen una genuinidad frente a la cual fracasan las explicaciones torcidas del oficialismo sobre una orquesta de fuerzas cuyo objeto es la liquidación del régimen.

La frescura de los muchachos, su virginidad desgarrada por la arbitrariedad del presidente de la República, su coraje sin prevenciones, concitan la admiración del resto de la sociedad - padres de familia, amas de casa, personas del servicio doméstico, gentes comunes del vecindario, oficinistas, profesores metidos en la estrechez de sus aulas, televidentes y radioescuchas candorosos¿ -hasta el punto de convertirse en un ventarrón cuyo fuelle puede conmover a una muchedumbre que viene esperando el momento de afirmarse frente al autoritarismo chavista.

Sonamos las cornetas cuando pasan a nuestro lado las oleadas de liceístas y de discípulos de las universidades echando el resto por unos valores que no hemos defendido con acierto. Nos vemos reflejados en su espejo, movidos por una mezcla de admiración y envidia al comparar lo que están haciendo con la carga de nuestras omisiones y con la vergüenza de nuestra comodidad.

Todo nos invita a sentirlos como capitanes de una cruzada que debimos emprender antes. Pero, mientras nos sumamos al coro de las apologías, no alcanzamos a calcular los límites de una conducta que apenas vive sus primeras horas.

A través de nuestra historia, los movimientos estudiantiles han provocado mudanzas de entidad cuando forman parte de una reacción que incumbe a otros sectores de la sociedad, cuando se juntan con los intereses de grupos de índole diversa o cuando sus protagonistas dejan de ser estudiantes. Los ímpetus juveniles pueden extraviarse en la carrera de los negocios públicos, no en balde debutan en un sendero intrincado para cuyo tránsito no bastan las ganas sobradas. La aspereza de la política convoca a unos viajantes más avisados. ¿Cuándo se adquiere la pericia gracias a la cual se sortean los valladares?

Más tarde, con el correr del tiempo, con el nacimiento de escamas en el pellejo, pero entonces los muchachos ya son otro fenómeno con relación a lo que eran en el calor de las instituciones educativas. Ya dejaron de estudiar y entraron a ganarse el pan sin el resguardo no pocas veces complaciente del alma mater. Sin embargo, la actualidad venezolana puede rechazar una reflexión de esta naturaleza sustentada en pensamientos sobre el pasado. Unos rasgos realmente diversos, si se comparan con otros anteriores, le dan una trascendencia insólita a lo que viene sucediendo.

La novedad relativa

Parece que fuera de las asambleas universitarias no existen influencias capaces de representar con propiedad al grueso de una ciudadanía que ha participado con intermitencia y no pocas veces con miedo y desgano frente a las conminaciones del régimen.

De la mengua de los partidos políticos no se puede esperar la aparición de una luz fulgurante. Las pasadas elecciones no produjeron liderazgos indiscutibles para la oposición, ni siquiera un imán capaz de atraer multitudes apreciables durante un plazo prudencial. La última década ha molido en su trapiche el prestigio de no pocas individualidades que llamaban la atención por sus ejecutorias personales.

Unos recursos cada vez más menguados impiden el establecimiento de organizaciones no gubernamentales, o simplemente planes para fundar banderías de nuevo cuño. En consecuencia, los estudiantes pasan a convertirse en fuerza primordial como no fueron en épocas anteriores.

No sólo por el oxígeno que brota de sus pulmones capaces de conmover una escena poblada por el desánimo, sino también por las carencias de quienes la habitan. Quizá unos cuantos puedan perfilarse ahora con legitimidad como pioneros de la épica juvenil, pero sólo unos pocos.

Un prólogo de experiencias democráticas igualmente le concede rasgos de excepcionalidad a lo sucesos. Sólo los estudiantes que insurgen contra la dictadura de Pérez Jiménez pueden mirarse en un espejo que los remite a una cohabitación ajustada a los preceptos republicanos y a los beneficios del civilismo.

Sin embargo, apenas pueden detenerse en el apretado ejemplo del trienio adeco, en los confines de los episodios que transcurren agobiados por los debates entre 1945 y 1948.

Los aprendices de la generación universitaria del 28 no tienen de qué palo agarrarse cuando ejercitan la memoria en la búsqueda de antecedentes para sus planes, pues desde la segunda mitad del siglo XIX ni un solo candil ha alumbrado los pasos del republicanismo liberal. Los bachilleres de la esquina de San Francisco que se burlan de Guzmán Blanco en un célebre acto cultural sucedido en 1885 y en el año siguiente a través de El Yunque, un combativo periódico de oposición, tampoco están en capacidad de recordar momentos cercanos de convivencia civilizada y pacífica.

Sólo en 2007 puede la juventud acudir a modelos próximos, sentir cómo hubo hace poco un abanico de alternativas de aprobación y negación del cual aprovecharon a su manera los padres y los abuelos.

