Mercedes Sosa tenía razón

Por Venezuela Real - 4 de Junio, 2007, 15:43, Categoría: Política Nacional

Ibsen Martínez
TalCual
04 de junio de 2007

1.-
Las incesantes manifestaciones estudiantiles en protesta por la no renovación de la señal de RCTV, anunciada desde enero pasado, han traído una sorpresa mayúscula para todos, dentro y fuera Venezuela, incluidos el presidente Hugo Chávez y sus ministros. Y no ha sido precisamente la programación de Tves.

La sorpresa ha estado, más bien, en la aparición de un personaje colectivo, insospechado hasta el lunes 28 de mayo pasado, como parte del elenco opositor: los estudiantes universitarios, tanto de instituciones públicas como privadas.

Con esto no quiero decir que los estudiantes universitarios no hayan nunca alzado su voz ante muchas de las ya innúmeras arbitrariedades de la “revolución pacífica” que Chávez ofreciera tantas veces.

Sólo quiero poner de bulto el singular cariz que la irrupción de la masa universitaria aporta a la lucha opositora.

La más llamativa es el carácter espontáneo de la protesta. Ninguno de los casi dos centenares de jóvenes detenidos durante la semana pasada en Caracas, Valencia o Maracay, adscribe, al parecer, a ninguna organización política al uso. Sus líderes apenas comienzan a ser conocidos por la prensa y el público en general.

Otro elemento singular es que la salida del aire de un canal privado de tv haya sido el motivo de la protesta. Según la sabiduría convencional de la izquierda militarista que apoya la medida, los problemas de un consorcio comunicacional privado no deberían ser motivo de la contestataria reacción estudiantil.

Pero las consignas que vocean y las declaraciones que brindan a la prensa estos muchachos, no se refieren sólo a la arbitrariedad con que se ha actuado contra RCTV, sino también, y con mucho énfasis, al valor que los manifestantes otorgan a la libertad de expresión.

Anteriores amenazas del régimen chavista, aún vigentes, contra el sistema educativo en general no habían generado tan virulenta repulsa entre quienes serían sus primordiales afectados: los estudiantes.

En cambio, sí los ha movilizado el cierre de un medio de comunicación.

Burla burlando, muchos de estos jóvenes han dado en llamarse a sí mismos “la nueva generación del 28”, en alusión a los estudiantes que, en 1928, iniciaron las protestas contra el régimen dictatorial del general Juan Vicente Gómez.

Aquella generación dio a la vida pública venezolana los nombres más señalados de su vida democrática durante el siglo XX:
fundadores de los modernos partidos, y figuras importantes de la vida cultural y académica:
Rómulo Betancourt, Raúl Leoni (ambos presidentes de Venezuela), Jóvito Villalba, Gustavo Machado (fundador del Partido Comunista) y Miguel Otero Silva (escritor de izquierdas y fundador del influyente diario El Nacional), fueron sólo algunos de ellos.

La mención que hoy se hace del número 28 remite también a la fecha en que estos jóvenes nacieron a la vida política venezolana: el pasado lunes 28 de mayo, un día después de haberse cumplido la arbitraria medida.


2.-
Un tercer elemento acompaña esta irrupción y es la astucia desplegada en el curso de las escaramuzas con los cuerpos antimotines, caracterizadas por un patrón de agrupamiento, “sentadas” y voceo pacífico de consignas.

Frente a ellas, la policía de las alcaldías oficialistas y la Guardia Nacional han incurrido en excesos, justificados por los voceros de esos cuerpos con los presuntos ataques de que se han dicho objeto.

En muchos casos, bandas armadas de motorizados oficialistas han disparado a quemarropa contra las manifestaciones estudiantiles, sólo para que los muchachos, sin dejar de vocear sus consignas de no-violencia y reclamo del derecho a expresar cívicamente su protesta, se replieguen hábilmente ante las arremetidas policiales, se envíen vertiginosos mensajes de texto y se reagrupen para acometer jubilosas contramarchas forzadas que les permiten reaparecer en los lugares más remotos e inaccesibles de la ciudad, obligando a la policía, a la Guardia Nacional (y a los motorizados bolivarianos) a constantes desplazamientos vehiculares por entre el tráfico automotor más endemoniado del continente. Los excesos y las agresiones han sido registrados fehacientemente por innumerables “video-reporteros” aficionados.

La estimulante reacción de la mayoría estudiantil venezolana, imbuida de un claro espíritu civilista y pacífico, ocurre apenas días después de que, en uno de sus actos en recinto cerrado –el temor al magnicidio ha alejado a Chávez de las plazas abiertas donde su oratoria cosechó otrora tantos votos–, el Presidente ilustró a un contingente de jóvenes inscritos en su novísimo Partido Socialista Unido, nada menos que sobre la autonomía universitaria, pintándola como una añagaza “oligarca” concebida para perpetuar una educación “elitesca”.

La paradoja está en que la defensa de la autonomía universitaria ha sido, históricamente, una de las más señaladas banderas de la izquierda latinoamericana. Y el hecho subyacente es que, en casi 9 años de gobierno, y aun contando con ingentes recursos económicos, las mesnadas de Chávez no han podido ganar una sola elección rectoral ni de directorio estudiantil en ninguna universidad autónoma pública.

Con el paso dado contra RCTV –no sólo arbitrario e ilegal, sino sobre todo imputable por completo a la voluntad personal del Máximo Líder–, el chacumbelismo del gobierno no ha logrado sino “calentar” la calle cuando más necesitaba de un clima de normalidad ciudadana, así fuese falaz y socarrón, para promover la reforma constitucional y el referéndum con que busca darle a Venezuela un régimen socialista de partido único.

No solamente no han logrado convocar suficientes cuadros para el aparato partidista electoral que, con dineros del Estado y desde el poder, debería permitirles arrollar en el referéndum que sancionaría dichos cambios:
ahora el ceñudo comandante tiene frente a sí al adversario más simpático y carismático del mundo, ese que exalta en su letra la canción de Mercedes Sosa: los estudiantes, “jardín de nuestra alegría / son aves que no se asustan de animal ni policía / y no le asustan las balas ni el ladrar de la jauría”.

Un cuadro que ya comienza a quitarle “originalidad” y “frescura” a la revolución bolivariana para asemejarla, cada vez más, a una dictadura militar latinoamericana a secas y de viejo cuño.

Hasta el Partido Socialista Francés ha comenzado a darse cuenta.





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