La mayoría de quienes estudian hoy en la universidad se aclimataron en el seno del chavismo, en la caverna del autoritarismo, pero encuentran acicate en la transmisión de los episodios experimentados en la época de la democracia representativa. ¿No fueron la obra de sus mayores? Detrás de esos muchachos aguerridos y deslumbrantes está un trío de generaciones que disfrutaron o disputaron mieles democráticas, plataforma de la cual carecieron los antiguzmancistas o los antigomecistas y apenas escanciaron los antiperezjimenistas.

La novedad rotunda

Pero ninguna de las generaciones antecedentes contó con el soporte de la tecnología, con el auxilio del cosmopolitismo o con la influencia de los medios modernos de comunicación social. Los "yunqueros" soliviantados contra el Ilustre Americano improvisaban cuartetas en un contorno de evidente aldeanismo. Apenas los telegramas cifrados, los multígrafos rudimentarios y el despliegue de octavillas acompañaban a radio bemba en las luchas contra Juan Vicente y Marcos Evangelista. Ahora, en cambio, el uso de herramientas como el correo electrónico, los videos caseros, la multiplicación de imágenes y la telefonía móvil, ofrece alternativas de intercambio de ideas, organización de actividades y manejo de informaciones inimaginables en el pasado reciente.

Los estudiantes de la actualidad están en capacidad de preparar manifestaciones y renovar estrategias en un santiamén sin la vigilancia del establecimiento, o con una autonomía difícil de controlar. Una manifestación puede ser una cosa y al rato otra, una consigna puede mudarse en cuestión de segundos de acuerdo con los apremios, unas sorpresivas imágenes pueden mudar el entendimiento de una determinada realidad en términos contundentes, para poner en aprietos a quienes los vigilan y les temen. Como tales recursos no se limitan al espacio nacional debido a que también informan sobre sucesos del extranjero o pueden remitirse a ellos en medio de grandes facilidades, el panorama en el que pueden desenvolverse parece infinito. Para complemento, a nadie escapa cómo queda maniatado el régimen ante estas alternativas de creatividad que ha querido exorcizar sin fortuna a través de sus fatigados discursos contra la globalización.

La cercanía de los medios radioeléctricos debe incluirse en el catálogo de las ayudas inapreciables. Multiplica a los muchachos en su rol de protagonistas pero también en espectadores de lo que van haciendo, oportunidad de análisis y ventana de autocomplacencias susceptibles de orientar el movimiento hacia metas de sorprendente profundidad. Aunque también hacia el relumbrón del estrellato, un riesgo que no se sortea fácilmente cuando el origen de las protestas se relaciona con una planta televisora. La cercanía de cámaras y micrófonos puede ser peligrosa, así como la contigüidad de actrices y comediantes, no porque sean perniciosos ni triviales esencialmente sino porque pueden recortar las patas del movimiento.

¿Diferencia de metas?

Los "yunqueros" luchaban contra Guzmán y contra todo lo que representaba el liberalismo amarillo. Los animadores de la Semana del Estudiante querían al principio remozar el ambiente universitario, pero no vacilaron en debutar contra la tiranía en términos frontales. El propósito de los estudiantes de 1958 fue el derrocamiento de la dictadura militar. En cambio, los aparecidos de 2007 reducen su actividad al campo de la libertad de expresión, o de la libertad en general cuando se animan a mostrarse más atrevidos. Según propia confesión, de momento se niegan a navegar el mar proceloso que metió a sus antecesores en la historia. No quieren aproximarse a la política ni contaminarse en el trato con los políticos, un afán sanitario que seguramente aumente su popularidad ante los ojos de un pueblo descreído pero que puede desembocar en un infructuoso aislamiento. El presentarse como luchadores sin mácula ofrece un sugestivo trampolín, pero revela unas carencias sobre las cuales conviene el siguiente comentario de cierre.

Las luchas estudiantiles que han marcado a la sociedad contaron con una formación política previa o con una penetración en los predios políticos que sucede inmediatamente después del surgimiento de los fenómenos. De allí la consideración de los "yunqueros" como un oasis en el desierto de los hombres de presa. De allí el papel de arquitectos de la nación ejercido por los ventiocheros luego de la muerte de Gómez. De allí la importancia de los ucevistas convertidos en voceros de los partidos y en sus fundadores o sus apóstatas en los años sesentas del siglo pasado. La afición por los textos doctrinarios, el debate sobre posturas ideológicas y aún la expresión de interpretaciones de la realidad redactadas en el silencio de los gabinetes, conforman el testimonio de capítulos vitales para la evolución de la república.

Esa presencia no se advierte en las luchas madrugadoras del siglo XXI, lo cual es una peculiaridad elocuente pero también el anuncio de un vuelo sin mayores alientos.

Si a los muchachos de nuestros días les sobra el aire vivificador, si cuentan con espectadores cautivos y entusiastas, si exhíben neuronas que destacan por su diligencia, si están llamados al crecimiento hasta la estatura de los especímenes robustos, ¿por qué cortarse las alas en los albores de la gesta, cuando apenas se atisba la primavera?






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